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Domingo , 21.04.2019 / 23:23 Hoy

Valija diplomática

Un español en Monterrey

Ainhoa Moll

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En España el deporte nacional, después del fútbol, es criticar. Ya sea al político de turno o al vecino del quinto. Da igual si uno tiene o no tiene razón.

Da igual si España se merece un juicio tan estricto. Como buen país cainita la cuestión es no dejar títere con cabeza. Parecería que la alabanza fuera signo de debilidad. Pero hete aquí que ese comportamiento suele terminar cuando el español se traslada a vivir fuera y se percata de que en todas partes cuecen habas y que las de España tampoco estaban tan mal.

Cuando el destino es Monterrey y se procede a la inevitable comparación de ambos sitios las diferencias lógicamente son importantes.

Pero el español se sorprende especialmente al ver lo complicada que puede resultar la vida al ciudadano de a pie. Si un español hace, por ejemplo, cada mañana el trayecto en coche por Alfonso Reyes hacia Valle Poniente desde el Valle de la Paz se cruzará con decenas de personas que acuden a sus puestos de trabajo en las casas de las colonias de las montañas y verá que esta gente se juega diariamente el pellejo al intentar cruzar la calle simplemente porque no hay semáforos para peatones. Y lo que más le sorprenderá es lo invisibles que son esas personas para el resto de la sociedad.

Seguramente tampoco comprende por qué viendo el terrible problema de contaminación de la ciudad la administración no incentiva el uso del transporte público o se adecúan las banquetas para poder ir andando. Le resulta absolutamente incomprensible entender por qué los autobuses solo pasan por Vasconcelos y no existe una red de calidad que pueda dar servicio a todo el municipio como él está acostumbrado.

Cuando vengan sus padres de visita se acercará al pintoresco Mesón Estrella, por eso de enseñarles un mercado típico. El español, confiado él, comprará 3 kg de tomates en el Mesón y comprobará al llegar a casa que le han tomado el pelo porque solo le han servido

2. Recordará entonces las viñetas de 13, rue del Percebe del maestro Ibáñez en las que se retrata la España de los 60 y en donde un desconfiado tendero intenta engañar a sus clientes con el peso o la calidad del producto siempre que tiene ocasión.

Por último, nuestro español estará sometido a la draconiana dictadura de las empresas de suministros y le habrán cortado la luz o el gas varias veces durante su estancia. Quizás el recibo se perdió y no pudo acudir al Oxxo a tiempo o quizás directamente el banco decidió no pagar un recibo domiciliado por alguna extraña circunstancia. Sea como fuere Murphy se asegurará de que ese corte se produzca mientras sus padres están de visita para que su madre se vuelva a su casa bien preocupada.

Sin duda para ella eso es motivo de gran inquietud, ya que ni aunque seas un insolvente de libro te dejan sin luz en España.

Tras tanto infortunio el español, que a pesar de todo está encantado en México, echa mano de su último recurso: llamar a un amigo mexicano para compartir unos tequilas, comer unos ricos tacos y criticar lo que haga falta. Afortunadamente la buena compañía abunda en México y nunca te falla.

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