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Sábado , 23.02.2019 / 22:59 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

"Masterchef México" y Omar Chaparro

Álvaro Cueva

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Qué cosa tan más emocionante, exitosa y positiva, el final de la más reciente temporada de MasterChef México que se transmitió la noche del domingo pasado por Azteca Uno.

Fue un desenlace perfecto, porque no solo ganó un cocinero que merecía el éxito. Fue perfecto por la manera como fluyó, por la estrategia que siguió su productor para narrarnos este evento, por el trabajo de los jueces y por el invitado especial.

No quisiera dar muchos detalles, porque independientemente de que toda la información ya fue y vino por las redes sociales, todavía falta la transmisión de este mismo capítulo por el canal de paga Discovery Home & Health, y se me haría una falta de respeto para sus televidentes.

Pero estamos ante algo verdaderamente notable, justo, bien hecho y divertido que cumple con el objetivo más grande de los reality shows: cambiarle la vida a alguien.

¿Qué es lo importante aquí? Que una vez más el formato de MasterChef México unió a las familias mexicanas, que en esta ocasión tuvimos un proyecto tan, tan, pero tan sólido que en lugar de acabar antes de Navidad pasó por encima de los festejos decembrinos y pudo durar sin problemas hasta febrero.

Y algo que casi nadie menciona y que se me hace fundamental: que en esta edición se hizo un trabajo transmedia precioso con contenidos que nutrieron otras pantallas, otras plataformas.

¡Bravo, MasterChef México! ¡Bravo! ¡Bravísimo!



Pastelazo

Triste, Nailed it, Mexico!, el más reciente lanzamiento de Netflix, es un proyecto triste.

¿Por qué? No nos hagamos tontos, porque esto no se hizo en México. Se nota a leguas que se grabó en Estados Unidos, por gente que no es mexicana, haciendo todo lo humanamente posible por atender tanto a las audiencias de aquel país como a las de éste.

Resultado: una cosa patética donde el conductor está obligado a recitar unos textos que no encajan culturalmente con lo que somos y donde las dinámicas no nos dicen nada ni a los televidentes de allá ni a los de acá.

Se lo voy a decir con todas sus letras: Netflix ya está cometiendo los mismos errores de Televisa.

En ese penoso afán por abaratar costos y extender sus utilidades al mismo tiempo en México y Estados Unidos, acaba de crear un híbrido que no satisface las necesidades de información y entretenimiento ni de los mexicanos ni de los latinos.

Y qué pena, porque el formato de Nailed it! es fabuloso. Y qué pena, porque se trata de la primera vez que nuestro queridísimo paisano Omar Chaparro hace algo para ese importante sistema de distribución de contenidos en línea.

En el remoto caso de que usted no lo sepa, Nailed it, México! es la versión para nuestro país de una famosa franquicia internacional donde vemos a tres personas, que son pésimas para hornear, luchando por imitar las recetas y las decoraciones de los pasteles más sofisticados que usted tenga en mente.

¿Cuál es la nota? Primero, que no todo lo que brilla en Netflix es oro y, segundo, que estos señores siguen apostando por crear contenidos más variados. No solo series.


alvaro.cueva@milenio.com





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