Política

Escuelas: zonas de riesgo

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  • Escuelas: zonas de riesgo
  • Alfonso Torres Hernández

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La escuela, desde la percepción de distintas corrientes de pensamiento y posicionamientos educativos se ha considerado como un espacio de socialización, como dispositivo de movilidad social o como aparato ideológico del Estado y en lo general la centralidad lo venía ocupando la transmisión del contenido escolar, el aprendizaje y la enseñanza. En la actualidad, la narrativa escolar ha tenido desplazamiento hacia otros puntos que son diferentes a ello. La estabilidad socioemocional de docentes se ha visto alterada como consecuencia de elementos que tienen que ver con la violencia, la salud, el estrés, la intensificación laboral-administrativa, las relaciones de autoridad, superación en los límites de actuación de madres y padres de familia, el acoso laboral y personal, cuestiones que hacen considerar a las escuelas como zonas de riesgo para el trabajo docente.

Las maestras y maestros, como sujetos pedagógicos en la escuela, tienen la responsabilidad de la formación escolar de las nuevas generaciones. Las narrativas sociales que se han venido constituyendo en los últimos años (inclusión, diversidad, equidad de género, feminismo, violencia, entre otras) han colocado este proceso formativo y su práctica, en límites de la relación pedagógica. Una práctica que se moviliza en el interior de protocolos de actuación y marcos normativos y que la vuelven vulnerable si ante la mirada e interpretación de los otros, esta “fuera de lugar”. Las consecuencias son del dominio público, docentes difamados, violentados, encarcelados y lo que es peor, asesinados. La escuela, el lugar del trabajo pedagógico, se ha desplazado para constituirse en zona de riesgo.

Las escuelas, como espacios de responsabilidad del Estado, deben constituirse en espacios seguros para el desarrollo de la práctica docente, del proceso formativo de niñas, niños y adolescentes. La autoridad educativa, las madres y padres de familia y la sociedad en general deben reestablecer la autoridad pedagógica de maestras y maestros, revalorizar su trabajo cotidiano y cuidar su integridad física y emocional. Pensarlo y hacerlo así, garantiza devolverle a la escuela su lugar como institución corresponsable en la formación de una ciudadanía más justa, inclusiva y democrática.

La escuela debe dejar de ser zona de riesgo para el trabajo docente. Debe dejar de ser un lugar de encono entre la familia, la comunidad y los docentes. La resiliencia y valentía de maestras y maestros han superado muchas situaciones que se le presentan cotidianamente, pero no siempre tiene que ser así. No se puede ir al trabajo con miedo, con reserva, con fastidio, con estrés, y esto se ha provocado porque los docentes se sienten vulnerables y solitarios en esta lucha. Una condición donde advierten que la autoridad educativa y sus representantes sindicales tienen otras prioridades, distintas a la atención de lo sustantivo, y narrando una historia educativa armónica y feliz (donde parece que su imagen pública es lo más importante), y ocultando la realidad escolar como zona de riesgo, o podemos preguntarnos ¿por qué estas problemáticas no se mencionan en las redes sociales de las autoridades educativas y representantes sindicales?


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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