Espectáculos

Comer bien, moverte… ¿y si el gobierno no ayuda?

Podemos tener la mejor intención de cuidar nuestra salud: comer mejor, movernos, dormir, ir al médico… y aun así, seguir limitados por el sistema en el que vivimos.

Y cuando digo sistema, no hablo de algo abstracto. Hablo del gobierno, de las leyes que se cumplen o no, y de la infraestructura que sostiene —o no— nuestra vida: el aire que respiramos, el agua que llega a nuestras casas, el transporte, los hospitales y los edificios donde vivimos.

No había escrito sobre Venezuela porque es un tema que me pega fuerte. Como dice una frase que entiendo distinto desde que soy mamá: “Cuando eres mamá, todos los hijos del mundo te duelen”. No he podido dejar de pensar en el dolor de las familias ni en los momentos de terror. Tampoco he dejado de imaginar a quienes estaban ahí haciendo lo mejor que podían por su salud: quizá empezando a hacer ejercicio, recibiendo una buena noticia médica o intentando recuperarse. Y de pronto, todo eso se vio atravesado por una tragedia.

Un terremoto no se puede controlar. Pero su impacto sí puede multiplicarse cuando un país permite edificios vulnerables, poca supervisión o construcciones que no protegen la vida como deberían. Ahí, la salud deja de ser solo una decisión individual y se convierte también en una consecuencia política.

Pienso también en Nuevo León. En personas que dejaron de tomar alcohol, o en familias que viven con alguien agresivo o con alcoholismo, y de pronto el gobierno decide regalar cerveza porque hay futbol. No es exageración moral: alrededor de partidos importantes puede aumentar la violencia doméstica, especialmente con alcohol. Cuando una autoridad promueve su consumo en un contexto de alta emoción colectiva, también toma una decisión de salud pública que pone en riesgo a muchas personas.

Y de la contaminación, ni hablar. Hace poco se reportaron niños en Nuevo León con plomo en sangre. El plomo afecta el neurodesarrollo y la salud futura. ¿Cómo le pedimos a una familia que “cuide mejor” a sus hijos si el entorno ya viene cargado de riesgos?

Luego recuerdo lo que ha pasado en México: el Metro que colapsó, edificios que se derrumbaron en sismos, comunidades sin agua, hospitales que fallan. ¿Cómo lavar fruta y verdura si no hay agua? ¿Cómo se recupera un paciente hospitalizado si el hospital no tiene luz?

Estas historias me duelen porque trabajo todos los días promoviendo decisiones personales de salud. Creo profundamente en los hábitos, pero sería injusto decir que todo depende de la persona cuando vive dentro de un sistema que le pone trabas.

Hoy debemos cambiar la forma en la que vemos nuestra participación ciudadana. Nuestro voto repercute de forma profunda en nuestra salud, porque nuestros gobernantes delimitan el techo hasta donde pueden llegar nuestros hábitos. Sus decisiones marcan el aire que respiramos, la disponibilidad del agua, la seguridad con la que nos movemos y la capacidad de los hospitales para recibirnos.

Hoy escribo desde la frustración, pero también desde la responsabilidad. Lo que esté en tu control, hazlo bien. Cuida tu cuerpo, tu casa y tus rutinas. Maximiza tu salud dentro de los límites que hoy existen. Pero no olvides que esos límites también se pueden mover con tu voto.

Vivir más y mejor no solo depende de lo que ponemos en el plato o de cuántos pasos damos al día. También depende de las decisiones públicas que sostienen —o ponen en riesgo— nuestra vida. Por eso, vale la pena ver nuestro voto como una de las decisiones de salud más serias que podemos tomar.

Alfredo San Juan
Alfredo San Juan


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Ale Ponce
  • Ale Ponce
  • Experta en ciencia e investigación de la nutrición con destacadas habilidades en el campo de la nutrigenómica y los alimentos funcionales. Vasta experiencia en el área de nutrición clínica y administración educativa. Publica su columna Vive más y mejor todos los lunes.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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