Las expectativas eran bajas, y se cumplieron. Después de hablar con varias personas dentro y fuera de la Casa Blanca antes de la visita de Donald Trump, no esperaba nada trascendental de la tan esperada cumbre EU-China en Pekín la semana pasada. El objetivo de Estados Unidos era no poner todo patas arriba (apenas se debatió sobre temas sustanciales —incluidos aranceles, barreras no arancelarias o incluso Irán— en las negociaciones antes del evento). Y en ese sentido, puede decirse que la reunión cumplió con las expectativas estadunidenses. Se arriesgó poco, se ganó poco, aparte de las promesas chinas de comprar algo de soya y aviones Boeing.
Sin embargo, las imágenes fueron interesantes. Muchos empresarios estadunidenses sonrientes estaban entre una guardia de honor militar china y los habituales burócratas de Pekín vestidos con trajes negros que representaban el Estado. Era como si intentáramos volver a la ceguera voluntaria de la década de 1990, con China prometiendo abrir sus mercados estratégicos a los intereses empresariales estadunidenses (lo prometió de nuevo la semana pasada), y los directores ejecutivos estadunidenses fingiendo creer que el país cambiará su sistema para competir en igualdad de condiciones con las compañías chinas. Nada de esto sucederá. Ambas partes sólo buscan un respiro para adaptarse al fin del sistema neoliberal y al comienzo de un mundo más multipolar.
¿Qué lado está ganando? La respuesta depende de las publicaciones que se lean y de cómo se interpreten los retos que enfrentan ambos países. Me voy a enfocar más en China aquí, ya que escribimos mucho sobre EU en Swamp Notes. Y me complace tener hoy como corresponsal a mi amigo, el inversionista Jay Pelosky, director de TPW Advisory, un gran optimista de China.
Los periódicos estadunidenses escriben mucho sobre el dominio de China en la fabricación y la protección de los minerales críticos, pero también hay mucha cobertura sobre la carga de la deuda del país, su falta de influencia cultural y la arrogancia y exceso de confianza de Xi Jinping. Financial Times, que por lo regular es más optimista respecto a China y pesimista con la administración Trump, suele ver a Pekín como el claro vencedor en la batalla por las industrias del futuro (en particular las tecnologías limpias y los vehículos eléctricos) y considera la guerra contra Irán como un autogol estadunidense que impulsará aún más a China hacia un futuro con eficiencia en energía, mientras que EU se convierte en un petro-Estado.
Mientras, mi colega Gideon Rachman escribió la semana pasada que China no está dispuesta a ceder en lo referente a Taiwán, y es posible que Trump llegue a dar su aprobación tácita a una posible anexión china al indicar que no defenderá la isla. Siendo sincera, no creo que a la mayoría de los estadunidenses les importe mucho si las cosas se desarrollan de esa manera, por lo que adoptar esa postura no necesariamente va a costarle capital político (aunque las repercusiones para Corea y Japón serán significativas). Y en cierto modo será lo correcto: la verdad es que la Marina estadunidense no tiene la capacidad de ganar una guerra contra China por Taiwán, algo que el propio Pete Hegseth admitió.
China lidera en áreas cruciales. A EU le cuesta admitirlo, pero el gobierno chino también está avivando las llamas del nacionalismo de una manera que puede ser excesiva. Con Trump 2.0, es fácil ver a EU como la fuerza de inestabilidad en el mundo, pero seamos realistas: China también tiene muchos problemas propios. Como escribí en noviembre, el hecho de que el liderazgo purgue a tantos líderes militares y encarcele a más periodistas y activistas que nunca, no habla bien de la verdadera confianza nacional. Además, a China se le sigue viendo como un destino difícil para los ejecutivos de multinacionales (si es que se atreven a ir; muchos temen ser “invitados a tomar el té” por funcionarios, como se suele decir, y no regresar de ese encuentro durante años).
Históricamente, la hegemonía global y la apertura han estado vinculadas. Pero China no es un lugar donde la clase creativa global quiera establecerse. ¿Importa eso? Creo que sí. Jay, supongo que a ti te preocupa menos. ¿Qué opinas de la cumbre y de las verdades y mentiras que ambas partes se cuentan a sí mismas?
Lecturas recomendadas
-Dos excelentes artículos en The Wall Street Journal esta semana. Primero, el columnista Greg Ip expone la “política industrial de todo” de China y sus implicaciones para el resto del mundo. Segundo, la siempre brillante Peggy Noonan nos recuerda el legado del optimismo estadunidense, pero también se pregunta con sensatez si sobrevivirá a los próximos retos al orden político, económico y social.
-Empecé a leer el nuevo libro de Samuel Moyn, Gerontocracia en Estados Unidos: Cómo las personas mayores acaparan poder y riqueza, y qué hacer al respecto, lo que me hace sospechar que veremos surgir a muchos más jóvenes socialistas democráticos por todo el país.
-En Financial Times, no se pierdan mi última columna sobre el futuro del complejo industrial militar estadunidense (pista: no es lo que piensan). Y este extenso artículo sobre por qué las tasas de natalidad están disminuyendo en casi todas partes les hará decirles a sus hijos que dejen los teléfonos y salgan a caminar (¡preferiblemente acompañados!).
Jay Pelosky responde
Gracias, Rana. ¡Me alegra estar de vuelta en Swamp Notes! Como inversionistas y asesores macroeconómicos, creemos que contar con un marco global es fundamental para el éxito. El reto actual es la desinformación, a la que se le suma la sobrecarga de información, de tal manera que la nueva frase de Wall Street es: “La verdad es ventaja”.
Nuestro marco es el Mundo Tripolar (TPW, por Tri Polar World), desarrollado durante los últimos 15 años, que sostiene que la integración regional en Europa, Asia y el continente americano es el camino a seguir para la economía global. Observamos que cada región realiza fuertes inversiones, tanto en fondos públicos como privados, en inteligencia artificial (IA), clima y defensa.
Recién argumentamos que la desafortunada guerra contra Irán fusionó la IA y la defensa a través del desarrollo acelerado de la guerra autónoma asimétrica, lo que permitió a Irán cerrar el estrecho de Ormuz y disuadir a la marina más cara y poderosa de la historia con unos cuantos drones.
El conflicto contra Irán también fusiona el gasto en defensa y energías limpias, a medida que se comprende que la energía eólica, solar, etcétera, son fuentes de energía seguras, que se controla y que no tiene que recorrer miles de kilómetros. Todo esto refuerza lo que Jeff Currie, experto en materias primas de Carlyle, denomina el enfoque “HALO”: activos tangibles (Hard Assets) y operaciones locales (Local Operations), lo que a su vez refuerza nuestro modelo TPW.
También argumentamos que los inversionistas deben centrarse en el superciclo de gasto del TPW, que estimamos en alrededor de 10 billones de dólares este año y que se pronostica que aumente a 16 billones para 2030. Este gasto abarca el TPW: 2.5 billones de dólares en IA, 5 billones en clima y cerca de 2.5 billones en defensa. Estimamos que 50 por ciento de este gasto está relacionado con la inversión de capital.
Este tsunami de gasto sin precedente sustenta un ciclo de crecimiento global a largo plazo que genera el incremento de las ganancias necesario para respaldar la continua apreciación de las acciones globales. Este patrón de gasto también globaliza el repunte de las ganancias, de modo que se pronostica que el crecimiento fuera de EU sea mayor que el del país tanto en 2026 como en 2027, incluso cuando las acciones estadunidenses se vendan con una prima de valoración muy elevada. A su vez, esto respalda el cambio en el liderazgo global de los capitales, que pasa de EU al resto del mundo, liderado por los mercados emergentes. La renta variable de los mercados emergentes ya subió 15 por ciento en lo que va del año, frente a un alza de 8 por ciento para los valores estadunidenses en dólares.
Observamos que EU tiene dificultades para reconocer la realidad debido a su estructura de gobierno debilitada (es decir, la Casa Blanca opera en una burbuja informativa, el despido de inspectores generales por parte de Trump, 60 por ciento de los puestos de embajador sin cubrir), una combinación de políticas económicas desacertadas (aranceles, un crecimiento de 2 por ciento con un déficit presupuestario de 6 por ciento del PIB), una Fed bajo la amenaza de una investigación criminal, medios controlados por la oligarquía, una estructura de defensa expuesta por la guerra contra Irán y una política de energía basada en el petro-Estado (como señaló Rana) cuando el futuro reside en energía limpia, segura y barata.
Consideramos que China es la gran ganadora del conflicto contra Irán: la mejor publicidad posible para la economía de la energía limpia que Pekín domina. La combinación de políticas industriales de China es claramente superior a la naturaleza errática de la formulación de políticas estadunidenses. China está en la mejor posición para aprovechar sus aprendizajes en tecnologías limpias y expandirlos hacia la IA física incorporada, la robótica humanoide y la autonomía: los caminos del futuro.
La velocidad y la escala industrial se combinan para reforzar el liderazgo de China, algo que Washington se resiste a admitir. La conclusión de la cumbre sobre la “estabilidad estratégica constructiva” relega a EU al segundo lugar y permite a Pekín avanzar. China está derrotando la deflación a medida que se recupera del colapso de su mercado inmobiliario, sus exportaciones de alta tecnología continúan creciendo y sus empresas cotizan a aproximadamente 11 veces sus ganancias futuras, con un descuento de más de 50 por ciento respecto a sus pares estadunidenses.
Creemos que la renta variable china es una de las oportunidades de inversión más atractivas para la segunda mitad de este año y hasta 2027. Sus acciones han tenido un rendimiento inferior al del mercado en lo que va del año, están baratas y subrepresentadas. El riesgo de nuevas medidas negativas de Estados Unidos contra la renta variable china parece descartado, mientras que el riesgo de un colapso del mercado de bonos (muy real en EU) parece limitado en China.