Cultura

Egoísta

Hace unos días una señora me dijo que era un egoísta y que debía pensar en los demás. Habrá que discutir eso.

A veces solo pensamos en nosotros mismos. Con egoísmo quizá, por ególatras, por conveniencia o simplemente porque nos vale madre y andamos medio antisociales. La razón no importa, lo importante es discutir la proporción. Es decir, qué tanto debemos dedicarle a nuestra idea de nosotros mismos y qué otro tanto a la manera en que nos percibimos en sociedad. Un comunista le va a decir que el individuo no es real, que su único valor reside en ser una estadística que solo sirve a la mayoría, en tanto que otro sistema argumentará que el esfuerzo de ese mismo individuo es fundamental para sostener plataformas donde se mantienen muchas otras personas. En términos netamente biológicos, el individuo solo existe como un vehículo para ir transmitiendo los genes más adecuados para seguir existiendo. En ese mundo no existen Einstein, Bach, Cervantes, Newton o Darwin. El mundo en que vivimos es muy distinto a ese, aunque estemos gobernados por las mismas leyes e impulsos que el resto de las especies. Pero por esa misma razón, cuando uno estudia las sociedades de primates, de las abejas y hormigas y a otros grupos, advertimos que existen ciertas tendencias en su comportamiento y organización. Y sí: debemos compararnos con estos otros grupos de especies, pero hasta cierto punto. Poseemos otro tipo de capacidades y potencias, y por ello estamos en una situación única y bajo esa observación debemos abordar el asunto.

Dice el señor Ludwig Wittgenstein: “Lo que has logrado no puede valer para otros más que para ti”. Si interpreto de manera correcta este razonamiento, entonces no debemos esperar a que otros valoren lo que hemos logrado, ni siquiera reconocerlo. Por supuesto que hay gente lo que hace, de otro modo no tendríamos los Oscar, las Michelin, ni los Grammy, pero con ello quiero entender que uno vive, hasta cierto punto, para sí mismo y sus cosas, y si a otros sirven, pues qué bueno.

Vuelvo a la pregunta que hice al principio: qué tanto debemos concentrarnos en lo nuestro y qué tanto en lo público. Aquí no hay matemáticas, solo principios e ideas que pretenden resolver la cuestión. Ya expuse dos polos bien conocidos. Y por supuesto no estoy de acuerdo con la postura comunista. Lo digo porque no hay manera de demostrar que tal acercamiento funciona. Lo que sí ha quedado demostrado es que en las sociedades donde –por lo menos– se respeta la individualidad, los individuos más capaces logran desarrollar sus virtudes, en tanto que en el otro sistema (incluida la doctrina católica) el menosprecio por el valor del individuo solo ha logrado contener esos ímpetus geniales y adelantados, limitando de esa manera el desarrollo de esas sociedades bajo el argumento de que todos somos o debemos ser iguales, cosa por demás falaz y probadamente perniciosa.

Somos una especie gregaria, sí, pero con características muy peculiares. Necesitamos líderes, representantes, visionarios y personas que nos adviertan de los peligros que podremos encontrar en el futuro. Y reconocer a estas personas por su aportación individual es aceptar tácitamente que esos logros son asimilados por todos: no tiene que ver con ellos nada más.

Por otro lado, entiendo a los anacoretas, a los ermitaños, los hastiados, los introvertidos y antisociales que buscan algún tipo de iluminación, de epifanía, de revelación en su seclusión: aunque exhiban una conducta de exclusión, no dejan de ser parte de nosotros y su búsqueda es la nuestra también. No todos son el alma de la fiesta.

Qué tanto debemos contribuir a nuestra sociedad y qué tanto ver por nuestras cosas personales, no lo sé. No puedo incluso decir que deba darse un equilibrio. No tengo datos para llegar a una conclusión así. La cosa es no exagerar pues, por lo menos aquí, porque los extremos no procuran nada bueno. Lo digo porque a veces nos comportamos como hormigas y otras como simios furibundos y desquiciados.


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Adrián Herrera
  • Adrián Herrera
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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