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  • Biodiversidad, IA y bioeconomía: la apuesta del Jardín Botánico de Nueva York para convertir plantas olvidadas en oportunidades de negocio

Jardín Botánico de Nueva York. | Foto: Especial

El Jardín Botánico de Nueva York despliega una estrategia global que une IA, conservación y aprovechamiento sostenible de especies subutilizadas para fortalecer la seguridad alimentaria, la resiliencia climática y nuevas cadenas de valor en AL.

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M+.- La biodiversidad, que por décadas ha sido vista principalmente como un asunto ambiental, para Mauricio Díazgranados, director científico y decano de Ciencias del Jardín Botánico de Nueva York, el verdadero potencial de los ecosistemas latinoamericanos también está en su capacidad para generar riqueza, innovación y desarrollo económico sostenible.

“Muchas de estas especies podrían volverse los cultivos del futuro y tener un enfoque económico enorme”, afirmó Díazgranados en entrevista en Panamá, al explicar por qué la institución ha colocado a las plantas comestibles y a la inteligencia artificial en el centro de su estrategia científica hacia 2030.

¿Cómo es el Jardín Botánico de Nueva York?

El Jardín Botánico de Nueva York, fundado en 1891 y considerado una de las instituciones botánicas más influyentes del mundo, opera actualmente en más de 80 países y resguarda el herbario más importante del continente americano, además de laboratorios especializados en genómica, cambio climático e inteligencia artificial aplicada a la biodiversidad.

El Jardín Botánico de Nueva York es un defensor del mundo vegetal. Cumple su misión a través de su función como museo de colecciones de plantas vivas dispuestas en jardines y paisajes a lo largo de su sitio, declarado Monumento Histórico Nacional; a través de sus completos programas educativos en horticultura y ciencias vegetales; y a través de los amplios programas de investigación del Centro Internacional de Ciencias Vegetales”, se lee en su declaración de misión.

El directivo de la institución detalló que cuentan con el segundo herbario más grande del mundo; el primero corresponde al Museo Nacional de Historia Natural de París, cuya fundación data de 1635.

Mauricio Díazgranados, director científico y decano de Ciencias del Jardín Botánico de Nueva York
Mauricio Díazgranados, director científico y decano de Ciencias del Jardín Botánico de Nueva York. | Foto: Especial

El negocio oculto en 20 mil plantas olvidadas

Uno de los mayores desafíos que identifica el científico es la dependencia global de un número reducido de cultivos para alimentar a la humanidad.

“Tenemos alrededor de 26 mil especies de plantas comestibles en el planeta, pero menos de 8 mil son cultivadas y utilizadas de manera regular. Esto significa que cerca de 20 mil especies permanecen subutilizadas o prácticamente fuera de los mercados”, explicó.

Sin embargo, advirtió que el problema no solo es ambiental, pues muchas de estas especies contienen características genéticas que pueden ayudar a enfrentar algunos de los principales retos económicos del sector agroalimentario, desde la resistencia a plagas hasta la adaptación al cambio climático.

“Perdemos la posibilidad de aprovecharlas directamente”, señaló el especialista al referirse a la extinción de especies poco conocidas.

Díazgranados dio a conocer el caso de una variedad silvestre de yuca localizada en el sur de Texas que posee una capacidad excepcional de conservación poscosecha; aunque actualmente es utilizada de forma local por comunidades indígenas, su información genética tiene el potencial de utilizarse para desarrollar variedades comerciales con mayor vida útil y resiliencia climática.

La bioeconomía tropieza con barreras de mercado

Además de los hallazgos científicos, el decano de Ciencias del Jardín Botánico de Nueva York identifica obstáculos estructurales que impiden que la biodiversidad se convierta en una fuente de crecimiento económico.

En muchos países latinoamericanos, especies con potencial comercial ni siquiera cuentan con códigos arancelarios o mecanismos formales de comercialización.

“Si yo quiero producir una fruta y comercializarla y no tiene un código arancelario, no la puedo vender a un supermercado. Es una situación que refleja una desconexión histórica entre biodiversidad y desarrollo económico”, puntualizó.

Mientras una persona promedio consume entre 200 y 300 especies vegetales, la diversidad disponible es mucho mayor. Solo en Colombia existen más de mil especies de frutas, aunque apenas una fracción llega a los mercados.

Sin embargo, la falta de canales comerciales representa solo una parte del desafío; diversas iniciativas de financiamiento climático y desarrollo en América Latina han comenzado a advertir que la transición hacia modelos económicos más resilientes requerirá movilizar capital hacia proyectos que integren conservación, restauración de ecosistemas y generación de valor económico.

La propuesta “Elementos para una Plataforma País para la Inversión en Clima y Desarrollo para México”, impulsada desde la sociedad civil, sostiene que sectores como la bioeconomía pueden desempeñar un papel estratégico al vincular biodiversidad, desarrollo territorial, empleo e innovación productiva, particularmente en países con alta riqueza biológica.

El planteamiento cobra relevancia en una región que concentra cerca del 40 por ciento de la biodiversidad mundial y donde la protección de los ecosistemas es vista cada vez más como una oportunidad económica, además de ambiental.

Para los impulsores de estos esquemas, cerrar las brechas de financiamiento será clave para que iniciativas basadas en el aprovechamiento sostenible de la naturaleza puedan escalar y consolidar nuevos mercados.

Jardín Botánico de Nueva York es un defensor del mundo vegetal
Jardín Botánico de Nueva York es un defensor del mundo vegetal. | Foto: Especial

Del bosque a los restaurantes: el caso que transformó una economía local

Durante un proyecto desarrollado junto con diversas organizaciones científicas y comunidades locales, Díazgranados compartió cómo fue que un árbol amenazado por la tala en el bosque seco tropical se convirtió en una fuente de ingresos para poblaciones rurales.

“Se trata del guáimaro o nuez maya (Brosimum alicastrum), una especie históricamente talada por su madera en regiones del Caribe colombiano. Sin embargo, sus semillas poseen valor alimenticio y pueden transformarse en harina para elaborar galletas, bebidas y otros productos gastronómicos”, precisó.

El proyecto motivó a comunidades indígenas a procesar el insumo y posteriormente conectó a los productores con restaurantes de alta cocina en ciudades como Cartagena, Medellín y Bogotá.

El resultado fue un cambio de incentivos económicos, donde “hoy en día las comunidades, en vez de talar los guáimaros, están sembrando y restaurando el bosque”, relató el director científico.

La experiencia prueba que la conservación puede convertirse en un modelo de negocio cuando existen cadenas de valor capaces de monetizar la biodiversidad sin destruirla.

Inteligencia artificial para acelerar descubrimientos

Otro de los pilares de la estrategia científica del Jardín Botánico de Nueva York es el uso de inteligencia artificial; la institución ya emplea esta tecnología para procesar colecciones biológicas, analizar datos ambientales y desarrollar herramientas de conservación.

La meta es utilizar IA para acelerar el descubrimiento de especies, identificar áreas prioritarias de conservación y mejorar la toma de decisiones frente a los compromisos globales de protección ambiental.

“Más que una amenaza, es una enorme oportunidad. Hay que estar al frente de esta transformación”, sostuvo Díazgranados.

Desde 2025, el Jardín Botánico de Nueva York desarrolla una cooperación técnica con el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) para impulsar investigación, expediciones científicas y transferencia de conocimiento en ecosistemas prioritarios de la Amazonía y los Andes tropicales.

La iniciativa busca identificar vacíos de conocimiento sobre biodiversidad, fortalecer capacidades locales y promover modelos de conservación que integren a comunidades indígenas y actores productivos.

En un contexto donde gobiernos, organismos multilaterales e inversionistas buscan acelerar proyectos capaces de generar beneficios simultáneos para el clima, la naturaleza y el desarrollo económico, la biodiversidad emerge como activo estratégico.

La creciente discusión sobre mecanismos de financiamiento para impulsar la bioeconomía refleja el cambio: la conservación ya no se entiende únicamente como un costo, sino como una oportunidad para construir nuevas cadenas productivas, fortalecer la seguridad alimentaria y aumentar la resiliencia económica de los territorios.

Para el decano de Ciencias del Jardín Botánico de Nueva York, el futuro de la conservación no radica solo en la protección de especies, sino en construir modelos económicos que conviertan la biodiversidad en ese activo productivo.

“Hay un potencial enorme para el desarrollo de la bioeconomía local”, concluyó.
Museo de colecciones de plantas vivas dispuestas en jardines y paisajes en el Jardín Botánico de NY
Museo de colecciones de plantas vivas dispuestas en jardines y paisajes en el Jardín Botánico de NY. | Foto: Especial

MRA

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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