Ante la coyuntura relacionada a la reforma electoral, hay una propuesta que pongo en la mesa, ¿qué pasaría si en vez de que fueran los periodos de gubernatura de 6 años, fueran de 4 años, con la posibilidad de una sola reelección?.
Si miramos los ejercicios de revocación de mandato, éstos se dan a la mitad del periodo de 6 años, pero su implementación nos lleva prácticamente al cuarto año, por lo que sería viable reducir los periodos de 6 a 4 años, que pudiera extenderse a 8, siempre y cuando así lo decida la ciudadanía, recordando que toda confección electoral debe garantizar la renovación constante y periódica de los cargos públicos.
Previo a la inminente reforma electoral, hubo dos entidades que abrieron su proceso de revocación de mandato: el caso de Hidalgo, donde no se lograron las firmas para solicitar este mecanismo, y Oaxaca, con el interés del propio ejecutivo local, los resultados no fueron los que esperaría.
Dos situaciones diferentes. Primero, en Hidalgo el proceso inició el 5 de septiembre, sin embargo, no se alcanzaron las firmas necesarias por los promoventes, siendo un requisito indispensable. La lectura puede ser la aprobación al Ejecutivo o la desafección por este proceso, ya sea por desinterés o por la falta de trabajo territorial, u organización de quienes lo impulsaron.
Por otro lado, está el caso de Oaxaca donde se buscó implementar la revocación prácticamente de manera acelerada, promovida e impulsada por el Ejecutivo de esa entidad. Claramente el resultado no fue el esperado: por la revocación: 38.16%; por la continuidad de la gubernatura: 58.8% y nulos: 3.01%. y lo relevante fue la alta participación de 29.9% lo que, si bien no lo hace vinculante, si cuenta y reviste de legitimidad.
Muy distante de la única referencia inmediata, que sería el proceso de revocación de mandato de la presidencia de la República en 2022, cuyos resultados fue de 17.7% de participación, con solo un 6.4% voto por la revocación, y el 91.8% por que siguiera el mandato presidencial (con solo 1.67% de votos nulos).
El caso de Oaxaca nos permite tener otras miradas, primero la alta participación y el interés por este ejercicio revocatorio, ya sea por un interés legítimo de la ciudadanía, por la revocación por perdida de confianza del mandatario, o también fue la oportunidad para que grupos políticos distintos al del gobernante buscaran, asestar un golpe político; por lo que el ejercicio revocatorio, abrió la posibilidad de provocar una inestabilidad, sí ganara la revocación al mandatario.
Con la propuesta que hago, se busca eliminar de tajo, dos grandes fantasmas del sistema político mexicano, la no reelección y el denominado fraude electoral.
Tenemos que dar saltos cuánticos para construir una sociedad que mire hacia adelante, con un sistema electoral modernizado que garantice a través del uso de tecnologías, el derecho político de votar y ser votados.