El problema se repite cada semana al sur-oriente de la capital, se trata del agua, ese recurso que llega a cuentagotas y solo los lunes, específicamente en La Calera, zona que comprende fraccionamientos y colonias populares que comparten una problemática: jamás pueden ver sus tinacos y cisternas llenas.
La zona es, literalmente, el punto más alto del suministro, pues mientras el agua llega por gravedad a las áreas bajas de la ciudad, aquí el sistema depende del bombeo y presión del Acuaférico. Cualquier falla eléctrica o mantenimiento mínimo a la red deja a las colonias secas por días, son los últimos en recuperar presión.
El desabasto en el sur-oriente de Puebla no distingue entre colonias populares y fraccionamientos; históricamente, el tandeo es de los más castigados por lo que la gente está sufriendo la carestía desde distintas aristas: no hay agua para bañarse, lavar trastes o cocinar.
Apenas hace unos días, Agua de Puebla informó del corte temporal en más de 50 colonias por mantenimiento preventivo al Acuaférico, situación que los ciudadanos comprenden, pero lo que les molesta es que al concluir la obra no se restituyó el recurso; literalmente, se están secando y no ven una solución.
La realidad es cruda: el propio Soapap reconoce que la zona metropolitana pierde 41 por ciento del agua en fugas y aguachicoleo. Es decir, casi la mitad del esfuerzo hídrico se diluye en tomas clandestinas o tuberías rotas antes de subir los cerros de La Calera.
A este panorama se suma la bomba de tiempo burocrática que presentamos en MILENIO: 85.5 por ciento del suministro está en riesgo porque Conagua no ha renovado el título de concesión, clave que permite extraer 97.2 millones de metros cúbicos anuales.
Estamos ante una crisis estructural, mientras la gente solo recibe aire en las tuberías, el organismo operador arrastra deudas por más de 2 mil millones de pesos y no destraba los trámites.
No se trata de buscar culpables, sino de exigir empatía. Es urgente destrabar la inversión técnica y los permisos federales para que el agua deje de ser un privilegio de las zonas bajas. Porque al final del día, detrás de cada cisterna vacía hay familias cuya dignidad se está drenando.
El agua, como la justicia, debe alcanzar a todos por igual.