Por: Mesa directiva de la Sociedad Científica Mexicana de Ecología
Ilustración:
Belén García Monroy, cortesía de NexosAsí como en 1995 el Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU publicó evidencias contundentes sobre la alteración que las actividades humanas han provocado en el clima, el informe más reciente de la evaluación mundial de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, 2019) presentó al mundo un panorama desolador del impacto de las actividades humanas sobre la naturaleza. Las dos evaluaciones mundiales concluyeron que el clima se altera y la diversidad biológica disminuye a un ritmo sin precedentes en el registro histórico. Si bien la naturaleza está siempre en constante transformación y en la historia de la vida ha habido muchas alteraciones climáticas, y un número incalculable de especies y hábitats para los seres vivos han evolucionado y se han extinguido, en la actualidad vivimos en una vertiginosa transformación de nuestro entorno. Como parte de la naturaleza, los seres humanos no estamos exentos de los efectos y las consecuencias de los cambios que nosotros mismos hemos generado; hoy también estamos inmersos en la peor crisis socioambiental de la que se tenga noticia.