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"Soy un hombre a quien la suerte

hirió con zarpa de fiera

soy un novio de la muerte

que va a unirse en lazo fuerte

con tal leal compañía...".

"El novio de la muerte"

Fidel Prado Duque.

Cada Jueves Santo veo a la Legión Española que traslada al Cristo de Mena, de la iglesia de Santo Domingo, por Málaga, mientras los militares del Tercio de Extranjeros con una desusual solemnidad marchan y cantan por las calles y me sigo emocionando, como me sucedió cuando presencié la Procesión del Silencio en San Luis Potosí o en la entrañable Zacatecas.

Sé que es un poco espectáculo, otro tanto turismo religioso, que tiene un toque de morbo, de pasión religiosa... al ver la Procesión en Taxco, creo que se va más allá y cuando asisto a nuevas Procesiones del Silencio, como la Viesca, mis dudas crecen... y quizá desaparecen cuando escucho a las cardencheras de Viesca, otro recurso novedoso en el panorama musical de Coahuila.

No hay nada cien por ciento puro, el folklore es producto de mestizajes, novedades (hoy mediáticas) que pasan rápidamente a ser costumbres que atraen multitudes, como pasa en Iztapalapa, CdMx que con el apoyo de la tv se convirtió en LA PASIÓN.

Regreso al punto de partida de la mayoría de estas procesiones, pasiones de Jesús, el humilde carpintero de Nazareth: la FE.

Y como suele suceder en la historia de los folklores, hay puntos, detalles en medio de leyendas urbanas y rurales... en el caso de "El novio de la muerte" con música de Juan Costa Casal, se partió de la vida de Baltazar Queija de la Vega, primer legionario muerto en combate y el origen del canto al Cristo de Mena en los años cuarenta, partió del momento en que los legionarios regresaron en 1938 de la guerra del Rif, en el norte de África y pidieron a los sacerdotes de Santo Domingo, en Málaga, que el Cristo de Mena, una talla en madera del siglo XVII, atribuida a Pedro de Mena, incendiada en 1931, durante la República y vuelta a esculpir por Francisco Palma Burgos, fuera su protector.

Por eso le montan guardia desde el Domingo de Ramos hasta el miércoles Santo y le pasean en procesión el Jueves de Semana Mayor.

La pasión caracteriza a la Semana Santa de Andalucía, mientras que en Castilla y Aragón los días santos se viven con sobriedad. 

La mezcla será lo que he vivido varias veces en Guanajuato capital, sobre todo en los recorridos de las Cofradías de San Roque y de La Compañía que pasan por calles y callejones de la capital durante horas llenas de pasión y sobriedad al mismo tiempo.

Y también me ha tocado ver la procesión por las Estaciones en el Cristo de las Noas, con la Fe de varios orígenes iberoamericanos, todo un evento religioso, turístico y social, sobre todo, popular, a partir de la ya costumbre de más de 50 años, iniciada y mantenida por vecinos de la colonia Jacobo Meyer, apoyados por la Diócesis y el Ayuntamiento de Torreón, que representan los momentos más importantes de la Semana Mayor.

También se que se representaron muchos Vía Crucis más en La Laguna, por ejemplo, en la colonia Martínez Adame, en esta ciudad, las inmediaciones del Cerro de La Pila, en Gómez Palacio y la colonia Jardín, en Ciudad Lerdo.

En unas horas más me acercaré al barrio de trincheras para ver como queman a Judas Izcariote.

Pasión, reunión familiar, turismo religioso, asueto, fe...la Semana Mayor es muchas cosas al mismo tiempo, hay quienes viven los Días Santos con devoción, otros no tienen idea concreta de lo que se recuerda y a otros solo les interesan las reuniones sociales. 

Hay de todo en la viña del Señor.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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