A Estados Unidos no parece importarle que las principales causas de la migración centroamericana sean la pobreza, la inseguridad y la sequía.
Lo único que le interesa es que México reduzca la inmigración muy pronto, como sea.
The Washington Post publicó ayer un reportaje que vincula la caída del precio del café con el creciente flujo migratorio proveniente de Guatemala.
El presidente Donald Trump atribuye el aumento del número de migrantes a la débil seguridad fronteriza en México y a las lagunas en el sistema de asilo de Estados Unidos, pero nunca menciona las causas.
En 2014 fueron detenidos en la frontera con México 81 mil 116 chapines y en los primeros cinco meses de 2019 el número se disparó a 211 mil personas.
Hace un mes, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) advirtió el impacto negativo en la población por el bajo precio del café, principal producto de exportación y generador de empleo en la región.
Según la IICA, en 2018 el precio promedio de una libra de café arábica (el de mayor calidad) fue de 1.01 dólares, mientras que en abril de 2019 el promedio bajó a 0.95 dólares, el más bajo desde julio de 2006.
La paradoja es que en la medida en que los cafeticultores pierden dinero, aumentan las ganancias de cadenas de cafeterías como Starbucks, que mantienen el mismo precio de un espresso o de un latte.
Son cientos de miles de cafeticultores centroamericanos que están desesperados por salir de sus pueblos para encontrar trabajo, dar de comer a sus hijos y vivir en paz con su familia.
Funcionarios estadunidenses argumentan que la responsabilidad del bienestar de los pueblos centroamericanos es de sus gobiernos, pero soslayan las causas externas.
Hay algunos gobiernos ineptos, corruptos, autoritarios y al servicio de la oligarquía con los que no se pueden realizar proyectos que realmente tengan resultados positivos.
Unas cuantas dinastías de Guatemala, Honduras y El Salvador siguen siendo propietarias de latifundios y monopolios, que recuerdan al México de Porfirio Díaz: desde hace décadas detentan la mayor parte de la riqueza, mientras que la mayoría sobrevive sumida en la pobreza.
El caso de Nicaragua es vergonzoso. El heroico pueblo nicaragüense luchó para derrocar al dictador Anastasio Somoza. Veinte años después, padece a un presidente que, habiendo sido uno de los comandantes de la Revolución Sandinista, se ha degradado en un líder totalitario.
Es muy útil el plan de desarrollo integral para Centroamérica, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, pues indica el camino que deben seguir los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador, con la ayuda internacional.
Sin embargo, no es suficiente. De poco servirá el plan si los tres países del Triángulo del Norte incumplen su propia responsabilidad: implementar las políticas para mejorar la calidad de vida de la población que permita desalentar la migración.
El éxito del desarrollo de Centroamérica también depende del apoyo del gobierno de Trump, así como de la cooperación internacional, incluida la mexicana, pero no se ve claro el compromiso de Estados Unidos al suspender la ayuda a la región.
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@AGutierrezCanet