Puebla tiene un rostro luminoso que nos encanta presumir: su historia, cultura y gastronomía. Sin embargo, una cifra dura nos devuelve a una realidad dolorosa: somos el cuarto lugar nacional en embarazos infantiles y adolescentes.
De acuerdo con el Inegi, más de 6 mil niñas y jóvenes de entre 10 y 17 años se convirtieron en madres en 2024. Es doloroso porque detrás de cada acta de nacimiento se esconden historias de deserción escolar, proyectos truncados y omisiones institucionales sistemáticas.
Este escenario refleja tres carencias en Puebla y gran parte de México: una educación sexual deficiente, un machismo que dicta el comportamiento social y la vergonzosa falta de métodos anticonceptivos en comunidades rurales. En nuestras serranías, el preservativo sigue siendo un mito, mientras que el abuso y la desigualdad de poder se amparan en el silencio.
Esta falta de autonomía sobre el propio cuerpo es el caldo de cultivo para la violencia familiar, delito ampliamente denunciado en el estado. No es coincidencia que la Coparmex, encabezada por Beatriz Camacho, señale que el año pasado se emitieron más de 4 mil 600 medidas de protección. El dato más crudo de la Secretaría de Salud federal indica que, en 2025, 9 de cada 10 víctimas de dicho crimen son mujeres. Estamos ante un ciclo de violencia que rara vez se judicializa con éxito, dejando a la víctima a merced de su agresor en una estructura diseñada para castigar y no para prevenir.
En este contexto, el llamado a “construir la paz” del arzobispo Víctor Sánchez Espinsoa resulta oportuno, pero incompleto. La paz social no se construye solo desde el púlpito, sino con justicia y honestidad.
Mientras la educación sexual siga siendo un tabú, se contribuye indirectamente a la realidad que hoy lamentamos. No se puede pedir paz en el hogar sin educar para el respeto y la autonomía. La paz no es solo la ausencia de conflicto, es la presencia de derechos.
Mientras no rompamos el tabú desde todas las instituciones, las niñas seguirán cargando en sus brazos el peso de nuestra incapacidad para protegerlas.