Cuando la academia poblana rompe fronteras, el impacto vibra con fuerza en las aulas locales. La reciente distinción a una de las investigadoras de la BUAP más reconocidas y queridas, Diana Isabel Hernández Juárez, con un Doctorado Honoris Causa y la Orden Dorada Magisterial en Buenos Aires, Argentina, no es sólo un reconocimiento a sus 33 años de labor docente ininterrumpida, sino la ratificación del peso que los trabajos producidos en la BUAP tienen en Iberoamérica.
El reconocimiento, otorgado por la Organización Internacional para la Inclusión y Calidad Educativa, puso a la catedrática de la Facultad de Filosofía y Letras a la cabeza de un selecto grupo de docentes internacionales, tan es así que fue elegida para pronunciar el discurso principal durante la ceremonia.
La especialista en literatura de mujeres y perspectiva de género refrendó el valor de la enseñanza. Citando a Sor Juana Inés de la Cruz dejó en claro que la vocación por la enseñanza radica en el aprendizaje colaborativo.
Frente a los asistentes a la ceremonia de grado, en la capital argentina, la investigadora reconoció a la BUAP como un entorno de respeto e impulso para el desarrollo de las mujeres, resaltando el liderazgo de la rectora Lilia Cedillo como fuente de inspiración para docentes y estudiantes.
Galardones de este calibre confirman que el pensamiento crítico gestado en Puebla continúa abriendo brechas de excelencia en toda América Latina; sin embargo aún hay mucho camino que andar, y la catedrática lo sabe, por eso es difícil verla darse un respiro, y es que si no está preparando un artículo, está formando nuevas generaciones pensantes.
La reciente gira académica de Diana incluyó también una destacada participación en Arequipa, Perú, donde difundió la obra de Elena Garro e impulsó publicaciones especializadas dedicadas al ámbito cultural de Puebla. Desde el rescate de escritoras invisibilizadas por el canon tradicional hasta la dirección del colectivo Elenistas Puebla, donde junto a un gran equipo ha consolidado una relevante trayectoria que entrelaza el rigor con el compromiso social.
Según lo veo, si existe un más allá, Elena Garro debe estar orgullosa de su paisana.