Hay genios tecnológicos que están en el Olimpo del corporativismo, inalcanzables, lejos de las personas que consumen sus productos, y luego está Kikuo Ibe, el hombre al que se le atribuye una de las invenciones más revolucionarias de la relojería moderna; el reloj contra impactos G-Shock de Casio.
Casio y G-Shock son marcas altamente reconocibles a escala global. ¿Cómo será el hombre que creó uno de los relojes más resistentes? Casio organizó una vista con el Sr. Ibe (así lo presentan). Delgado, de talla baja, sonrisa fácil y una sencillez absoluta.
Durante un encuentro con medios en México, el ingeniero japonés demostró que el carisma no necesita traductores. Aunque contaba con asistencia lingüística, Kikuo Ibe se esforzó por pronunciar cada frase posible en español, regalando a los presentes momentos de cercanía que rara vez se ven en directivos de la industria global.
De una caída a la obsesión del reloj irrompible
La historia de Kikuo Ibe en Casio es una leyenda en la historia de la horología, pero escucharla de él en persona, con la ligereza de quien relata una anécdota casual, adquiere otra dimensión.
A principios de la década de 1980, el joven ingeniero trabajaba en la compañía arrastrando el peso emocional de haber roto un reloj mecánico que su padre le había regalado. Ese accidente se convirtió en una misión casi obsesiva, crear un reloj que resistiera cualquier impacto.
¿Cómo solucionar el problema de los relojes que se rompían?, aquí es necesario pensar en los relojes mecánicos y los primeros de cuarzo que comenzaban a producirse. Aunque resistentes a ciertos impactos, una caída podía despibotar algún eje de la rueda de balance o dañar algún componente electrónico del motor como una bobina o quebrar alguna microsoldadura.
La revelación no vino de un libro de física avanzada, sino de un parque público. Al ver a unos niños jugando con una pelota de goma, Kikuo Ibe comprendió el principio fundamental que salvaría su invento; el núcleo de un objeto puede mantenerse completamente protegido si flota dentro de un espacio amortiguado, libre de la fuerza directa de los golpes.
Tras cientos de prototipos frustrados y pruebas extremas; como arrojar relojes desde las ventanas de los baños de la fábrica, en 1983 nació el primer G-Shock. Lo que empezó como un cascarón tosco y resistente diseñado para obreros y deportistas extremos, terminó convirtiéndose en un lienzo de la cultura urbana, un objeto de culto global y una declaración de durabilidad.
Para demostrar esta resistencia de forma dinámica ante el público, durante la presentación se invitó a voluntarios a subir al escenario para lanzar el reloj con la mayor fuerza posible, demostrando en vivo que el dispositivo seguía funcionando sin problemas.
El escepticismo y la prueba de fuego en televisión
Kikuo Ibe contó que el primer diseño de G-Shock fue lanzado al mercado en ese 1983, debutando en Japón y en los Estados Unidos. Para promocionarlo en el país norteamericano, el equipo creó un anuncio televisivo que mostraba la extrema resistencia del reloj. No obstante, la reacción inicial del público fue de incredulidad; la audiencia estadunidense pensó que las escenas de acción del comercial eran exageradas y falsas.
La controversia llegó a tal punto que un popular programa de televisión de la época, en Estados Unidos, dedicado a comprobar la veracidad de los productos a petición de los televidentes, decidió poner a prueba el reloj. Los productores del programa recrearon exactamente las condiciones mostradas en el anuncio publicitario. Para sorpresa de los espectadores, el reloj superó la prueba sin inconvenientes, consolidando su reputación de indestructibilidad.
Mientras constataba esto, Kikuo Ibe hizo un gesto de alivio pasando su mano para limpiar el sudor de la frente al ver qué el reloj pudo superar las pruebas.
El laboratorio de tortura y las 100 pruebas
Para garantizar que cada reloj cumpla con las expectativas de los usuarios que realizan trabajos exigentes o deportes extremos, Casio somete cada nuevo modelo a un riguroso programa de aproximadamente 100 pruebas de calidad, seleccionadas según el tipo de reloj. Entre las evaluaciones más singulares presentadas por la compañía se encuentran:
- Prueba de resistencia al agua a alta presión: Utilizando un equipo especial, se reproduce la presión equivalente a una profundidad de 200 metros. En los experimentos, se introduce un reloj G-Shock junto a una pieza de uretano rígido. Al aplicar la presión, el uretano se comprime visiblemente debido a la fuerza del agua, pero el G-Shock continúa funcionando a la perfección.
- Operación de botones bajo el agua: Se verifica que, al accionar los botones sumergido en el agua, no ocurran fallas de funcionamiento ni penetración de líquido, una prueba crítica de la que puede depender la vida de los buzos. Esta prueba también se aplica a modelos con tecnología *Smart Access* en condiciones de flote.
- Prueba de impacto con martillo: El reloj es golpeado lateralmente con un martillo para asegurar que soporte impactos extremadamente potentes sin sufrir daños funcionales.
- Prueba de caída acelerada sobre concreto: El reloj se deja caer repetidamente contra el suelo para verificar su resistencia. La intensidad y acumulación de estos impactos es tal que, en los laboratorios de prueba, la propia superficie de concreto utilizada para el choque termina desgastada y hundida.
- Prueba de exposición artificial: Se expone el reloj a condiciones controladas durante un tiempo determinado para asegurar que mantenga su desempeño intacto en el uso diario.
Evolución, costos de desarrollo y compromiso ambiental
La marca ha recorrido un largo camino desde sus inicios. En 1983, los relojes G-Shock se fabricaban exclusivamente con carcasas de plástico negro. Hoy, la línea ha evolucionado para ofrecer una amplia variedad de modelos construidos completamente de metal, un avance que, según el propio Kikuo Ibe, sorprendería enormemente a su versión de 1983.
Esta evolución tecnológica también se refleja en los costos de investigación. El padre de G-Shock recordó que el desarrollo del primer reloj fue sumamente económico, requiriendo apenas una inversión de unos 10 millones de yenes. En contraste, hoy en día, la integración de nuevas tecnologías en los relojes demanda una inversión anual que se ordena en cientos de millones de yenes.
Actualmente, la compañía trabaja en la introducción de materiales de biomasa (referidos en la traducción como material de bioresinas) en las correas de los relojes para reducir el impacto ecológico.
El futuro de la relojería y el lazo con México
Al ser cuestionado sobre el futuro de la relojería digital en los próximos 20 o 30 años, Kikuo Ibe se mostró optimista. Con el 45 aniversario de la marca en el horizonte cercano, su meta es continuar desarrollando relojes que incorporen las tecnologías de punta de cada época para mantener conectadas a las personas.
Finalmente, Kikuo Ibe expresó su profundo agradecimiento y conexión con el público mexicano. En su cuarta visita a nuestro país, el creador destacó la enorme energía que recibe de los seguidores en México, recordó que cada vez se hace más viejo y que ya no es tan resistente como sus relojes, pero confió en que estos seguirán funcionando con el tiempo.
Ag