El encarecimiento global de los combustibles comienza a reflejarse en distintas economías. En México, por ejemplo, el impacto ha sido parcialmente contenido mediante estímulos al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), un mecanismo fiscal que ha evitado aumentos más abruptos en los precios al consumidor.
Este esquema funciona como un amortiguador en el corto plazo, al absorber parte de las variaciones externas y suavizar su traslado a las estaciones de servicio, según afirmó el economista Manuel Molano, académico de la Universidad de las Américas Puebla.
Tensión geopolítica aumenta incertidumbre
El contexto actual, según el especialista, es impulsado por tensiones geopolíticas y restricciones en rutas clave como el Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de 20 por ciento del petróleo mundial, de acuerdo con el economista Manuel Molano, académico de la Universidad de las Américas Puebla.
Este entorno ha reducido la disponibilidad de crudo de menor costo, obligando a los mercados a recurrir a fuentes más caras y elevando los precios internacionales.
Además, el aumento en el precio de los combustibles tiene implicaciones que van más allá del gasto cotidiano.
En una economía con fuerte vocación manufacturera, según Molan, el encarecimiento de la energía eleva los costos logísticos para el transporte de mercancías, presiona el precio de la electricidad industrial, lo que genera un efecto en cadena que termina por reflejarse en el costo final de bienes y servicios al consumidor.
A este entorno se suma la volatilidad del tipo de cambio, un factor clave para sostener la competitividad exportadora hacia Norteamérica.
Un peso relativamente estable permite mitigar parcialmente el impacto de mayores costos energéticos, aunque no elimina las presiones estructurales provenientes del exterior.
Molano detalla que si bien el IEPS ha funcionado como un “escudo” temporal, su margen de acción es limitado frente a un escenario prolongado de altos precios internacionales.
Por lo que de mantenerse esta tendencia, según el especialista, el costo podría trasladarse gradualmente a la inflación, reduciendo la capacidad de contención del gobierno y afectando tanto a consumidores como a la actividad productiva.
KL