El fútbol ha sido uno de los deportes más populares a nivel mundial, incluyendo en México e Hidalgo. Un deporte inventado por los ingleses por allá de 1863, llegó a nuestro país en 1896, en Real del Monte, siendo Pachuca el primer club oficial en la historia de nuestra nación.
Sin embargo, en los últimos años la FIFA, como el máximo organismo rector del fútbol a nivel mundial, ha realizado diversas acciones que han sido criticadas y cuestionadas. Tal es el caso de la aprobación de sedes mundialistas en países donde se vulneran los derechos humanos, mientras que, por otro lado, cuestiona, critica y sanciona los lugares donde se realizan gritos homofóbicos. Y sabedores de que la fiesta más esperada por todas y todos los amantes del fútbol es el mundial —donde las aficiones de los equipos locales se unen en un solo grito para apoyar a su selección—, esta justa se convierte en una competencia internacional en la que 22 jugadores, representando a sus países, buscan ganar y llenar de alegría a sus pueblos, sabedores de que, al meter un gol, millones celebrarán y gritarán con pasión.
Porque a veces se celebra el gol, una victoria, un empate, pero nada se compara con levantar la copa del mundo y, por un momento, lograr que una sociedad olvide cualquier problema político, económico o social que pueda enfrentar su país. Durante los mundiales, las sociedades se paralizan: la economía se mueve, los restaurantes, los bares y los negocios se llenan de personas que quieren disfrutar alrededor de una pantalla, ver un partido de fútbol entre amigos y familiares, y, en unidad, poder gritar y celebrar la victoria, o abrazarse en la derrota. Sin embargo, este ha sido uno de los mundiales más fríos que se recordarán, y no por el cariño y la pasión de las y los aficionados, sino por la serie de medidas y restricciones impuestas. Recordemos que la FIFA advirtió que no se podrían transmitir los partidos a la ciudadanía, limitando la oportunidad de que la sociedad se uniera y estrechara sus lazos comunitarios, aunque fuera por un momento, unidos por la pasión al deporte. A menos, claro, que se pagaran fuertes sumas de dinero, lo que obligó a miles de personas a contratar diferentes suscripciones. Por muchos años, el fut ha sido el deporte del pueblo: aquel donde jugábamos con dos piedras en la calle, con postes imaginarios, con porteros improvisados y con el tradicional “gol gana”, armando las retas.