M+.- Hay antojos que simplemente no fallan y pocas cosas se sienten tan satisfactorias como morder una hamburguesa recién hecha: el pan todavía tibio y suave, la carne soltando jugo sobre la plancha, el queso derritiéndose entre las capas.
Algunos prefieren la clásica, otros ya buscan las smash burgers, con bordes crujientes, doble carne aplastada sobre la plancha y toneladas de salsa. Y también están quienes pagan extra por pan brioche, carne madurada o ingredientes “premium”.
Pero mientras millones celebran este 28 de mayo el Día Internacional de la Hamburguesa, algo cambió silenciosamente en los últimos años: el combo barato dejó de serlo.
Lo que antes costaba alrededor de 100 pesos en muchas cadenas de comida rápida, hoy supera los 250 o hasta 400 pesos si incluye papas, refresco y delivery, sobre todo si es una hamburguesa clásica.
Y aunque parezca exagerado, la hamburguesa ya se convirtió en una especie de termómetro económico global.
Porque detrás de cada mordida existe toda una cadena de costos que refleja perfectamente cómo está la economía: carne, queso, pan, transporte, gasolina, plataformas digitales, salarios, electricidad, rentas y hasta inflación internacional.
En otras palabras: la hamburguesa ya no hace pensar en comida rápida, sino también en el costo de vivir.
¿Qué ingredientes de la hamburguesa se encarecieron más?
La carne de res, la estrella de cualquier hamburguesa jugosa y llena de grasa que escurre apenas das la primera mordida, aumentó 17.4 por ciento anual en 2025.
En algunos cortes usados para hamburguesas artesanales, como bistec y diezmillo, llegaron a dispararse hasta 40 por ciento, según informes de Comecarne.
El pan, ese que tiene que llegar suave, brillante y ligeramente tostado para aguantar el queso y las salsas sin romperse, también se encareció 7.1 por ciento anual por mayores costos de trigo, energía y transporte.
El queso amarillo, el culpable de esas fotos donde todo se derrite lentamente sobre la carne caliente, registró aumentos cercanos al 2 por ciento quincenal en algunos periodos, según monitoreo agroalimentario.
El jitomate fresco y la cebolla crujiente, básicos para darle frescura y equilibrio a una hamburguesa pesada, también sintieron el golpe de la inflación.
Por ejemplo; el jitomate llegó a subir hasta 42 por ciento, en algunos meses, y la cebolla más de 15 por ciento anual en temporadas de escasez, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader).
Las papas fritas, inseparables de casi cualquier combo, también se volvieron más caras, pues la papa registró incrementos de entre diez por ciento y 14 por ciento anual.
El aceite donde se fríen las papas y muchas veces también la carne tuvo aumentos de hasta 20 por ciento tras presiones internacionales en alimentos y energía.
El refresco helado que acompaña la hamburguesa tampoco escapó, pues las bebidas subieron entre seis por ciento y ocho por ciento anual por inflación y mayores costos en azúcar y distribución.
Pese a que el cliente muchas veces no lo nota directamente, pedir una hamburguesa por app también eleva el costo final. Plataformas de delivery llegan a cobrar comisiones de hasta 30 por ciento a restaurantes, algo que termina reflejándose en el precio del combo.
A todo eso todavía hay que sumarle Gas LP, electricidad, renta de locales y salarios, costos que también aumentaron para las hamburgueserías y restaurantes.
El glow up de la hamburguesa
La historia de este alimento comenzó hace más de un siglo, aunque su origen exacto sigue siendo motivo de debate, algunos historiadores lo relacionan con inmigrantes alemanes que llevaron preparaciones de carne desde Hamburgo hacia Estados Unidos, donde eventualmente nació la hamburguesa moderna.
Sin embargo, fue el boom de las cadenas de comida rápida en el siglo XX lo que la convirtió en uno de los alimentos más consumidos del planeta llegando a un mercado de hamburguesas en México alcanzó un valor de 35 mil 308 millones de pesos.
Durante años la hamburguesa funcionó como “la comida que salvaba la quincena”, era accesible para estudiantes, trabajadores y familias que buscaban comer fuera sin gastar demasiado, sin embargo eso comenzó a cambiar tras la pandemia.
El aumento global en precios de alimentos, energía y logística impactó directamente a restaurantes y cadenas de comida rápida. Ingredientes básicos como carne de res, pollo, aceite, pan y queso comenzaron a encarecerse de manera importante.
El cambio también transformó la cultura alrededor de las hamburguesas, hoy ya no sólo se venden como comida práctica, sino como experiencia.
Las redes sociales tuvieron muchísimo que ver, por ejemplo en TikTok e Instagram llenaron internet de videos con queso escurriendo, carne explotando en grasa sobre la plancha y hamburguesas gigantescas imposibles de comer sin ensuciarse las manos.
Las hamburgueserías entendieron rápido el juego: mientras más “instagrameable” se viera una hamburguesa, más clientes llegaban.
Eso abrió paso al boom de las hamburguesas gourmet y artesanales, ahora existen versiones con cebolla caramelizada, mermelada de tocino, trufa, carne wagyu o pan artesanal. Algunas incluso superan los 400 pesos por persona.
Y aunque muchos consumidores se quejan de los precios, las ventas continúan creciendo porque la hamburguesa dejó de ser únicamente una necesidad alimenticia, pues también se volvió un pequeño lujo aspiracional.
Especialistas llaman a esto “consumo refugio”: pequeños gastos que hacen sentir bien a las personas en momentos de estrés económico o incertidumbre.
Una hamburguesa como ejemplo de moneda mundial
Este alimento terminó entrando al lenguaje económico mundial, uno de los ejemplos más famosos es el llamado “Índice Big Mac”, creado por la revista The Economist en 1986.
El indicador compara cuánto cuesta una hamburguesa Big Mac en distintos países para medir el poder adquisitivo y el valor de las monedas frente al dólar.
La lógica es sencilla, si la misma hamburguesa cuesta muchísimo más en un país que en otro, eso puede revelar diferencias económicas importantes.
Ahora que si se prefiere una medida más universal, economistas recomiendan seguir el mundialmente famoso “Índice Big Mac”, que mide el cambio de precio de la famosa hamburguesa en prácticamente todos los países donde se consume.
La hamburguesa terminó convirtiéndose en una herramienta para explicar inflación de manera simple.
Mexico comiendo hamburguesa
En México el mercado también se volvió ferozmente competitivo, grandes cadenas internacionales pelean contra hamburgueserías independientes, food trucks y negocios virales nacidos prácticamente desde TikTok.
En México se consumen más de mil 500 millones de hamburguesas al año haciendo más accesible que muchos pequeños restaurantes encontraron en redes sociales una forma más económica de publicidad. Un video viral mostrando queso derramándose puede llenar un local durante semanas.
Tan solo las cadenas especializadas de hamburguesas, como McDonald’s, Burger King y Carl’s Jr, representan 24 mil 429 millones de pesos del mercado nacional logrando ser uno de los tres alimentos más pedidos por apps de delivery en México.
Solo en plataformas digitales se ordenan aproximadamente 440 mil hamburguesas al mes según DiDi food, además Monterrey, Guadalajara, Chihuahua, Durango y Ciudad de México son las ciudades donde más hamburguesas se consumen.
Los principales consumidores de hamburguesas en México son hombres de entre 30 y 40 años y familias de clase media con adolescentes, según Kantar, es decir aproximadamente 11 por ciento de los hogares mexicanos consumieron hamburguesas en algún momento del año.
JASA
