Negocios

¿Europa puede volver a ser un líder mundial?

Crear un mercado único real requiere innumerables reformas para consolidar su posición en la economía digital

Estuve en Italia la semana pasada para asistir a la conferencia de seguridad Aspen Europe, pero también para escapar de la sensación de angustia que me acompaña desde que comenzó la guerra contra Irán. Como escribió recientemente Ruchir Sharma en las páginas de Financial Times, la fortaleza económica fundamental de Estados Unidos permite que el presidente Donald Trump siga causando estragos en todo el mundo sin hundir por completo la economía estadunidense (al menos no todavía). Sí, hay muchas probabilidades de que los demócratas arrasen no sólo en la Cámara de Representantes, sino también en el Senado, en las elecciones de mitad de mandato, y entonces veremos qué propuestas políticas tienen (para debatir más sobre esto habrá un artículo futuro). Pero, mientras tanto, me temo que esto hace que Trump sea aún más peligroso.

Él y los que lo rodean pueden ser objeto de investigaciones si los demócratas toman el control del Congreso, y algunas personas dentro y fuera de la administración podrían enfrentarse a penas de prisión. Como todo líder autoritario, Trump hará lo que sea para impedir eso (incluido, sospecho, tratar de descarrilar las elecciones de alguna manera, o tal vez usar un proyecto de ley de reconciliación para pagar estímulos fiscales a los votantes mediante cheques que él mismo firma antes del día de las elecciones). También podría seguir generando problemas en el extranjero de diversas formas para confundir y distraer aún más al electorado.

Suponiendo que no mejore la situación en Estados Unidos en el corto plazo, uno debe preguntarse si mejorará en Europa. Es decir, ¿Europa se va a comprometer de nuevo con una mayor integración? Como ya escribí antes, creo que si existiera una verdadera unión fiscal y un reparto transfronterizo de riesgos y cargas entre los Estados miembros, veríamos un flujo de capital hacia la Unión Europea, ya que los inversionistas buscan una protección contra la depreciación del dólar. Es cierto que el precio del oro bajó durante la guerra de Irán, pero eso se debe más a la paridad dólar-petróleo y al hecho de que los inversionistas tuvieron que vender oro para cubrir parte de las pérdidas apalancadas derivadas del desplome de las acciones estadunidenses.

Por supuesto, siempre es más fácil ver el lado positivo para Europa cuando se escribe desde Estados Unidos. Varios colegas creen que la situación en Europa tiene que empeorar mucho antes de que las cosas mejoren. Como señaló mi colega Martin Sandbu, el intento de la semana pasada de la “Unión Europea S.A.” de simplificar la regulación empresarial en todo el bloque fue un pobre sustituto de una verdadera integración jurídica y de capitales. Casi dan ganas de que Trump hubiera invadido Groenlandia, porque una amenaza soberana podría ser lo que se necesita para que las naciones del mercado único se comprometan de nuevo con su futuro común.

Se puede argumentar que, incluso si eso llegara a suceder, Europa se encuentra en una enorme desventaja tecnológica respecto a China y Estados Unidos. Sí, es cierto, no existe un equivalente europeo de las Siete Magníficas (las siete empresas tecnológicas más grandes y de mayor rendimiento en el mercado bursátil estadunidense) ni de los gigantes digitales chinos.

Tampoco los europeos desean el tipo de estado de vigilancia con el que China y Estados Unidos parecen estar conformándose. Sin embargo, esto puede representar una ventaja competitiva, dado que empezamos a ver una importante reacción política negativa contra las grandes compañías de tecnología en EU.

Un ejemplo de esto es el dictamen de la semana pasada en el que se concluyó que Meta y Google ponen en peligro la salud mental infantil a través de la adicción a las redes sociales, o la reacción negativa, tanto en la industria como entre el público en general, ante el consumo excesivo de electricidad y el consiguiente aumento de precios que generan los centros de datos de inteligencia artificial (IA).

Si Europa lograra encontrar la manera de avanzar hacia el futuro digital con una infraestructura y un marco regulatorio más compatibles con los valores democráticos, tal vez podría consolidar su posición en el mundo digital, sobre todo a medida que la inteligencia artificial se integra en la industria, donde las empresas europeas siguen siendo a menudo líderes mundiales.

Estoy segura de que algunos lectores de Swamp Notes van a considerar este análisis demasiado optimista. Pero busco destellos de esperanza en un mundo sombrío, y creo que Europa sigue siendo uno de ellos. Para ayudarme a analizar estas ideas y exponer qué puede suceder —y qué está ocurriendo— para aumentar la competitividad en el continente, me acompaña esta semana en Swamp Notes Max von Thun, director de la sede de Bruselas del Open Markets Institute, un centro de estudios sin fines de lucro dedicado a combatir la concentración de poder y a apoyar los valores democráticos.

Max, dime en qué áreas avanza Europa y en cuáles podría seguir haciéndolo. ¿Existe alguna manera de que Europa lidere una coalición de “potencias intermedias” como la que Mark Carney, primer ministro de Canadá, mencionó en su ya famoso discurso durante el Foro Económico Mundial de este año, celebrado en Davos, Suiza? Estas potencias representarían 40 por ciento del producto interno bruto (PIB) mundial, frente a 20 por ciento de Estados Unidos y 20 por ciento de China. Ayúdanos a comprender qué se necesita para que Europa deje de ser un mero espectador y vuelva a ocupar una posición de liderazgo real en la economía global.

Lecturas recomendadas

-Daniel Immerwahr hizo una observación acertada en un artículo de The New Yorker sobre la guerra de Trump contra Irán y cómo ésta expone el rechazo de Estados Unidos al imperialismo (lo cual me pareció convincente y a la vez contrario a la lógica).

-También hay un inquietante artículo de Bloomberg en el que analiza lo que aún estamos aprendiendo sobre el covid largo.

-Free Press informa sobre cómo algunas personas que toman Ozempic —que inhibe el deseo no sólo de comer, sino de muchas otras cosas— reportan efectos secundarios preocupantes.

-Me encantó el perfil que realizó The New Yorker sobre la estrella del pop sueca Robyn, quien me hace creer que la industria musical moderna todavía tiene espacio para la originalidad.

-En Financial Times, mi colega Gillian Tett describe cómo Irán demostró (una vez más) el valor de las industrias tradicionales. Mi colega de Swamp Notes Ed Luce entrevista al abogado de condenados a muerte Bryan Stevenson en un restaurante de comida tradicional sureña. Y sin duda probaré toda la pastelería de Brooklyn que aparece en la lista del FT Globetrotter.

Max von Thun responde

Rana, comparto tu opinión de que Europa tiene una oportunidad real de aprovechar el vandalismo político y económico de Trump. La cuestión es si está dispuesta a realizar el arduo trabajo que se necesita para aprovechar este momento.

La buena noticia es que la clase política europea empieza a comprender tanto lo que está en juego como la necesidad de actuar con rapidez. En una cumbre de alto nivel el mes pasado, los líderes europeos anunciaron un plan para fortalecer la competitividad económica y la autonomía estratégica de Europa, bajo el atractivo título (para los estándares de la jerga de la Unión Europea), de “Una Europa, un Mercado”.

Crear un mercado verdaderamente europeo no se trata tanto de un gran cambio repentino, sino de innumerables reformas menores en todos los sectores y Estados miembros que, en conjunto, dan como resultado algo sustancial. Se están logrando avances reales, incluyendo planes para un “monedero digital” europeo común, normas armonizadas para la creación de startups y un paquete de medidas para unificar los fragmentados mercados de capitales europeos (que actualmente impiden que estas compañías emergentes obtengan el financiamiento que necesitan para crecer y consolidarse). Como bien señalas, la Unión Europea también necesita una mayor integración fiscal para actuar como un actor económico coherente tanto a nivel interno como global.

Para fomentar un mercado dinámico que genere y circule riqueza de manera local, Europa también tiene que abordar su profunda dependencia de fuentes externas, ya sea de las grandes compañías estadunidenses del sector de tecnología o de los equipos chinos de energía limpia. En este sentido, también se han logrado avances para solucionar el problema, incluidas nuevas leyes de la Unión Europea como la Ley de Mercados Digitales y el Reglamento de Subsidios Extranjeros, que fijan la mira en el dominio de las grandes compañías de tecnología y el mercantilismo financiado por el Estado, respectivamente. Esto se complementa con un renovado impulso para ampliar las alternativas europeas, permitiendo, entre otras cosas, que las autoridades públicas favorezcan a los actores locales en los contratos de compras públicas.

Si bien hay muchos motivos para el optimismo, Europa sigue siendo, en muchos sentidos, su peor enemigo. El desastre de Groenlandia destruyó cualquier ilusión sobre la confiabilidad de la administración de Donald Trump, pero Europa aún teme provocar su ira, sobre todo en lo que respecta a controlar la tecnología estadunidense. Esto está intrínsecamente ligado a los justificados temores a la retirada de Estados Unidos de Europa y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en materia de seguridad; sin embargo, los últimos esfuerzos por garantizar la autonomía militar europea todavía no son lo suficientemente ambiciosos.

También me preocupa que el enfoque de Europa en la promoción de la competitividad económica se lleve a cabo de maneras que corren el riesgo de tener el efecto contrario. La Unión Europea está actualmente debilitando muchas de sus emblemáticas protecciones ambientales, sociales y digitales, todo en nombre de la competitividad. Como señalas, en un mundo de creciente autoritarismo, inestabilidad política y depredación corporativa, Europa atraerá talento e inversión ofreciendo una alternativa democrática y basada en normas, no una versión descafeinada de DOGE. En lugar de recrear una réplica inferior del modelo estadunidense, profundamente defectuoso, Europa debe tener el valor de hacer algo fundamentalmente diferente.

Por último, preguntas si Europa puede liderar el tipo de coalición de “potencias intermedias” propuesta por Mark Carney. La respuesta, en mi opinión, es sí: la Unión Europea es en sí misma una unión de ese tipo de potencias y, por tanto, está bien posicionada para reunirlas a escala internacional. Que lo haga es otra cuestión. Si bien el bloque ha logrado importantes acuerdos comerciales con India y Mercosur, los líderes políticos europeos hoy son capaces de brindar el liderazgo moral y político necesario para unir a los países en torno a una visión alternativa para la economía global.

Dicho esto, sigo siendo optimista y creo firmemente que Europa puede demostrar que sus críticos están equivocados y ser algo más que sólo un museo y regulador de la innovación ajena. Si juega bien sus cartas, la Unión Europa podrá liderar el camino hacia la socialdemocracia y la cooperación global en el siglo XXI.


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@The Financial Times Limited 2026. Todos los derechos reservados . La traducción de este texto es responsabilidad de Milenio Diario.

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