Tras la incursión de enero para capturar a Nicolás Maduro, Donald Trump pronosticó una ola de nuevas inversiones en el deteriorado sector petrolero de Venezuela. Sin embargo, se tardaron en llegar.
Después de más de una década de una administración corrupta y deficiente, muchos pozos petroleros existentes están en mal estado y la infraestructura está agotada, lo que requiere de enormes desembolsos. Además, el petróleo en sí es difícil y costoso de extraer.
Pero, sobre todo, las principales compañías petroleras del mundo se sienten incómodas con la situación política. Durante las presidencias de Hugo Chávez y Maduro, el sector vio cómo la economía se hundía y cómo algunos de sus activos eran incautados.
Muchos ejecutivos no creen que un gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, quien fue vicepresidenta de Maduro, represente un cambio lo suficientemente significativo como para restaurar la confianza.
Es posible que empiecen a surgir algunos acuerdos. El miércoles, Chevron se comprometió a invertir 7 mil millones de dólares (mdd) para aumentar más del doble su producción en Venezuela. Sin embargo, para acelerar la reactivación del sector petrolero venezolano, Trump cuenta con dos opciones.
Una sería impulsar unas elecciones anticipadas que dieran paso a un gobierno elegido democráticamente. Un nuevo presidente podría marcar una ruptura clara con el pasado y negociar grandes inversiones sobre la base de una auténtica legitimidad política.
Sin embargo, es probable que un diálogo sobre nuevas elecciones respaldado por Estados Unidos (EU) llegue a tomar tiempo, y lo que quiere Trump es mostrar avances decisivos a los votantes estadunidenses antes de las elecciones de mitad de mandato.
Un presidente electo también podría plantear complicaciones: la oposición venezolana es cualquier cosa menos antiestadunidense, pero un nuevo gobierno seguiría teniendo la autoridad para trazar su propio camino en lugar de acatar las órdenes de Washington.
Trump decidió tomar otra vía: una serie de realización de acuerdos poco convencionales.
En lo que tal vez sea el ejemplo más llamativo del nuevo tipo de capitalismo de Estado de la Casa Blanca, Estados Unidos se está asociando con Alejandro Betancourt, una de las figuras más polémicas del mundo empresarial venezolano.
En virtud del acuerdo, EU va a tomar una participación de 35 por ciento en la compañía petrolera de Betancourt, North American Blue Energy Partners, la cual obtuvo una concesión que abarca 17 yacimientos petroleros y cerca de una quinta parte de las reservas de Venezuela.
Betancourt ya negocia con posibles inversionistas sobre posibles acuerdos relacionados con estos activos.
Una garantía para Venezuela
Desde la perspectiva de la Casa Blanca, esta estructura presenta dos ventajas.
Las compañías petroleras interesadas en invertir en Venezuela ahora pueden hacerlo a través de Betancourt —descrito por un alto funcionario estadunidense como un “operador con una eficiencia comprobada— en lugar de tratar con la lenta petrolera estatal, PDVSA.
Algunas empresas pidieron garantías antes de regresar a Venezuela. La inversión estadunidense se va a manejar a través de la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono, la cual cuenta con los recursos necesarios para ofrecer garantías financieras a los inversionistas o a sus bancos.
Sin embargo, existen defectos importantes. Aunque todavía no se hacen públicos todos los detalles del acuerdo, este plantea interrogantes jurídicos tanto en EU como en Venezuela. En el Congreso, los demócratas lo califican de abuso de poder.
Luego está la figura del propio Betancourt. La administración dice que posee la determinación y la agresividad necesarias para lograr resultados en Venezuela.
Sin embargo, también es una figura detestada por sectores de la oposición, ya que es un miembro destacado del grupo que se volvió enormemente rico bajo el mandato de Chávez, en ocasiones mediante acuerdos favorables y poco transparentes.
Los posibles inversionistas se preguntan si este acuerdo sobrevivirá al escrutinio político en cualquiera de los dos países, especialmente si unas elecciones dan paso a un nuevo gobierno venezolano.
El tipo de compromiso a largo plazo que conlleva una gran inversión petrolera exige un alto grado de confianza en las condiciones políticas.
En el caso de Venezuela, esto implica celebrar nuevas elecciones que permitan establecer un gobierno con mayor credibilidad. No existe una solución a corto plazo para una crisis de legitimidad política.
MGS