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Domingo , 17.02.2019 / 10:26 Hoy

Columna de Alejandro Medina Mora

48 grados bajo cero

Alejandro Medina Mora

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En días recientes, el estado de Minnesota en Estados Unidos registró una temperatura récord de 48 grados Celsius bajo cero. Diversas ciudades del medio oeste y noreste se han visto afectadas por lo que los expertos han llamado el peor vértice polar en las últimas décadas. Las imágenes de la ciudad de Chicago, azotada por este fenómeno natural, se comparan con aquellas en la Antártida.

Han fallecido más de 20 personas a causa de este fenómeno natural y es tal el riesgo que en algunos estados se decidió cerrar escuelas, suspender el servicio postal y cancelar vuelos y otros medios de transporte. Si bien esta situación no es nueva, lo cierto es que cada vez se ha vuelto más frecuente y mucho más drástica.

Por otra parte, a finales de 2018, el panel intergubernamental sobre cambio climático de la ONU emitió un informe sobre el impacto del calentamiento global en nuestro planeta. A grandes rasgos, los expertos concluyen que si no hacemos algo, las consecuencias pueden ser devastadoras: fin de las estaciones del año, escasez de alimento por la disminución sustantiva de cultivos, mayores inundaciones y sequías, mayor propagación de enfermedades y territorios que podrían quedar totalmente bajo el agua.

Desde luego en México no estamos exentos de los efectos del cambio climático. De hecho, nuestra posición geográfica nos hace uno de los países más vulnerables a este. Tan solo en los años recientes, los récords históricos de lluvias y temperaturas han sido constantemente superados. El huracán Patricia que en el año 2015 impactó las costas de nuestro país con vientos sostenidos de 345 km/h ha sido el más potente del que se tenga registro en la historia del planeta.

Pareciera que sabemos bien qué nos duele, pero no estamos dispuestos (gobiernos y ciudadanos) a hacer o dejar de hacer algo para acabar con el dolor. Cuando se trata de llevar a cabo acciones concretas en contra del cambio climático, los gobiernos se enredan en temas políticos y burocráticos, mientras que los ciudadanos nos acomodamos en la desidia.

No nos esperemos a que sea muy tarde. Mucho avanzaríamos si los gobiernos (incluido el de México) cumplieran con sus obligaciones internacionales en la materia, cambiando el discurso por acciones concretas. Al mismo tiempo, a los ciudadanos nos toca nuestra parte: más conciencia, ahorrar energía, no tirar basura en la calle, reciclar, reutilizar, etcétera.

Bien lo dice el proverbio indio, la tierra no es herencia de nuestros padres, sino préstamo de nuestros hijos. Al final, por más pequeñas que parezcan, acciones sencillas pueden tener grandes consecuencias. Más si pensamos siempre en las futuras generaciones.

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