Warren Buffett nunca ha sentido temor de ir contracorriente. La caída en el número de compañías que dividen sus acciones para reducir su precio sugiere que los jefes se dejan convencer con su postura de que las divisiones son una estrategia sin sentido. La tecnología y los cambios en las reglas contribuyen a abandonar décadas de ortodoxia corporativa. La psicología del mercado también se ve afectada: las acciones caras se están convirtiendo en sinónimo de prestigio.
Al igual que cambiar un billete de 20 dólares por dos de 10, simplemente dividir las acciones existentes de una compañía en denominaciones más pequeñas no cambia su valor. La negativa de Buffett a dividir las acciones A de Berkshire Hathaway las llevó a alcanzar 760 mil dólares cada una, aunque sus títulos B, emitidos en 1996 para hacer que las acciones de la compañía fueran más accesibles, tienen un precio más asequible de 500 dólares.
Las divisiones de acciones han sido una práctica popular, sobre todo en Estados Unidos, en parte porque tienden a aumentar el volumen de operaciones y a reducir los diferenciales. En los consejos de administración las divisiones desde hace mucho tiempo se consideran una señal de confianza de la dirección en las perspectivas de la empresa. Los estudios de mercado demuestran que, en promedio, la división produce un aumento casi inmediato de 3 por ciento. Los operadores bursátiles aún esperan obtener utilidades identificando posibles candidatos.
Sin embargo, desde 2021, cuando las bolsas de valores a escala mundial sufrieron su última caída importante, apenas 56 empresas al año, en promedio, han dividido sus acciones, a pesar de la tendencia alcista del mercado. Esta cifra es inferior al promedio de 76 que se registró en los años previos a la caída de 2021, de acuerdo con el proveedor de datos Wall Street Horizon. En el primer semestre de 2026 —normalmente el de mayor actividad— 37 empresas dividieron sus acciones, la misma cifra que hace un año.
Los cambios en las reglas juegan su parte: las acciones que cotizan en EU solían negociarse sólo en lotes redondos de 100, lo que significaba que las acciones con precios atípicos a menudo se negociaban en los llamados lotes incompletos, que tenían comisiones de transacción más altas debido a su incomodidad. Desde noviembre existen cuatro niveles, y sólo las acciones con un precio inferior a 250 dólares se agrupan en lotes de 100 acciones. La tecnología puede ser un factor aún más determinante, ya que el ascenso de las acciones fraccionarias hace casi irrelevante que, por ejemplo, Alphabet, la matriz de Google, cotice en torno a 350 dólares: se puede comprar una acción de 100 dólares con la misma facilidad.
Antes se creía que los inversionistas minoristas preferían las acciones de menor valor porque se consideraba que tenían mayor potencial para una tendencia alcista. Pero incluso durante las décadas en que la administración cuidadosa del número de acciones mantenía los precios en un promedio aproximado, pero estable, de 35 dólares, los estudios demostraron que las empresas más grandes se administraban para operar cerca de los 50 dólares. Esto sugiere un sesgo a favor del precio como indicador de calidad.
Si el precio ya no es un factor limitante, parece razonable que las cifras más altas aporten mayor prestigio. Entonces, ¿cuál será un nivel natural hoy? La especulación se centra en Sandisk, proveedor de memorias, cuyas acciones, en constante aumento, superaron 2 mil dólares. Hay 14 empresas en el S&P 500 cuyas acciones cotizan por encima de los mil dólares, incluidas Goldman Sachs y Eli Lilly. Nvidia dividió sus títulos por 10 hace dos años, cuando se acercaban a mil dólares, pero las de Google superaron 2 mil 500 dólares antes de dividir cada unidad en 20 en 2022.
El pensamiento de Buffett sobre las divisiones de acciones está de moda, pero no por las razones que expone. Si bien el precio de los títulos guarda poca relación con su valor real, es difícil culpar a las firmas por atraer a los que asocian cifras altas con éxito.