Política

Las 'vedettes'

Todos hemos sido un día príncipes de los amaneceres. Regreso a las calles del alba, un sábado de hace más de cuarenta años. Perseguí a la noche con obsesiva persistencia y vi muchas vedettes cuando existían los centros nocturnos y los burdeles, antes de que el table dance acabara con esa tradición nocturna. Recorrí con algunos amigos todos los cabarets de la Zona Rosa y más allá.

Anoche me acordé de El último rincón de los bohemios, en la última cuadra de Querétaro, muy cerca de la Avenida Cuauhtémoc. Un portón enorme. Dabas un aldabonazo a las cinco de la mañana. Un gigante te abría y ya estabas en el cielo o el infierno, según se quiera ver.

Mientras amanecía el espectáculo interior era dantesco: sillones sucios, hombres vencidos mientras los besaban mujeres horribles. La juventud sirve para esas noches. Un trío, de música, no de los otros, interpretaba algo de los Panchos, reviéntense “Sin amor”, la vida no se llama vida.

–Vamos arriba güero.

–Ya amanece, ni modo de que qué.

Veníamos sin fatiga de algún cabaret de la Zona Rosa: Angélica Chaín se quitaba la ropa a la menor provocación, me mataba su desparpajo; Brigitte Aubé, una francesa opulenta que me recuerda además a Vicente Ortega Colunga, amo de la noche. Diana Gay, mi falsa prima, la vi en el Clóset Piano Bar varias veces, me hechizó no una sino varias noches.

Y venían los otros tragos cuando salía el sol. La casa colonial californiana se iluminaba, la luz le disputaba a las sombras la oscuridad.

–Mejor ya vámonos.

–Pérate. Nos llevamos a unas vedettes.

Las influencias del burlesque son el cabaret, el music hall o el vodevil e integra una atmósfera donde impera el erotismo: en las primeras décadas del siglo XIX también empezó a desarrollarse el burlesque victoriano, ya vinculado al teatro de variedades.

El primero de los nuestros caía en el cojín sucio, dormido.

–Ya vámonos, güey.

–Pérate, nos vamos a llevar una vedettes.

–Aquí no hay vedettes.

–Tú pérate.

Con la luz llegaban nuevos guerreros.

–No hay marichi, ¿chingado?

–Tenemos trío, señor.

–No mamen.

Y me recuerdo llamando al orden, o al caos:

–Ya vámonos güey, el Serge ya se durmió.

–Pérate, chingá, de aquí nos vamos a llevar a unas vedettes.

–¿A dónde las vamos a llevar?

–Oh, chingá, tú pérate.

Se sabe: el tiempo perdido sólo ocurre en la memoria. 


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Rafael Pérez Gay
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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