Por Rafael González Franco de la Peza
Ilustración: Patricio Betteo, cortesía de Nexos
La crisis civilizatoria actual nos muestra la contradicción entre los ideales de la Ilustración y la apuesta por la ciencia y la tecnología, en un momento en donde las condiciones para sostener la vida humana se encuentran en un estado de fragilidad y vulnerabilidad. Es una crisis civilizatoria porque la pretendida batalla contra la barbarie, y por la democracia y el bienestar material, se está topando con niveles de desigualdad y deterioro imaginadas sólo por las ficciones distópicas del siglo XX. La gran paradoja del presente es que, frente al avance en la ciencia y la tecnología, el reconocimiento de los derechos humanos, la democracia y las instituciones nacionales y multinacionales para el buen vivir, lo que prevalece es la violencia generalizada, sobre todo contra las mujeres, migrantes y pueblos originarios. La pobreza y las desigualdades se recrudecen, hay un aumento en las migraciones forzadas y en las violaciones a los derechos humanos, y además el deterioro ambiental compromete la viabilidad de las bases que sostienen la vida. A esto se añade la crisis de soledad, el vacío existencial y la falta de sentido con los que vive mucha gente.