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Emily Wilson explica por qué Odiseo nunca envejece

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La traductora de La Odisea transformó la manera de leer a Homero y explica por qué Odiseo regresa de la mano de Christopher Nolan.

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Poco antes de que mi invitada llegue a almorzar, descubro que la taberna griega que elegimos no sirve alcohol. Peor aún: el mesero no sabe dónde puedo comprar una botella de vino. 

En un sofocante día de verano en el centro de Filadelfia, salgo a recorrer las calles en una búsqueda inesperadamente complicada. Al final, solo encuentro dos opciones: un Pinot Grigio moldavo o un Vinho Verde portugués. Elijo este último, convencido de que un vino del sur de Europa es el acompañamiento ideal para un festín homérico moderno.

Emily Wilson, la aclamada traductora de las epopeyas de Homero, me espera bajo un cuadro de un tranquilo puerto del Egeo. Ella eligió el pequeño restaurante familiar Kanella, con sus toldos azules y blancos, por ser lo más parecido a la isla mediterránea donde imaginamos encontrarnos, siguiendo el viaje de Odiseo.

Profesora de estudios clásicos en la Universidad de Pensilvania, Wilson se ha convertido en una celebridad dentro y fuera del mundo académico. Hace una década, sus editores temían que su traducción de La Odisea —la primera escrita por una mujer en verso inglés— tuviera pocas ventas. 

Ocurrió lo contrario. Publicada en 2017, fue celebrada por su ritmo, la claridad de su lenguaje y por aportar una perspectiva femenina largamente ausente en el poema, algo que también despertó críticas de sectores de la derecha nacionalista, acostumbrados a ver la Grecia clásica como un ideal de masculinidad.

Su influencia ya trasciende la academia. El director Christopher Nolan ha citado su traducción como inspiración para su superproducción. Y aunque a Wilson le incomoda que la definan como una traductora “modernizadora”, su prestigio es indiscutible. Hace un año sorprendió al público cuando, en plena lectura de La Ilíada, se quitó la chamarra para revelar tatuajes inspirados en Homero, entre ellos un búho, símbolo de Atenea, en sus brazos.

Pero la profesora de 54 años mantiene los pies en la tierra. Tiene una tarde de trabajo en la biblioteca y rechaza la copa de vino que tanto me costó conseguir. La razón, confiesa, es que está intentando traducir La Odisea por segunda vez.

“Sé que es ridículo” dice. “Pero estoy obsesionada con ella”. No es la única. Después de todo, vivimos una nueva era de La Odisea.

El regreso de Homero

Han pasado más de 2 mil 500 años desde que Homero marcó el rumbo de la literatura occidental con La Ilíada y La Odisea. Desde entonces, el héroe cambiante y lleno de matices de esta última, empeñado en regresar a casa tras la Guerra de Troya, ha inspirado a autores como Virgilio, Dante, Milton y James Joyce.

Su viaje, el de un héroe resiliente pero imperfecto, también ha sido objeto de múltiples interpretaciones. En las décadas de 1920 y 1930, la teoría del “gran libro” sostenía que leer las epopeyas podía fortalecer los mejores instintos de la humanidad y evitar otra guerra.

La primera traducción de La Odisea de E. V. Rieu para Penguin Classics, escrita durante el Blitz en Londres, reflejaba el espíritu de 1946, cuando millones de soldados y civiles intentaban regresar a casa.

Hoy, la fascinación por Homero vive un nuevo auge. En la última década han proliferado traducciones y novelas que reinventan sus epopeyas, especialmente las de Pat Barker y Madeline Miller. Incluso la traducción de Emily Wilson inspiró una ópera del compositor Tom Smail.

El cine también ha contribuido a este renovado interés. En 2024, Ralph Fiennes protagonizó The Return (La Odisea: el regreso), de Uberto Pasolini, junto a Juliette Binoche como Penélope. La película eliminó dioses, monstruos y aventuras para centrarse en el regreso al hogar.

A Wilson le interesa esa lectura porque es casi el reverso del poema. “Sus valores no son los de Homero”, afirma. Aunque considera que la cinta fue “demasiado lejos” al eliminar la magia, los dioses y el humor, planeaba verla de nuevo antes del estreno de la esperada adaptación de Christopher Nolan.

Matt Damon es uno de los actores de la película Odisea.
Matt Damon es uno de los actores de la película Odisea.

Todo indica que la versión de Nolan apuesta por un espectáculo visual, como sugiere el tráiler con Caribdis. La producción ya generó polémica: Elon Musk la criticó por elegir a Lupita Nyong’o como Helena, acusando a Nolan de “profanar” el texto de Homero. Wilson, que nunca ha hablado con el director, ha estado revisando su filmografía para prepararse.

“Muchas películas de Nolan tienen protagonistas masculinos que intentan recuperar a una mujer perdida: Batman, Interestelar. Me interesa saber si impondrá una idea contemporánea del matrimonio entre Odiseo y Penélope y sugerirá que son una pareja de iguales. Muchos lectores desean que así sea, pero yo no creo que el poema plantee eso”, señala.

¿Por qué La Odisea vive este renacimiento en el siglo XXI? Para Wilson, no se trata solo de buscar consuelo en el pasado, sino de comprender su extrañeza.

“¿Cómo afrontas el futuro cuando es tan impredecible? Hay algo muy valioso, emocional e intelectualmente, en entender que el mundo ha sido muy distinto al actual y volverá a cambiar”.

Añade que, a diferencia de la Biblia —“un texto canónico muy controvertido”—, Homero ofrece otra obra antigua con la que todos pueden dialogar desde perspectivas distintas.

Aunque la historia se sitúa en la Edad de Bronce, fue compuesta siglos después, probablemente en el siglo VIII a. C., una época de grandes transformaciones que Wilson considera comparable con la actual globalización y los movimientos migratorios.

“Los griegos colonizaban el Mediterráneo y abandonaban sus asentamientos en busca de nuevos territorios. La pregunta sobre a quién pertenece un lugar sigue siendo central hoy, tanto en Estados Unidos como en Europa”. 

También encuentra otra resonancia contemporánea: la reflexión sobre la estrategia, la planeación y el papel de la tecnología para resolver los problemas humanos.

No todos reciben con entusiasmo sus interpretaciones. Sus críticos, especialmente desde sectores conservadores, la acusan de ofrecer un Homero “progre”. Señalan decisiones como traducir “esclavo” en lugar de “sirvienta” o presentar a un Odiseo menos idealizado.

“Muchos de esos ataques dicen cosas como: ‘Tú y todas las mujeres deberían callarse’. Creo que buena parte proviene de algoritmos que promueven la idea de que Homero retrata un mundo de fantasía donde solo importaban los prototipos de hombres blancos”.

Para Wilson, esa visión simplifica las epopeyas. “Odiseo tiene tantas facetas que funciona como una prueba de Rorschach. Cada quien encuentra en él el personaje que quiere ver”.

Aun así, rescata un aspecto positivo de la polémica: ha llevado a muchos lectores a reflexionar sobre el trabajo del traductor.

“Mucha gente que solo habla inglés nunca piensa en la traducción ni en lo difícil que es. Si toda esta absurda discusión sobre el género sirvió para que repararan en ello, me parece bien. Solo estoy cansada de que ese sea el principal calificativo con el que se me identifica”.

La nueva travesía de Odiseo

La cuenta regresiva para la película de Christopher Nolan provocó una nueva oleada de críticas en internet. Emily Wilson abandonó X hace tiempo porque, dice, estaba “lleno de discursos sobre el canon occidental y la masculinidad, y cómo gente como yo lo había destruido todo”. Con sarcasmo, invita a sus críticos a leer a Homero en griego. Sin embargo, por ahora le preocupa más la reacción de los lectores del Financial Times ante su abstinencia de alcohol.

¿Me van a regañar?, pregunta mientras brindo por su segunda Odisea con una copa de vinho verde.

Sonríe con picardía y lanza una propuesta acorde con el espíritu del poema: romper la regla de oro del periodismo y fingir que ha bebido.

“En realidad no estoy sugiriendo que hagas eso. Pero eso es lo que haría Odiseo”, dice.

En el imaginario popular, La Odisea es una sucesión de aventuras en las que el héroe lucha por regresar a Ítaca tras la guerra de Troya, enfrentándose a Escila y Caribdis, las Sirenas, Polifemo y los dioses caprichosos. Pero esos episodios ocupan apenas una parte del poema. Gran parte de la obra transcurre en Ítaca, donde Penélope resiste a los pretendientes que consumen el patrimonio familiar mientras esperan ocupar el lugar de Odiseo.

Los banquetes son un motivo recurrente en la epopeya, aunque en esta ocasión no hay carne al estilo homérico: hace demasiado calor y Wilson es vegetariana. Compartimos mutabal, ezme, hummus, ensalada y crujientes papas chipriotas mientras conversamos sobre el dilema eterno de todo traductor: cómo equilibrar fidelidad y legibilidad, tema central de su nuevo libro de ensayos, Crossing the Wine Dark Sea.

A Wilson le incomoda que su traducción haya sido etiquetada como “feminista” o “moderna”. Considera que ambos calificativos simplifican y malinterpretan su trabajo. “No me considero moderna en absoluto. Me considero muy victoriana”, afirma.

Como referencia cita al poeta y crítico Matthew Arnold, quien sostenía que una traducción de Homero debía preservar cuatro cualidades: ritmo, sencillez en la sintaxis y el pensamiento, y nobleza.

ella dice...

“Muchas películas de Nolan tienen protagonistas

Masculinos que intentan recuperar a una mujer perdida”.

Wilson proviene de una familia de académicos. Su madre fue la especialista en literatura inglesa Katherine Duncan-Jones; su padre, el escritor A. N. Wilson. Estudió Clásicas en Oxford, cursó una maestría en Literatura Inglesa, obtuvo el doctorado en Yale y desde 2002 enseña en la Universidad de Pensilvania.

Su traducción también despertó críticas entre los tradicionalistas. Una de las decisiones más debatidas fue traducir la palabra con la que Homero presenta a Odiseo en el primer verso como “complicado”, en lugar del habitual “versátil”. 

Otros cuestionaron el uso del pentámetro yámbico, más breve que el hexámetro griego. Wilson responde que el traductor debe ser fiel al espíritu antes que a la literalidad y recuerda la máxima de Cicerón: traducir “sentido por sentido”, no “palabra por palabra”.

Sobre su nueva versión de La Odisea, dice que aspira a lo “sublime”, inspirándose en George Chapman y Alexander Pope, aunque sin la ornamentación de sus predecesores. “Homero debe sentirse nítido, fresco y claro, con la sencillez de la poesía popular”.

Para reflejar la mezcla de dialectos del original, incorpora matices del inglés contemporáneo, como describir a Odiseo como un “pícaro”.

En esta ocasión también recuperará muchos de los epítetos homéricos que redujo en su primera traducción gracias al uso de versos más largos.

“La aurora de rosados dedos... ¿Será mejor? ¿Más sublime? Quién sabe. Tal vez fracase estrepitosamente”, dice.

Todo indica lo contrario. Días antes de nuestro encuentro, Zendaya —quien interpretará a Atenea en la adaptación de Nolan— publicó una fotografía comprando la traducción de Wilson. Cuando la adaptación cinematográfica alcance su punto máximo, Odiseo llegará a una audiencia más amplia que nunca.

Wilson cree que la capacidad del héroe para reinventarse explica su vigencia. “Vivimos rodeados de historias sobre engaños, manipulación y persuasión. Odiseo pertenece a ese mundo. Es un tipo distinto de estafador: también es heroico y anhela la gloria”, dice.

Para ella, nunca ha sido un personaje moralmente intachable. Ya en La Ilíada, Aquiles desprecia a quien “oculta una cosa en su corazón y dice otra”. Dante lo colocó entre los malos consejeros del octavo círculo del Infierno.

Le pregunto si Odiseo le parece simpático. “Sí. Es un pícaro entrañable, un mentiroso entrañable. Admiro su tenacidad y su capacidad para inventar una historia distinta para cada ocasión”, responde. “¿Querría tenerlo como mejor amigo? Claro que no. Pero eso no importa. En la literatura basta con que un personaje sea interesante; no necesita ser una buena persona”.

Al terminar el almuerzo debo regresar a Washington para cubrir el mundo de Donald Trump. Mientras llega el baklava y el café, le pregunto con cuál de los héroes homéricos identifica al presidente estadunidense: ¿Aquiles u Odiseo?

Wilson no duda. “Trump quiere vivir para siempre, algo que ni Aquiles ni Odiseo desean. Se parece mucho más a Agamenón”.

Lo describe como un líder orgulloso y vanidoso que espera tributos constantes y atribuye sus errores a otros. “Está obsesionado con acumular riqueza e influencia. En su mente, si algo sale mal, la culpa es de Zeus, nunca suya”.

Recuerdo entonces la observación reciente de un diplomático aliado de Estados Unidos: la nueva regla de oro para tratar con la Casa Blanca es llegar siempre con una oferta. Esa noche le escribo a Wilson para decirle que había sido un alivio escapar del “mundo odiseico de Washington”.

Su respuesta llega poco después: “Quizá sea más bien el mundo de los lestrigones, donde todos son demasiado grandes y están demasiado ocupados ensartándose unos a otros con sus lanzas como para devorarse como peces”.

AAL

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