Termina la cobertura de la elección presidencial en Brasil y me quedo con un extraño sabor de boca sobre el sentir ciudadano. Me recuerda mucho a lo que me encontraré a mi regreso a México. Una ciudadanía dividida, que se casa con un proyecto o rechaza todo lo que venga de ahí. Sin matices. O se desencantan y rechazan todo lo que les plantea la posición política contraria o se enamoran a tal grado que dejan de exigir cuentas y validan contradicciones de sus gobernantes.
Por supuesto que aquí en Brasil no todos los bolsonaristas son racistas ni machistas. Ni los lulistas son comunistas. En todos lados existen posturas radicales que desvirtúan y dividen. ¿Pero a quién conviene esa división? La ciudadanía unida podría exigir una mayor rendición de cuentas a sus gobiernos en lugar de desgastarse peleando por defender o criticar las acciones de los políticos.
A partir de enero, Brasil tendrá un nuevo presidente, en el que la mitad de la ciudadanía confía y la otra mitad rechaza. Familias, amigos, compañeros de trabajo se enfrascarán en discusiones sobre si lo hace bien o mal, tal como ya ocurre ahora con Bolsonaro. Un desgaste que nada reditúa y que bien esa energía podría rendirles frutos si juntos evalúan las acciones de gobierno. Porque ese presidente, se llame como se llame, en Brasil, en México, o en el país que sea, está para servirle a los ciudadanos y lograr resultados para la mayoría, no para unos cuantos.
Este lunes a su salida de la reunión que tuvo con Luiz Inácio Lula da Silva, le pregunté al ex presidente de Uruguay, José Mujica, si el triunfo de Lula provocará la unidad de América Latina con los gobiernos de izquierda que ya predominan en la región. Me dijo que “los débiles aprendemos a juntarnos para ser grandes. Para dejar de ser débiles”. Y pensé que, más allá de ideologías, la ciudadanía, el débil en la ecuación, es quien debe permanecer junta y no dividida para ser grande e imponerse ante los abusos de cualquier gobierno.
Porque confrontándonos y mentándonos la madre por nuestras posturas políticas no lograremos esa grandeza que Mujica vislumbra para nuestros pueblos latinoamericanos.
@AlexDominguezB