La mañana del 29 de mayo, el personal de Blue Origin llegó a su plataforma de lanzamiento en Florida y encontró una escena de devastación.
La noche anterior, uno de los cohetes New Glenn de la compañía, de 98 metros de altura, explotó en una enorme bola de fuego que algunos observadores compararon con una detonación nuclear.
Motores y restos del vehículo quedaron esparcidos alrededor de un hangar dañado. El transportador utilizado para colocar los cohetes en posición vertical colapsó y una torre de protección contra rayos quedó destruida.
Aunque no hubo heridos, varios empleados describieron el impacto emocional del incidente. “Todo nuestro arduo trabajo quedó hecho cenizas”, dijo uno de ellos al Financial Times. Blue Origin declinó comentar para este artículo.
La investigación sigue en curso, pero empleados de la compañía señalan que una presunta fuga habría provocado la explosión durante una prueba de “encendido estático” de los motores, previa a una misión para colocar en órbita 48 satélites de Amazon, según personas familiarizadas con el caso, incluso se han encontrado componentes calcinados lejos de la costa atlántica.
La catástrofe llega en un momento especialmente delicado para la empresa fundada por Jeff Bezos. Durante años, Blue Origin ha quedado rezagada frente a SpaceX, de Elon Musk, que el año pasado realizó 170 misiones y consolidó su liderazgo en el mercado espacial.
El lento avance forma parte de la identidad de Blue Origin. Su lema, Gradatim Ferociter (“paso a paso, intensamente”), la presenta como la tortuga frente a la liebre de Musk.
Pero, en privado, la rivalidad se vive con intensidad. “A Jeff le hierve la sangre que estemos tan rezagados respecto a SpaceX”, asegura un alto empleado.
Hasta hace poco, la compañía parecía lista para reducir la distancia. Tras una profunda reorganización liderada por Dave Limp, exejecutivo de Amazon, el equipo aspiraba a realizar 12 lanzamientos este año con su cohete de carga pesada New Glenn.
el dato...12 lanzamientos proyectaba Blue Origin
En su cohete de carga New Glen para 2025.
Tan solo una semana antes del accidente, Bezos había abierto las puertas de la fábrica a CNBC y aseguró que Blue Origin estaba preparada para recibir inversionistas externos por primera vez. “Por fin tenemos suficiente visibilidad sobre nuestro futuro y nuestro éxito financiero”, afirmó.
Ahora, la empresa enfrenta la tarea de reconstruirse mientras SpaceX fortalece aún más su posición gracias a una exitosa salida a bolsa.
Las aspiraciones de Blue Origin de desafiar el dominio de su rival dependen de una apuesta crucial: lograr que New Glenn vuelva a volar antes de que termine el año.
La explosión de mayo fue un costoso recordatorio de los riesgos de acelerar el ritmo. Pero también refleja la magnitud de la oportunidad que persigue la compañía: impulsar una nueva era de infraestructura, exploración y descubrimiento más allá de la Tierra.
“Tienen un cohete potente y capaz”, afirma Greg Autry, exenlace de la Casa Blanca con la NASA. “Pero SpaceX tiene una cadencia operativa asombrosa y todavía está por verse si Blue puede igualarla. Yo creo que sí”.
el dato...170 misiones espaciales
Realizó SpaceX en 2024.
A la sombra de SpaceX
Amazon era poco más que una librería en línea cuando Jeff Bezos fundó Blue Origin en 2000.
En sus primeros años, la compañía operó como un laboratorio de investigación dedicado a estudiar los vuelos espaciales y la reutilización de cohetes. Bezos —entonces y ahora su único accionista— la financió vendiendo acciones de Amazon.
A finales de la década de 2000, bajo la dirección del exingeniero de la NASA Rob Meyerson, Blue Origin dio el salto a los vuelos espaciales comerciales. Su principal apuesta fue New Shepard, un cohete de 18 metros diseñado para transportar turistas en vuelos suborbitales.
La empresa logró hitos importantes. En noviembre de 2015 se convirtió en la primera compañía en aterrizar con éxito un propulsor reutilizable tras un vuelo suborbital. Pero sus avances pronto quedaron opacados por SpaceX.
Tan solo un mes después, la empresa de Elon Musk logró una hazaña similar en órbita y aceleró el desarrollo de Falcon 9, un vehículo capaz de transportar casi 23 toneladas al espacio.
Según documentos regulatorios, SpaceX colocó más del 80 por ciento de toda la masa enviada a órbita el año pasado.
“SpaceX estableció los estándares de la industria”, afirma Caleb Henry, analista de Quilty Space. “Blue Origin entró en un mercado que terminó pareciéndose a un cuasi monopolio y ahora compite por el segundo lugar”.
Empleados actuales y antiguos sostienen que Blue Origin tuvo dificultades para evolucionar de un laboratorio experimental a una empresa espacial consolidada.
Bajo la dirección de Bob Smith, exejecutivo de Honeywell que asumió el cargo en 2017, la compañía adoptó una cultura más burocrática y conservadora, según estas fuentes.
Otros reconocen que durante su gestión la empresa creció de unos 500 a más de 11 mil empleados y construyó la infraestructura necesaria para competir por contratos comerciales y gubernamentales de gran escala.
La limitada participación de Bezos tampoco ayudó. Mientras dirigía Amazon, dedicaba solo parte de su tiempo a Blue Origin.
“Su negocio principal era Amazon”, recuerda un antiguo ejecutivo. “Dependía de otros”.
La cautela de la compañía permitió que Bezos viajara al espacio de forma segura en julio de 2021, durante la primera misión tripulada de Blue Origin. Pero, según exdirectivos y empleados, esa misma aversión al riesgo también frenó el crecimiento de la empresa mientras SpaceX ampliaba su ventaja.
A ello se sumaron problemas técnicos. En septiembre de 2022, un fallo provocó que un New Shepard se incendiara poco después del despegue, obligando a suspender sus operaciones durante 15 meses. El vuelo no llevaba tripulación, pero internamente encendió las alarmas.
“Si hubiéramos matado gente”, recuerda un antiguo ejecutivo, “habría sido el fin”.
La carrera por el espacio
El nombramiento de Dave Limp en 2023 marcó un punto de inflexión para Blue Origin.
El exejecutivo de Amazon llegó sin experiencia previa en la industria espacial, pero con una ventaja clave: entender la visión de Jeff Bezos y compartir su lenguaje empresarial.
el dato...48 satélites planeaba Blue Origin desplegar
Durante la misión fallida.
“Dave entiende lo que Jeff quiere decir cuando habla de ciertos proyectos. Hablan el mismo idioma”, señala un exdirectivo de la compañía.
Limp heredó el problemático programa New Glenn, retrasado durante años. La situación llegó a tal punto que Amazon tuvo que contratar proveedores externos, incluido SpaceX, para lanzar parte de su constelación de satélites Kuiper.
El cambio de rumbo coincidió con una mayor implicación de Bezos en la empresa tras dejar la dirección de Amazon en 2021. Según antiguos empleados, el fundador comenzó a participar activamente en reuniones semanales, revisiones técnicas y decisiones estratégicas.
Mientras tanto, Limp introdujo una cultura de trabajo más cercana a la de Amazon y SpaceX, con objetivos más agresivos, jornadas más largas y una profunda reestructuración.
El año pasado eliminó más de 10 por ciento de la plantilla y sumó a varios exdirectivos de Amazon, entre ellos Tim Collins (cadena de suministro), Josh Koppelman (tecnología) y Allen Parker (finanzas). También fichó a Tory Bruno, exCEO de United Launch Alliance, para liderar el negocio de seguridad nacional.
Empleados actuales y anteriores atribuyen a estos cambios parte del éxito del primer lanzamiento orbital de New Glenn en enero de 2025. Aunque la empresa sacrificó el propulsor para acelerar el desarrollo, logró alcanzar la órbita. Posteriormente recuperó el cohete en vuelos realizados en noviembre y abril.
Blue Origin también incorporó talento procedente de SpaceX y adoptó un enfoque de desarrollo más iterativo. En abril, uno de sus motores BE-4 mejorados explotó durante una prueba, pero las reparaciones se completaron en pocas semanas. “Las cosas fallan y se aprende de eso”, resume un empleado.
Bezos, además, ha incrementado significativamente la inversión en la compañía, ampliando instalaciones de fabricación y construyendo una segunda plataforma de lanzamiento en Florida.
Como parte de esta estrategia, Blue Origin pausó durante dos años el desarrollo de New Shepard para concentrar recursos en sus objetivos comerciales y en New Glenn.
La compañía también busca replicar el éxito de Starlink, el negocio de internet satelital de SpaceX, que generó 4 mil 400 millones de dólares (mdd) en ingresos operativos el año pasado. Su apuesta es TeraWave, una red de satélites empresariales presentada en enero y concebida como una futura fuente de flujo de caja positivo.
Durante una reunión interna reciente, Limp explicó que la empresa pretende destinar aproximadamente la mitad de los vuelos de New Glenn al despliegue de su propia constelación.
“No hace falta buscar muy lejos para encontrar el modelo de negocio. Basta con mirar a SpaceX”, dijo, según personas cercanas a la compañía.
Blue Origin ya solicitó autorización ante la FCC para desplegar 5 mil 408 satélites TeraWave y presentó además el Proyecto Sunrise, una ambiciosa propuesta para crear una constelación de 51 mil satélites orientados a cargas de trabajo de inteligencia artificial.
el dato...3 mil 400 mdd recibió Blue Origin
Para el módulo lunar de Artemis.
Sin embargo, replicar el modelo de SpaceX será complejo. La valoración de la empresa de Elon Musk supera los 75 mil mdd y su negocio satelital financia gran parte del desarrollo de Starship, el gigantesco cohete totalmente reutilizable que sustenta sus planes futuros, incluidos centros de datos orbitales para aplicaciones de IA.
Limp enfrenta además un desafío interno: la motivación de los empleados. Mientras los trabajadores de SpaceX han visto crecer el valor de sus participaciones, Blue Origin no ofrece acciones reales. El nuevo plan de compensación contempla únicamente incentivos en efectivo vinculados al desempeño.
“Todos trabajamos duro para alcanzar los objetivos de la empresa, pero Jeff no nos ha cumplido”, afirma un empleado.
Un exejecutivo asegura que Bezos siempre se mostró escéptico sobre otorgar participaciones accionarias. “No creía que fueran determinantes para atraer o retener talento”, explica. “Y tampoco quería ceder control”.
Tras el desastre de Blue Origin
Varios empleados y expertos de la industria que presenciaron el incidente del 28 de mayo lo compararon con la explosión que sufrió SpaceX en 2016 durante una prueba de “fuego estático” de un Falcon 9.
En aquella ocasión, el cohete ya transportaba un satélite valuado en 200 mdd que quedó destruido. Aunque fue un duro golpe, SpaceX logró recuperarse.
Tras la explosión de New Glenn, Elon Musk reaccionó en X con un breve mensaje: “Muy desafortunado. Los cohetes son difíciles”.
Por su parte, el CEO de Blue Origin, Dave Limp, aseguró el 1 de junio que uno de los propulsores y tres etapas superiores almacenados en las instalaciones no sufrieron daños. “Volveremos a volar antes de finales de este año”, afirmó.
Sin embargo, dentro de la compañía crece el escepticismo. Aunque Blue Origin analiza acelerar una plataforma de lanzamiento rediseñada e incorporar mejoras técnicas que habían sido aplazadas para priorizar los lanzamientos, varios empleados dudan que New Glenn regrese al espacio en 2025.
“Todavía estamos revisando los escombros. Me sorprendería que volviéramos a lanzar este año”, señala un empleado con años en la empresa. “Reconstruir la plataforma llevará meses”.
Fotografías obtenidas por Financial Times muestran la magnitud de los daños: estructuras de concreto destruidas, restos del cohete dispersos y afectaciones en las tuberías que suministran combustible, refrigerante y gases esenciales para la operación segura del vehículo.
el dato...468 mdd obtuvo recientemente Blue Origin
En contratos para módulos lunares.
“No existe un plazo claro para recibir piezas críticas”, advierte otro empleado. “Aunque se reasignen recursos de otras áreas, seguirán existiendo limitaciones”.
Los retrasos podrían beneficiar a SpaceX, ya que los analistas prevén que muchos clientes recurran a la empresa de Musk para futuros lanzamientos.
Aunque competidores como ULA y la europea Arianespace podrían captar algunas oportunidades, pocos ofrecen la misma frecuencia de vuelo y capacidad de carga.
La recuperación de Blue Origin, sin embargo, es estratégica para EU, que busca mantener una industria espacial competitiva y reducir la dependencia de un solo proveedor frente al avance de China.
La empresa tiene un contrato de 3 mil 400 mdd con la NASA para desarrollar un módulo de alunizaje del programa Artemis y recientemente obtuvo otros 468 mdd para dos módulos lunares no tripulados. Otras compañías, como ULA, Rocket Lab, Relativity y Stoke Space, también han conseguido contratos gubernamentales.
“El gobierno de EU quiere competencia y está invirtiendo para lograrla”, afirma Rob Meyerson, expresidente de Blue Origin y actual director ejecutivo de Interlune. “Todavía hay mucho espacio para más proveedores de lanzamiento”.
Jeff Bezos reiteró su compromiso tras el accidente: “Vamos a reconstruir todo lo necesario y volveremos a volar. Vale la pena”.
Mientras tanto, Blue Origin ha movilizado personal de distintas sedes, incluida su oficina central en Kent, Washington, para apoyar la recuperación en Florida.
La compañía planea mantener operaciones las 24 horas durante parte del año y ya advirtió a sus trabajadores que enfrentarán meses de intensa actividad.
Pese a las preocupaciones por la carga de trabajo, muchos empleados mantienen intacta su convicción. “Estamos aquí porque creemos en esta misión. Creemos en el espacio”, resume uno de ellos.
MGS