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Telescopio

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De niño, en los 70, me divertía muchísimo viendo las caricaturas de La Pantera Rosa.

Uno de mis capítulos favoritos, Twinkle, twinkle, little pink, trata sobre un astrónomo (el hombre pequeño, némesis de la pantera) obsesionado con encontrar vida en la Luna. La Pantera construye su casa justo frente a la línea visual del telescopio y esto detona el conflicto entre ambos. Una serie de sabotajes comienza a ocurrir, la Pantera levanta un muro de ladrillos y rompe el telescopio; el astrónomo empuja la casa de la Pantera hacia el abismo y después la Pantera coloca un juego de marionetas asemejando hombrecillos verdes frente al telescopio y con este último truco, le hace creer al astrónomo que realmente la Luna está habitada y él, emocionado y fuera de sí, reporta el hallazgo a sus superiores, los cuales lo tildan de loco y lo encierran en un manicomio. Al final, la Pantera logra enviar al astrónomo a la Luna y construye un observatorio para que la gente lo vea corriendo por la superficie persiguiendo a los hombrecillos.

Tengo un amigo que le entró un interés repentino por la astronomía. Estuvo viendo telescopios en una tienda en línea y se compró un newtoniano de cuatro pulgadas. Le sugerí que se comprara un libro introductorio de astronomía práctica y accedió. Cuando le llegó el equipo y el libro se emocionó mucho y esa misma noche se puso a mirar el cielo. La Luna, principalmente. Se sirvió un coctel y se la pasó escudriñando la superficie lunar un buen rato hasta que, agotado por el telescopio y el alcohol, se fue a dormir. Al día siguiente hizo lo mismo, pero ahora enfocó hacia Júpiter y logró reconocer las mismas lunas descubiertas por Galileo. Creo que no le emocionó mucho, pero por lo menos se enteró que Júpiter tenía lunas. Por último, vio Saturno, pero no le despertó ningún tipo de reacción notable. Transcurrida ya la semana se dio cuenta que había agotado todas las posibilidades con el dichoso telescopio y decidió guardarlo en el clóset. Pero justo cuando estaba desmontándolo, notó que en el edificio de enfrente había una habitación con las cortinas abiertas y, vaya usted a saber, una dama desvistiéndose. Sin pensarlo dos veces dirigió el telescopio hacia la habitación y contempló, extasiado, aquel descubrimiento –no precisamente astronómico–, pero ciertamente mucho más interesante que las lunas de Júpiter.

¿Habría Galileo hecho lo mismo si se le hubiera presentado una situación semejante? No me cabe la menor duda. El caso es que mi amigo terminó por abandonar la astronomía.

De niño recuerdo que en casa había un libro sobre la historia de la astronomía, donde, venían los dibujos hechos por Galileo de las manchas de la Luna y de los satélites de Júpiter. Lo valioso fue que por fin disponíamos de un aparato lo suficientemente potente como para ver con cierta claridad y definición las características de estos cuerpos celestes, y con ello iniciar un proceso de especulación basado no sólo en la observación, sino en la descripción fundamentada en cálculos matemáticos, no en elucubraciones ancestrales, conjeturas mitológicas y en citas bíblicas.

El telescopio revela mundos increíbles, bizarros y emocionantes. Al contemplar estos mundos surgen preguntas: ¿Cómo es la superficie de esos astros? ¿Cómo se vería la Tierra desde allí? ¿Qué sentiríamos estando en esos mundos? Supongo que siempre nos hemos hecho esas preguntas. Y lo seguiremos haciendo.

Y en cuanto a mi amigo y su breve incursión en el mundo de la astronomía, al final decidió explotar las posibilidades del telescopio, espiando a la vecina voluptuosa. Supongo que juzgó más interesante la vida en nuestro planeta que encontrarla en algún astro lejano. No sé qué es más potente, si lo que queremos ver o lo que tenemos justo frente a nosotros. Que la imaginación y el deseo lo decidan. Lo cierto es que tanto Galileo como nuestro astrónomo aficionado miraron por el mismo aparato, pero cada quien vio lo que quería ver. Y a este último lo imagino en el departamento de enfrente, corriendo detrás de la vecina.


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Adrián Herrera
  • Adrián Herrera
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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