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Sin ataduras

Pierde EU la guerra comercial

Agustín Gutiérrez Canet

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La guerra comercial de Estados Unidos contra el mundo comenzó a bajar de intensidad por razones internas.

El presidente Donald Trump está perdiendo apoyos para lograr su reelección entre republicanos y simpatizantes, golpeados como un búmeran, debido a las medidas proteccionistas.

México y Canadá, así como China y la Unión Europea, han reaccionado cada uno con acciones de represalia, dañinas para la economía estadunidense.

Los senadores republicanos, generalmente disciplinados con Trump hasta la ignominia, criticaron al presidente por el impacto negativo que las barreras arancelarias provocaron en el campo y la industria de su país.

La estrategia conjunta de defensa mexicano-canadiense está funcionando, luego de la reunión en Toronto de la secretaria de Comercio, Graciela Márquez, con la ministra de Relaciones Exteriores canadiense Chrystia Freeland.

Ayer el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, anunció en el Senado que la administración de Trump está a punto de llegar a un acuerdo que cancelaría los aranceles al acero y el aluminio de México y Canadá.

Si bien Estados Unidos busca impedir que otros países como China utilicen a México o Canadá como puntos de trasbordo para evitar los aranceles al acero, esperemos que no haya cuotas que limiten las exportaciones de los metales mexicanos al mercado estadunidense.

Resulta absurdo que Estados Unidos imponga aranceles a sus principales socios comerciales, cuando aboga ante el Congreso la aprobación del tratado de libre comercio (TMEUC), y al mismo tiempo declare que sus dos vecinos representan una “amenaza a la seguridad nacional”, para justificar dicha medida proteccionista.

Las altas tarifas impuestas por el gobierno de Estados Unidos hacen que los productos importados sean más caros tanto para los consumidores como para las empresas, lo que provoca una baja del crecimiento económico.

Pero, según el presidente, el aumento en los impuestos de las importaciones genera beneficios para la economía de Estados Unidos.

Disiente de Trump el mismo líder republicano del Senado, Mitch McConnell, quien en general es muy condescendiente con el mandatario. “Al final, nadie gana una guerra comercial”, dijo con toda razón.

Tampoco están de acuerdo con su presidente los que han sido sus electores tradicionales: los agricultores de soya y maíz, los productores de cerezas y arándanos, ni los criadores de puerco y de res, situados en varios estados de la Unión Americana. Ahora al voto rural le está costando más vender sus productos en el extranjero por la guerra de Trump.

El presidente decidió postergar en seis meses la imposición de aranceles de 25 por ciento a los autos importados, que iba a anunciarse el próximo sábado, mientras Estados Unidos compra tiempo para buscar acuerdos con México y Canadá.

Diecisiete millones de coches son vendidos cada año en Estados Unidos, de los cuales 4 millones son importados de México, es decir, una cuarta parte del mercado.

Esperemos que Trump finalmente se dé cuenta de la integración de la cadena productiva automotriz: los vehículos no son ni estadunidenses, ni mexicanos, ni canadienses, sino que son norteamericanos.

Al final, Trump va a perder no solo la guerra comercial, sino su reelección, de no eliminar los aranceles.

gutierrez.canet@milenio.com
@AGutierrezCanet

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