Política

La peor inauguración

Pésima, ignorante, mediocre, grotesca. Así fue la ceremonia de inauguración de este Mundial sin nombre que tuvimos el 11 de junio en el Estadio Ciudad de México.

Se me cae la cara de vergüenza como mexicano. Y lo que más pena me da es que no veo las críticas por ningún lado.

¡Nos vendimos a la FIFA! ¡Le entregamos México a una entidad extranjera que lo único que ha estado haciendo desde antes de que comenzara esto es burlarse de nosotros, explotarnos, utilizarnos!

Algún día los libros de historia del futuro hablarán de este episodio como hoy hablamos de “La noche victoriosa”.

Con la diferencia de que aquí no habrá revisionismo histórico. Con la diferencia de que aquí las mexicanas y los mexicanos fuimos las y los que perdimos, las y los que se dejaron conquistar.

La inauguración de un evento como un Mundial de Futbol no es un espectáculo comercial de medio tiempo de algo como un Super Bowl.

Es un evento cultural. Es un evento que le dice al mundo quiénes somos.

Con todo respeto para nuestras hermanas y hermanos de Nigeria, Venezuela, Colombia y otras naciones, nosotros no necesitamos que sus estrellas vengan a representarnos.

Nosotros tenemos nuestras propias estrellas. ¡Muchas! No necesitamos a Burna Boy, a Danny Ocean, a J Balvin, a Shakira ni a ninguna ni a ninguno de los demás.

Nosotros no necesitamos esos ritmos. Tenemos mariachi, banda, marimba, chilenas, música norteña, huapangos, boleros, son jarocho, trova yucateca y una cantidad inagotable de manifestaciones. ¡Somos potencia mundial musical!

¿Por qué nadie se paró en el estadio a interrumpir aquello y cantar “Cielito lindo”? ¿Por qué nadie se horrorizó ante lo que estaba sucediendo ahí y se puso a cantar “El rey”? ¿Por qué nadie hizo nada? ¿No que “me dueles, México”?

Si México le doliera a toda esa gente que se luce en medios y en redes sociales envolviéndose en falsas banderas nacionalistas, ya tendríamos millones de quejas por haber omitido algo tan sagrado como nuestro juego de pelota.

¡Nosotros tuvimos futbol antes de que se inventara el futbol! ¡Está en nuestras zonas arqueológicas! ¡Lo sabemos! ¡Lo debimos haber visto en esa ceremonia! ¡Y nadie dijo nada!

¡Somos unos agachados! Nos quejamos de los ajolotes de Clara Brugada pero celebramos que vengan y nos impongan unos monstruos extranjeros famosos por despertar mil y un controversias como los labubus.

Despotricamos porque nos pintan de colores las calles de la Ciudad de México pero aplaudimos que la FIFA venga y pinte de colores nuestros venerables trajes de charro.

Se nos llena la boca haciéndonos los muy comprometidos con las más profundas causas sociales, pero cuando le faltan al respeto a nuestras mujeres poniéndolas a enseñar sus calzones rojos como parte de esa ceremonia, se nos hace chistoso.

¿Así o más claro que las redes sociales, los algoritmos y los intereses de unos cuantos ya acabaron con nuestra conciencia crítica?

Lo que sucedió el 11 de junio en el Estadio Ciudad de México fue imperdonable. Fue la apropiación cultural en su máxima expresión.

¿Y dónde están las demandas? ¿Y dónde están las quejas? En ningún lado porque la FIFA manda. Estamos en sus manos.

Como le he publicado aquí desde el jueves: “A la FIFA: lo que quiera, donde quiera y cuando quiera”.

Esta gente agarró los diseños de nuestras artesanas, de nuestros artesanos y los violó.

Nuestros danzantes prehispánicos jamás utilizaron penachos verde, blanco y rojo porque la bandera que conocemos ahora vino después. Y cuando se mueven, siguen otro esquema. Sus movimientos tienen una razón.

Nuestros vestidos típicos no llevan capucha ni se usan con tenis. Algo pasa con las artesanas y los artesanos de México, especialmente con el gremio huarachero, que cada vez las humillan y los humillan más en el contexto global.

Nuestros charros y nuestros pachucos no se visten como integrantes del grupo Parchís. Fueron ridiculizados al extremo. ¡Terrible! ¡Patético! ¡Monstruoso!

Nuestras chicas de barrio no se ponen blusas retacadas de cristales importados para ir a ver a Los Ángeles Azules.

Bad Bunny ofreció un gran espectáculo social en el Super Bowl de este año. Cada imagen tenía un significado vinculado a algo serio.

¿Cuál fue el significado serio, vinculado a la realidad mexicana, del coche dorado que sacó J Balvin en esa inauguración? ¿Que nos entregamos al oro del Mundial?

¿Qué tienen que ver los uniformes de las porristas de Estados Unidos con el futbol soccer? ¿Haber disfrazado así a Shakira no mandó un mensaje particularmente negativo para el soccer frente al futbol americano?

Maná es lo máximo, pero suponer que una de sus canciones más viejas es uno de nuestros máximos himnos nacionales es tener enormes problemas de desinformación.

¿Ahora entiende cuando le digo que la ceremonia de inauguración de este Mundial sin nombre fue algo pésimo, ignorante, mediocre y grotesco?

Amo a mi selección. Amo a mi país. Pero haber permitido esto habla muy mal de nosotras y de nosotros. Y le abre la puerta a cosas peores. ¡No se vale! ¿O usted qué opina?


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Álvaro Cueva
  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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