Hay algo que no cuadra entre Atlixco y Acatlán de Osorio.
En Atlixco gobierna Ariadna Ayala. Ha ganado dos elecciones por márgenes amplios y aparece entre las presidentas municipales mejor evaluadas por sus gobernados. Su administración presume resultados en turismo, seguridad, obra pública y actividad económica. Atlixco se ha convertido en uno de los principales destinos de Puebla y el gobierno municipal mantiene una presencia constante en calles y comunidades.
Pero Ariadna Ayala tuvo que tramitar un amparo.
La alcaldesa busca protegerse, por si las dudas, ante alguna actuación de la autoridad que pudiera privarla de la libertad. No significa que exista una orden de aprehensión en su contra ni que necesariamente vaya a ejecutarse una acción legal. Significa que percibió un riesgo suficiente como para acudir ante un juez federal y pedir protección.
En Acatlán de Osorio gobierna Guadalupe Bárcenas. Desde hace meses enfrenta señalamientos públicos de integrantes del Cabildo, funcionarios, excolaboradores y ciudadanos. Le atribuyen presuntas irregularidades financieras y administrativas, compras extravagantes, viajes costosos y un manejo opaco de los recursos municipales.
Incluso habitantes han advertido que podrían cerrar carreteras para exigir la revocación de mandato. Regidores y otros actores locales sostienen que las denuncias no avanzan porque la presidenta municipal cuenta con protección desde las altas esferas del poder.
Y, sin embargo, Guadalupe Bárcenas parece estar tranquila. No necesita tramitar un amparo. No percibe el riesgo de ser detenida. A pesar del ruido, las protestas y la acumulación de señalamientos, ninguna autoridad parece incomodarla demasiado.
El contraste es difícil de ignorar.
Una alcaldesa presenta resultados, conserva aceptación ciudadana, ganó dos veces con claridad y, aun así, considera necesario proteger su libertad ante los tribunales.
La otra enfrenta una rebelión dentro de su propio ayuntamiento, protestas ciudadanas y acusaciones sobre el uso del dinero público, pero transita sin sobresaltos.
Quizá todo sea una coincidencia.
O quizá la pequeña diferencia sea que Ariadna Ayala pertenece al Partido del Trabajo y Guadalupe Bárcenas, a Morena.