Gracias al interés del público, algunos exhibidores y las plataformas de streaming, las películas mexicanas están tardando un poco menos para llegar a nuestras pantallas. Lo que es más difícil de ver es el cine latinoamericano y con él las películas brasileñas. Por suerte, el año pasado se exhibió Aún estoy aquí de Walter Salles, en el FICG 40 se estrenó O último azul de Gabriel Mascaro y por ser nominada al premio Óscar en un par de semanas se estrenará “El agente secreto” de Kleber Mendonça Filho. La comentaré en cuanto la hayamos podido ver pero hoy quiero dedicar mi columna a una película de Gabriel Mascaro, realizador de una nueva generación de directores del cine brasileño. Mascaro llegó a Guadalajara en distintas ediciones del FICG con “Boi Neon” (2015), “Divino amor” (2019) y “O último azul” (2025). Los tres filmes impactaron al público y los jurados y “El último azul” (“O ultimo azul”), que había ganado en la sección de ficción iberoamericana en junio del 2025, regresó a la Cineteca hace unos días. Ojalá estuviera una temporada más larga, ya que, sin duda, fue una de las películas más emocionantes del 2025.
“El último azul” (“O ultimo azul”) gira alrededor de una mujer brasileña de 77 años que es obligada a dejar su trabajo y retirarse a una colonia para personas de la tercera edad. Bueno, eso es el plan del gobierno que, de manera autoritaria, “cuida” el bienestar de las personas mayores al ponerlas bajo la tutela de sus hijos y encerrarlos en una colonia apartada. “El futuro nos pertenece a todos”, dice la leyenda en un banner que, jalado por una avioneta, pasa por encima de las casas, calles y brazos del río cercano. Tereza (Denise Weinberg) quien a pesar de su edad y canas, sigue profesionalmente activa y vive sola, recibe la visita de dos empleados del gobierno. Los burócratas la felicitan, decoran la puerta de su humilde casa con una corona de laureles, le entregan una medalla de agradecimiento.También le anuncian que llegó a la edad para retirarse, que tendrá que dejar su trabajo y será llevada a la colonia de los ciudadanos de la tercera edad para vivir sus últimos años felices y en paz. Tereza no necesita ni paz ni cuidados y, liberada de su rutina de trabajo, decide realizar un deseo que ha perseguido por muchos años: Subir a un avión y volar a lugares que siempre quiso conocer. En la agencia de viajes, sin embargo, su sueño se desvanece ya que su hija que tiene su tutela, le niega el permiso de viajar. Tereza decide tomar el camino de la rebeldía y alejarse de todo y todos. Por uno de los barcos que transitan por los brazos del río Amazonas se lanza a la aventura por las aguas y la selva, conoce a personajes y vidas alternas y descubre no sólo maneras de vivir diferentes sino también un país y una región limítrofe dónde se concentran casinos de apuestas y luchas de peces, el fanatismo religioso, la magia de antiguas ruinas, “el viaje” provocado por la baba azul de un caracol y los espacios de libertad que no conocía.
Lo verdaderamente impactante del filme es la manera cómo nos introduce a una región de Brasil donde la belleza enigmática de la selva y los negocios turbios marcan el día a día de la población. Para Tereza – y el espectador - el viaje resulta liberador ya que el ritmo del agua, los extraños peces luchadores y la convivencia de personajes al margen de la sociedad, le cambian y enriquecen la vida. La estética visual creada por el cinefotógrafo mexicano Guillermo Garza, el montaje del también mexicano Omar Guzmán y el chileno Sebastián Sepúlveda, la actuación de Denise Weinberg como Tereza y, desde luego, el guión y la dirección de Gabriel Mascaro convierten el filme en una experiencia de cine brasileño inolvidable.