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Martes , 19.03.2019 / 12:14 Hoy

Valija diplomática

Yo Respiro Monterrey

Ainhoa Moll

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Cuando hace unos meses tomé conciencia de la mala calidad del aire que se respira en Monterrey, lo que más me sorprendió fue la pasividad de la gente. No entendía por qué los ciudadanos no salían en tromba a la calle a manifestarse por la inactividad de las autoridades. No entendía que para las grandes empresas no fuera evidente que era hora de actuar. No entendía que no se respirara indignación y hartazgo, a pesar de que desde 2005, año en el que inician los registros sobre la calidad del aire, se tiene noticia de que más de la mitad del año respiramos un aire malo. No entendía por qué el tema dejaba de ser de actualidad cuando mejoraba un poco la situación, como si los niveles inaceptables fueran a desaparecer por arte de magia.

Hace pocas semanas descubrí que parte de eso cambió. Siguiendo la estela de la activista sueca de 16 años, Greta Thunberg, quien se manifiesta todos los viernes a las puertas del Parlamento de su país, unos niños, apoyados por sus madres, decidieron decir basta e iniciaron una campaña llamada Yo Respiro Monterrey para exigir que alguien haga algo. Quieren dejar atrás los días en los que se les prohíbe salir al patio por la mala calidad del aire, los días en los que les pican los ojos y la garganta, los días en los que la tos no les abandona, los días en los que deberían llevar una mascarilla para proteger su joven cuerpecito en desarrollo. Lógicamente no quieren heredar una ciudad irrespirable. Desde una candidez cargada de buen tino están haciendo lo que ningún adulto ha sido capaz de hacer hasta ahora: convocar a todos los ciudadanos para protestar y reclamar a las autoridades que actúen de inmediato. El tema ha ido tomando forma y la convocatoria de mañana domingo día 10 de marzo a las 17:00 en el kiosco frente a la Catedral de Monterrey, en la plaza Zaragoza, promete ser multitudinaria.

Desgraciadamente el problema de la contaminación en todas sus vertientes es algo de lo que no nos podemos escapar. Da igual nuestro origen o condición, a todos nos afecta. Es por ello que cuanto más tardemos en reaccionar peor serán las consecuencias. Tiene todo el sentido que sean los niños, a quienes les inculcamos el respeto y la protección al medio ambiente, quienes lideren estos temas porque serán ellos quienes cargarán con las consecuencias de nuestra inacción. Nosotros los adultos tenemos la obligación moral de ayudarles a que esta hermosa gesta acabe con medidas efectivas que mejoren la calidad del aire de la ciudad.

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