Las mejores canciones a menudo se escriben para una persona especial, pero tienen un atractivo masivo. La oferta de Bill Ackman por Universal Music Group, que combina efectivo y acciones —con un precio inicial de 55 mil millones de euros— tiene el problema contrario. Por mucho que el gestor de fondos de inversión activista entusiasme a los demás accionistas, su acuerdo no va a prosperar sin el respaldo de Vincent Bolloré y Vivendi, su grupo de medios, que poseen conjuntamente una participación de 28 por ciento. Ackman dice que la oficina del magnate francés tiene “curiosidad”.
Pershing Square Capital, la empresa de Ackman, que actualmente posee 4.6 por ciento de Universal, ofrece comprar la compañía discográfica más grande del mundo a través de una compañía de propósito especial de adquisición, en un acuerdo que supondría que la firma, hogar de Billie Eilish y Taylor Swift, volviera a cotizar en Nueva York.
Universal cotiza en Ámsterdam desde su escisión de Vivendi en 2021, el grupo de medios controlado por Bolloré. En términos de votación, Pershing necesita dos tercios de los votos para respaldar sus planes, lo que significa que el apoyo de Bolloré es crucial.
La oferta de Ackman parece compleja a primera vista. Implica pagar a los accionistas de Universal 22 euros por acción en efectivo —una prima de 29 por ciento sobre el precio original— hasta un máximo de 9 mil 400 millones de euros (o proporcionalmente si hay demanda adicional), o una combinación que ofrece a los inversionista 5.05 euros por acción, por un total de la misma cantidad en efectivo, más 88 por ciento del capital de la empresa fusionada.
Sin embargo, en esencia, mediante una fusión sin capital propio, lo que el financiero ofrece a los inversionistas de Universal son 2 mil 500 millones de euros de capital nuevo, cortesía de Pershing Square, mil 500 millones en efectivo procedentes de la venta de la participación de Universal en Spotify, más un dividendo especial de 5 mil 400 millones pagado gracias al reapalancamiento de la propia compañía.
Que los inversionistas acepten o no el acuerdo depende de si creen —como el propio Ackman— que la nueva Universal, que vuelve a cotizar en Nueva York y cuenta con una renovación de su consejo de administración, incluido el magnate de la agencia de talentos Michael Ovitz, una “optimización” de su balance y una unidad de relaciones con los inversionistas mejorada, valdrá mucho más que la anterior.
Es muy probable que así sea: Universal sufrió una combinación de subvaloración y bajo endeudamiento. De hecho las acciones subieron 13 por ciento el martes, alcanzando un valor de mercado de 35 mil millones de euros. Además, la iniciativa de Ackman llega en un momento oportuno. Las acciones de Universal tocaron fondo el mes pasado, cayendo casi a la mitad desde su máximo de 2024, después de lo cual los inversionistas empezaron a preocuparse por la amenaza de la música generada por inteligencia artificial.
Por supuesto, los ejecutivos de Universal pueden, en teoría, poner en marcha gran parte del plan de Ackman por sí mismos. El mes pasado lanzaron la primera recompra de acciones de la compañía por hasta 500 millones de euros, aunque descartaron una salida a bolsa en Estados Unidos en el corto plazo. Otros aspectos del acuerdo, como la venta de la participación de Universal en Spotify, seguro no deben estar fuera del alcance de la propia compañía.
También está la pregunta de qué tanto valor, exactamente, puede generar una compañía Universal patrocinada por Ackman. Por ejemplo, la cifra inicial de la oferta de 55 mil millones de euros parte de la base de que la nueva empresa va a operar a 25 veces sus ingresos futuros cuando salga a bolsa en Nueva York, un salto considerable respecto a su múltiplo actual de 18 y las 19 veces de su rival estadunidense más pequeño, Warner Music. Ackman está en la sintonía correcta, pero no logra alcanzar las notas altas.