Política

Cada quien su Ayotzinapa

Vamos a decirnos la verdad: ¿usted cree que algún día se resuelva el caso de los normalistas de Ayotzinapa? ¿Usted piensa que en algún momento se les hará justicia?

¿Quién debe ir a la cárcel para que esto suceda? ¿Cuántos años son suficientes para compensar esta historia de terror? ¿Cuál castigo sería el ideal, el ejemplar, el que conseguiría aplacar a la nación?

¿Sabe cuál? Ninguno. Y no, no es porque esta tragedia equivalga a todas las que se han dado en México desde los tiempos de la Revolución porque, le aclaro, esto no empezó en 1968, es legendario, eterno.

Aquí jamás vamos a llegar a ningún lado porque hoy, a diferencia de lo que pasaba en 1926, 1958 y 1994, vivimos en la era del espectáculo y las reglas son otras.

Hoy nadie tiene la razón, solo usted. Y si usted cree que el mismísimo Presidente de la República mandó matar a los normalistas, así es.

Igual, si usted cree que esos muchachos merecían morir porque eran comunistoides o porque simple y sencillamente le caían mal. ¡Perfecto!

No hay ningún problema. ¡Qué bueno que los mataron! Ojalá que los hubieran matado más feo porque así usted se sentiría más contento.

Lo mismo aplica para los políticos, las empresas y los medios.

Si los miembros de un partido suponen que la culpa de esta masacre es de sus enemigos, nada ni nadie los puede contradecir. Están en lo correcto.

Si los consorcios que nutren de cierta clase de productos y servicios al estado de Guerrero afirman que esos muchachos atentaban contra sus intereses, así es.

Y si a algún periodista se le ocurre detenerse en detalles como los cortes de cabello, la sospechosa comunicación no verbal de los padres de la víctimas o en grupos como Guerreros Unidos, ahí está la clave de todo. ¡De todo!

En la era del espectáculo la realidad se sirve a la carta y Ayotzinapa 2014 ni siquiera es el plato fuerte.

Úselo para divertirse, para desahogarse, para distraerse, para dárselas de muy politizado, para sentirse parte de algo, para darle sentido a su vida.

Úselo como usaría un partido de futbol, una película, un concierto, una serie, un videojuego, una telenovela, un reality show, una pelea de box, un libro, un talk show o un desfile de modas.

Así de bajo hemos caído como individuos, como país y como humanidad total, global.

Todo es ego, vanidad, narcisismo. Y así como hoy nos unimos y nos separamos por Ayotzinapa, mañana lo haremos por lo primero que se nos ocurra, desde el video de la ardilla rapera que sale en los comerciales hasta las elecciones de 2018.

Obviamente todo esto que le estoy diciendo no me da nada de gusto, pero se lo tenía que decir porque en esta guerra de imposiciones personales están las claves de nuestro fracaso.

Porque, no nos hagamos tontos, estamos hundidos en el peor de los fracasos éticos, morales, económicos, políticos, religiosos, culturales y hasta sentimentales de todos los tiempos.

Y es así porque hemos dejado de pensar y de sentir en el otro. Ahora todo es yo, lo que yo quiera, como yo quiera, cuando yo quiera y donde yo quiera.

Como si la vida fuera un café de Starbucks, un muro de Facebook o una serie de Netflix y, con la pena, así no funciona.

Le juro por Dios que estoy muy asustado porque si de algo sé, es de espectáculos y porque entiendo perfectamente bien en lo que va a acabar esta era.

Mientras no dejemos de pensar en nosotros mismos, jamás volveremos a conocer la verdad, la justicia, el amor y la paz. ¡Jamás! ¿O usted qué opina?


¡atrévase a opinar! alvarocueva@milenio.com

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Álvaro Cueva
  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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