Política

La prevención, como un acto de fe

  • Columna de Alberto Isaac Mendoza Torres
  • La prevención, como un acto de fe
  • Alberto Isaac Mendoza Torres

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Cuatro hechos han llamado mi atención en los últimos días y sobre ellos he estado estudiando, hablando y escribiendo.

Se trata del suicidio de un agente vial de León, Guanajuato; el suicidio de un policía auxiliar de la ciudad de Puebla; el parricidio registrado en San Pedro cholula, en donde el presunto responsable es un entrenador deportivo. Y el más reciente, el suicido de la pareja sentimental del policía auxiliar, que también laboraba en la misma corporación.

Sobre el suicida de León, contamos con un video que él mismo compartió en sus redes sociales antes de subir al distribuidor vial Juan Pablo II y lanzarse contra el pavimento, en él intenta explicar cuáles son los motivos del acto que ha planeado realizar y por el cual pide que no se culpe a nadie.

Poniéndonos lacanianos, que no lo vamos a hacer del todo, podríamos decir que este es un claro ejemplo del pasaje al acto. La angustia vivida ya no puede ser mediada por palabras, salta del puente como quien sale de la escena del mundo porque ya no es más sujeto, sino objeto desechable y lo hace desde el puente que lleva el nombre de un santo católico.

No vamos a ponernos lacanianos porque debo abandonar el estudio que hacen Sigmund Freud y Jaques Lacan del caso de la joven homosexual, que Freud tituló “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”, para centrarme sobre lo que quiero llamar la atención esta vez.

Antes de ser nombrado como “el policía que se quitó la vida”, se llamó Orlando, con toda la carga simbólica que representa tener un nombre, sostenerlo y sostenerse en él. Orlando vuelve una y otra vez a hablar sobre la importancia de cuidar la salud emocional, un tema que nos es muy común y sencillo de asimilar como si fueran carbohidratos refinados.

Orlando soltó frases como “cuiden mucho su salud mental”, “cuiden el bienestar emocional de sus seres queridos, de sus amigos, de sus compañeros”. Y habló de depresión silenciosa y ansiedad.

Los otros tres casos, el presunto policía suicida y el presunto parricida, no hablaron de sus pasajes al acto -aunque el entrenador al parecer grabó un video que se relacionaría con el crimen- sino que fueron hablados; y el suicidio de la esposa del policía, podría estar relacionado directamente con su duelo. Pero hasta el momento nada sabemos.

Los medios de entretenimiento fragmentado (RSS) inundaron las publicaciones sobre los dos acontecimientos, con tremendas solicitudes de ayuda para que todos cuidemos de nuestra salud mental. Pero también soltaron la demanda de vigilar la salud mental de los otros al contratarlos, ya sea para puestos de policía o para moldeadores de cuerpo vía el ejercicio.

Todos los mensajes se sustentan en el último llamado de Orlando y con todo lo que escuchamos desde distintas trincheras y con diversos objetivos.

Por ejemplo, las corporaciones policiacas para las cuales trabajaban hablan de exhortos a sus elementos para acercarse a los departamentos especializados a fin de recibir la ayuda psicológica necesaria. Y los “divulgadores psi” nos hablan de lo mismo con su megáfono en mano por el cual solo saben gritar: “¡vayan a terapia!”.

Y nosotros los aceptamos porque son como esos hidratos de carbono refinados de los que les hablé antes, que son fáciles de digerir y nos dan un subidón de azúcar, para este caso sería nos dan un caldito de pollo para el alma.

Pero el propio Orlando mostró con su acto que la idea de la prevención no es más que un acto de fe que nos ayuda a seguir viviendo como si no fuera a pasar. Como si no nos fuera a pasar.

Su angustia, o ansiedad y depresión como él las calificó, no fueron el problema, porque de esas pudo hablar, aunque fuera brevemente. El disparador fue aquello que ya no pudo tramitar con palabras y que le orillaron a salir del mundo, de esta escena. Los otros pueden cuidarse, el Yo ya tiene otra salida, puede escucharse en su llamada.

Las corporaciones policiacas aplican “controles de confianza”, con pruebas psicológicas estandarizadas que se supone deberían alertar sobre posibles actos impulsivos, porque atentar contra la vida de otros como contra la propia, estarían en el mismo nivel de riesgo.

Pero no hay evidencias de que esto se pueda predecir. La psiquiatría lo sabe muy bien, sus estudios sobre prevención de suicidio muestran tasas que no dejan bien parado al discurso de la prevención. 

Podemos seguir llenándonos la boca con los discursos amorosos de la prevención, antes de aceptar que cuando se trata de la psique hay un elefante en la sala, del cual nadie quiere hablar. 

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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