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Lunes , 22.04.2019 / 20:10 Hoy

Apuntes pedagógicos

Investigación y práctica educativa

Alfonso Torres Hernández

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En los tiempos actuales la investigación en el campo de la educación se percibe cada día como más necesaria por todos los involucrados: autoridades educativas, equipos directivos y por los docentes. Se le ve como una acción para identificar y diagnosticar necesidades educativas, sociales, institucionales y personales, y para promover cambios eficaces en las prácticas educativas, de enseñanza, en la organización de los centros e instituciones educativas, en los procesos de convivencia y resolución de conflictos y en las relaciones que mantienen los diversos agentes de la comunidad educativa. (Raquel-Amaya Martínez, 2007)

La tarea de investigación nos ayuda a incrementar el conocimiento y a obtener comprensión y explicación sobre la realidad educativa, y muchas veces también a tomar decisiones sobre cómo intervenir en dicha situación para mejorarla. En este sentido, la investigación educativa, está muy vinculada a la práctica educativa. Por ello conviene diferenciar entre investigación básica e investigación aplicada. Una y otra se complementan mutuamente: la práctica educativa necesita de las teorías, reflexiones y métodos que se van generando a través de la investigación básica para identificar, entre otras cosas, sus aspectos más positivos y sus limitaciones, para conocer mejor los efectos a los que dicha práctica da lugar, para mejorarlos y para introducir innovaciones progresivas que, siendo estudiadas y analizadas por la investigación aplicada, permitan alcanzar objetivos educativos cada vez más altos y complejos.

En la tarea de investigación, una de las epistemologías que se advierten es la cualitativa-interpretativa, que considera que aquello que aprendemos acerca del mundo está filtrado a través de nuestros sentidos (Husen, 1988). Dentro de ésta línea de investigación, encontramos las metodologías cualitativas de corte interpretativo, y en ellas, a la etnografía. Este tipo de investigación no excluye los métodos cuantitativos, aun cuando esencialmente sea ubicada dentro de un enfoque cualitativo, reconocido como el único enfoque aplicable a la explicación de ciertos fenómenos sociales, en tanto que recupera la tradición “interpretativa” de los estudios sociales que procuran sustituir las nociones científicas de explicación, predicción y control por las interpretativas de comprensión, significado y acción.

La perspectiva de análisis y construcción en esta línea de investigación es de corte interpretativo donde la etnografía se convierte en la herramienta fundamental para la comprensión de los significados y sentidos en la constitución de las prácticas de los sujetos, en este caso, las educativas.

En relación a la noción de práctica, se concibe como el cúmulo de acciones intencionales que desarrollan los sujetos en un ámbito particular y las cuales no se inscriben de manera inconsciente en su hacer cotidiano. Matthew Lipman (1998) considera que entiende por “práctica” cualquier actividad metódica. La práctica es lo que hacemos metódicamente y con convicción, pero sin grado intencional de investigación o de reflexión. La práctica además, se sitúa en un contexto sociohistórico específico donde los sujetos hacen un despliegue de sus conocimientos, habilidades y valores.

La práctica educativa se constituye entonces como la unidad funcional del campo educativo, con una lógica de producción y construcción específica cuyo centro se ubica en la intención de transformar. Desde esta perspectiva, la práctica educativa de acuerdo con Sacristán (1998) “es una acciónorientada, con sentido, donde el sujeto tiene un papel fundamental como agente, aunque insertado en la estructura social”. En el mismo sentido, es educativa porque su intención propicia que los sujetos se formen.

En este contexto de ideas, la práctica educativa podemos concebirla como un campo de estudio, reflexión y acciones intencionadas que se despliegan en niveles y dimensiones diversas de los procesos de interacción que desarrollan los docentes en su ámbito de acción. Es decir, se puede reconocer a las prácticas como producto de las relaciones sociales constituidas históricamente y en permanente transformación, mediante la participación de sujetos concretos en quienes se sintetizan múltiples determinaciones institucionales, contextuales y culturales.

torresama@yahoo.com.mx

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