A lo largo de la historia, toda obra que promete cambiar el rostro de Puebla, primero debe atravesar el tribunal de la sospecha o el purgatorio del cuestionamiento.
Pasó con el Periférico Ecológico o el Centro de Convenciones de Manuel Bartlett, donde hubo voces que los consideraban innecesarios.
Ocurrió también con Melquiades Morales cuando enfrentó resistencias por la Tlaxco-Tejocotal y después, por Ciudad Judicial.
Mario Marín tampoco escapó a la polémica con La Célula y el Centro Expositor, en la zona histórica de Los Fuertes.
Que decir de Rafael Moreno Valle quien vio cómo las ciclopistas, la RUTA, el Museo Barroco y el Teleférico se convertían en banderas de confrontación política antes que en temas de ingeniería o movilidad.
El pasado nos ha enseñado que las grandes obras no siempre se discuten por su utilidad, también se convierten en escenarios de disputa política, intereses económicos y posiciones ideológicas.
Hay quienes se oponen por convicción y los que descubren en cada proyecto una oportunidad para desgastar al gobierno en turno. Por eso el cablebús difícilmente podía escapar a ese destino.
La comparecencia del coordinador de Gabinete, José Luis García Parra, ante los diputados del Congreso local, dejó claro que el gobierno sabe que el debate apenas comienza. No fue una sesión cómoda ni un encuentro de trámite. Hubo cuestionamientos, exigencias y dudas, pero también hubo respuestas que empiezan a aclarar la postura oficial.
El principal promotor del proyecto sostuvo que pocas obras en la historia reciente han sido sometidas a un proceso de socialización tan amplio. Defendió la idea de que se necesita un sistema de movilidad que reduzca tiempos de traslado, sea accesible para los usuarios y eleve los estándares de seguridad.
Eso no significa que la polémica terminará, al contrario. Conforme aparezcan los primeros pilotes y las primeras afectaciones temporales, surgirán nuevas preguntas, algunas legítimas y otras inevitablemente políticas, como ocurrió con todas las obras emblemáticas de los últimos gobiernos.
La diferencia estará en la capacidad del gobierno de Alejandro Armenta para responder con información, transparencia y resultados. Porque las grandes obras siempre empiezan entre dudas y lo que termina por legitimarlas, es el tiempo.