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Sábado , 23.03.2019 / 07:49 Hoy

Sin ataduras

Pobre México, tan cerca de Trump…

Agustín Gutiérrez Canet

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En Estados Unidos es muy conocida la leyenda de George Washington y la tala del cerezo para enseñar a los niños a no mentir, publicada en 1806 por el biógrafo Mason Weens.

A la edad de seis años, George Washington, futuro primer presidente de Estados Unidos, derribó con su pequeña hacha el cerezo favorito de su padre. «No quiero mentir, papá —confesó el niño—; yo lo derribé.»

Desde hace dos siglos se insertó para siempre la anécdota del cerezo en la tradición popular de Estados Unidos y ha sido inspiración para los presidentes estadunidenses. Sin embargo, ya no es así con la llegada a la Casa Blanca del magnate.

Pobre Estados Unidos, tan cerca de Donald Trump y tan lejos de George Washington.

¿A qué se debe este cambio de valores en una mitad de la sociedad estadunidense que apoyó a un mentiroso como Trump? (sin dejar de soslayar que la otra mitad se le opone y mantiene valores morales como la honestidad y la solidaridad).

La clave para entender el cambio del clima electoral podría explicarse en buena medida por dos fenómenos:

Primero, el nuevo término acuñado en Estados Unidos post-truth (posverdad) y segundo, la fabricación de noticias falsas en redes sociales.

El vocablo post-truth se define, según el diccionario Oxford, como “las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en conformar la opinión pública que la apelación a las emociones y a las creencias personales”.

Creo que la llamada posverdad es un eufemismo de la mentira, aunque un poco más sofisticado.

En mi opinión, la interpretación más cercana a la posverdad se podría expresar con esta frase: “emocióname aunque sea con mentiras, no importa, y votaré por ti”.

Es sintomático el tiempo que vivimos: el personaje del año de la revista Time, Donald Trump, fue caracterizado como el presidente de “Estados Desunidos de América”. El personaje rechazó el deshonroso título. Dijo que él no es responsable de la división de ese país. Vaya cinismo.

El paladín de la posverdad practica con singular entusiasmo la transmisión por Twitter de mentiras que luego dice no recordar. Un día afirma una cosa y al día siguiente dice lo contrario.

El segundo factor del cambio electoral son los mensajes y la difusión de mentiras en las redes sociales que exacerba la frustración o malestar de los ciudadanos con el fin de prometer su bienestar.

Durante la campaña presidencial, México fue el país más agredido del mundo. Nuestro país se convirtió en rehén de Trump, ante la pasividad del gobierno mexicano, disfrazada de supuesta prudencia, realmente incapaz de comprender los retos del nuevo paradigma de la posverdad.

Hace dos días, el 8 de diciembre, MILENIO publicó posiciones contradictorias entre dos secretarios del mismo gabinete. “SRE: es momento de ‘ir más allá’ del TLC” fue el encabezado de la nota principal en primera plana. “No veo a América del Norte sin el Tlcan”, es la cita atribuida al secretario de Economía, en la columna de Bárbara Anderson.

Entre “ir más allá” del tratado y conservar para siempre el Tlcan se transmitieron mensajes confusos.

Pobre México, tan cerca de Trump y tan lejos de Dios.

Posdata

Provoca vergüenza el aeropuerto internacional de Ciudad de México, capital de la decimocuarta economía del mundo.

El 7 de diciembre, a las seis de la mañana, la sala de migración de la terminal uno parecía una jaula de gallinas. Colmado el espacio, reinaba el caos, ante la imposibilidad de avanzar en los pasillos y escaleras para hacer la fila correspondiente.

No había suficiente capacidad para atender de manera expedita a la multitud por parte de los agentes del Instituto Nacional de Migración. El estrés lo compartían todos. Las colas casi no avanzaban, mientras seguían llegando pasajeros de otros vuelos internacionales, principalmente de Europa y Estados Unidos.

Como un embudo, las filas se alargaban desde la sala de migración hasta la puerta del avión del vuelo de Lufthansa LH520, procedente de Munich. Algunos pasajeros apenas podían salir de la aeronave, saturado el puente.

Al llegar al extremo final de una escalera eléctrica en movimiento, los pasajeros no podían avanzar entre el tumulto. Como si fueran pinos de boliche, los pasajeros se agolpaban, se tambaleaban y se caían.

Ya sabemos que el actual aeropuerto opera al límite de su capacidad: 61 vuelos por hora, con un máximo de 40 llegadas. Por eso, el gobierno de Enrique Peña Nieto va a construir uno nuevo que se tiene programado inaugurar en el año 2020, en unos cuatro años.

Sin embargo, el caos diario no debe esperar ni una hora más para no afectar el prestigio del país y el bienestar de millones de pasajeros.

Para resolver el problema sugiero la urgente intervención de las secretarías de Comunicaciones y Transportes, Gobernación y Hacienda, junto con las autoridades aeroportuarias.

No se pueden esperar cuatro años. Es hora de actuar hoy para ampliar las instalaciones a fin de que el trámite migratorio y aduanero sea de lo más expedito y seguro posible.

Hay espacio en los locales adyacentes que ocupan oficinas vacías y tiendas sin clientes de Duty Free.

¿Quién diablos quiere comprar perfumes o alcohol si uno, cansado por el viaje, pasa casi dos horas en el trámite de migración y aduanas?

@AGutierrezCanet

gutierrez.canet@milenio.com

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