“Con la sentencia firmada
fue la Muerte por Taddei,
y Morena, acorralada,
se hizo, como siempre, güey.
“¿No votaron sus bancadas?
“¡Fue la tómbola, señora!
La Flaca, a carcajadas:
¡Vaya tómbola traidora!
“¿Quién la sentó en la silla?
¿Quién le cedió el poder?
Todos miraron al techo,
nadie quiso responder.
“¿Por qué la niegan ahora?
¿y por qué la confusión?
“Ya vienen las elecciones,
quien estorba, al paredón.
“Qué breve es la gratitud
del poder y su fortuna:
la ensalzan como a ninguna,
la entierran sin ataúd.
“¿En qué fosa yace la honra?
¿En cuál tumba está el pudor?
¿Quién convirtió la vergüenza
en un trámite menor?
Sin árbitro ¿qué confianza?
Sin confianza ¿qué elección?
Perdida la regla, manda
la fuerza, no la razón.
“No asusta tanto el engaño
ni la trampa ocasional.
Asusta verlo normal
y aplaudir como rebaño.
“Al mirar tantos sepulcros,
la Huesuda se cimbró:
Yo vine buscando un muerto,
¿y a quién todos enterró?
“Nadie dijo una palabra
ni asumió la destrucción.
Se lavaron bien las manos
culpando a la oposición.
Siempre es culpa del pasado,
de algún complot extranjero,
de la prensa, de los otros
y hasta del sepulturero.
“Y en este Día de Muertos,
al contemplar tanta ruina,
la muerte miró a Palacio
con una sonrisa fina:
“Yo no tengo mañanera
ni otros datos que mostrar:
cuando yo mato, yo firmo.
Ustedes a maquillar”.