El Foro Económico Mundial 2026, que se realizó la semana pasada en Davos, Suiza, fue escenario de un debate crucial sobre cómo reconfigurar la economía global en un complejo contexto de fragmentación geopolítica, crisis climática y profunda desigualdad social.
La presencia de México en este foro de relevancia internacional se concretó a partir de una colaboración efectiva entre el gobierno y el sector empresarial. Por parte del sector público, la Semarnat representó al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, mientras que, desde el ámbito privado, la coordinación del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional y Relocalización acompañó y promovió nuestra agenda estratégica.
De manera conjunta, participamos para llevar la voz y la escucha de nuestro país, no como simple espectador ni como mero receptor de tendencias, sino como una nación seria, confiable y con rumbo; capaz de proponer, articular y liderar, alineando política pública, inversión y desarrollo desde una visión humanista.
Las conversaciones orientadas al futuro que nos depara como humanidad se centraron en cinco preguntas clave: ¿cómo podemos cooperar en un mundo más cuestionado? ¿Cómo podemos acceder a nuevas fuentes de crecimiento? ¿Cómo podemos invertir mejor en las personas? ¿Cómo podemos implantar las innovaciones a gran escala y de manera responsable? ¿Cómo podemos crear prosperidad sin superar los límites planetarios?
Frente a modelos que durante décadas privilegiaron el crecimiento económico desconectado del bienestar humano y del equilibrio ambiental, nuestro país ha planteado una alternativa clara: el modelo mexicano con justicia social y ambiental. Un cambio de paradigma en el que el desarrollo económico va de la mano con la reducción de las desigualdades, la prosperidad compartida, la restauración ambiental, la conservación ecosistémica, la transición energética y la economía circular.
El Plan México es la expresión concreta de esta noción. Como lo define, no se trata solo de atraer inversiones, sino de orientarlas estratégicamente hacia sectores que fortalezcan las capacidades productivas nacionales, generen empleos dignos, impulsen la innovación tecnológica, fomenten procesos de producción y consumo más responsables y respeten los límites de la naturaleza que, bajo ninguna circunstancia, son negociables.
A un año de haberse lanzado este plan, presentamos un proyecto de país que entiende que la competitividad del siglo XXI se afianza con inclusión y sostenibilidad. En un foro donde a menudo dominan las visiones tecnocráticas, pusimos sobre la mesa la perspectiva humanista que ha trazado la presidenta Sheinbaum para su gobierno: la economía debe estar al servicio de las personas y del planeta. Siguiendo estas guías, los Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar (Podcobis) y los Polos de Desarrollo de Economía Circular para el Bienestar (Podecibis) representan proyectos tangibles de este nuevo modelo de desarrollo. Han sido muy bien recibidos entre inversionistas en Davos, al anclarse en la voluntad del gobierno de la presidenta Sheinbaum de impulsar políticas industriales orientadas no solo al crecimiento, sino también a fomentar la prosperidad compartida.
En paneles y reuniones temáticas, así como en diálogos bilaterales con líderes empresariales del más alto nivel, representantes de organismos internacionales y contrapartes gubernamentales, nuestros intercambios se desarrollaron con base en la claridad estratégica que marcan las 13 metas del Plan México. Es en esa hoja de ruta donde se reafirma que México está abierto al mundo, con una carta de navegación nacional clara que no solo impulsa el crecimiento y la atracción de inversiones, sino que define con precisión el país que aspiramos a construir en este nuevo orden internacional.
Uno de estos fructíferos encuentros fue con Marcus Wallenberg, presidente de la Junta Directiva de SEB, uno de los cuatro bancos más grandes de Suecia. Con él conversamos sobre la Conferencia de CEO Nórdicos que planean llevar a cabo del 8 al 10 de marzo en Ciudad de México. Ésta reunirá a una delegación de aproximadamente 100 líderes empresariales de las corporaciones más importantes de Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia, convirtiéndose en la misión ejecutiva nórdica más grande que haya visitado territorio mexicano.
Asimismo, nuestra agenda en Davos estuvo marcada por varias reuniones de alto nivel con directores y directores ejecutivos de empresas líderes de muy diversa índole, que abarcan sectores como la electromovilidad, la agroalimentación, la industria farmacéutica, la economía circular, la energía, la tecnología e inteligencia artificial, entre otros. En todos los casos, constatamos un marcado interés por el Plan México como marco orientador de las decisiones de inversión y cooperación, al ofrecer certidumbre, visión de largo plazo y una articulación clara entre desarrollo económico, bienestar social y sostenibilidad ambiental . Esta diversidad de interlocutores, así como la densidad y sustancia de los intercambios, reflejan el atractivo de nuestro país en estos circuitos empresariales.
Hoy nuestro país no solo participa en Davos: marca posición. Lo hace como una nación que reafirma su compromiso con el multilateralismo y que cree firmemente en el poder del diálogo y de la cooperación internacional, pero que también reivindica su derecho a construir un modelo propio e innovador de desarrollo, con más ética y más responsabilidad.
En un mundo en transformación, la visión de la presidenta Sheinbaum coloca a México como un actor relevante del escenario global: confiable, atractivo para la inversión y, sobre todo, comprometido con la construcción de un futuro más justo y sostenible para todos y todos.
Alicia Bárcena Ibarra, secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales
Altagracia Gómez Sierra, coordinadora del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional y Relocalización