Cuando Estados Unidos empezó la guerra con Irán, el primer impulso de Merry Renduchintala fue “comprar todo ahora”, antes de que subieran los precios.
“Siento pánico porque crecí siendo muy pobre”, comentó Renduchintala, de 54 años.
Su padre murió cuando ella era joven y dejó a su familia con una montaña de deudas. Ahora, cuando los titulares inducen a la preocupación, Merry, que trabaja en comunicaciones para un banco de alimentos de Connecticut, siente cómo crece la vieja ansiedad en cuanto al dinero.
Estadunidenses estresados por dinero
No es la única. Casi dos tercios de los estadunidenses se sienten estresados por el dinero, y una encuesta realizada en marzo por la Universidad de Michigan reveló que la confianza general de los estadunidenses en sus finanzas personales para el próximo año había descendido diez por ciento, en parte debido a la guerra.
Una forma de calmar la ansiedad financiera es concentrarse en lo que se puede controlar.
Hacer balance de la cuenta bancaria con una “limpieza financiera de primavera” que coincida con la estación de la renovación puede ayudar. Esta revisión de gastos y ahorros ayuda a ajustar el presupuesto (si es necesario) para mantenerse en el buen camino.
Abandonar la mentalidad catastrofista
Empezar por revisar los gastos; los expertos recomiendan dividirlos en artículos de primera necesidad: vivienda, comida, ropa y transporte, así como artículos de segunda.
Las aplicaciones de presupuestos pueden ayudar, aunque la mayoría cobra cuotas de suscripción. La opción gratuita es la clásica hoja de cálculo, funcionan igual de bien.
Faith Strongheart, de 52 años, madre soltera de dos hijos en Los Ángeles, revisó hace poco sus gastos mensuales.
“Había muchas cosas que había estado haciendo por comodidad, como tener suscripciones automáticas en Amazon para artículos del hogar”, aseguró. Una vez que tomó nota de lo que realmente necesitaba y lo que no, recortar gastos fue fácil.
Aunque ajustar su presupuesto en pequeñas cosas la ha ayudado, no ha sido suficiente para cerrar la brecha.
Faith, que lleva casi ocho meses desempleada y trabaja en la industria cinematográfica, liquidó hace poco dos cuentas IRA y los fondos de la universidad de sus hijos para hacer frente a facturas crecientes, como el alquiler y los servicios públicos.
Fue una decisión “devastadora”, reconoció, que se tomó después de haber agotado otras opciones.
Sin embargo, hay alivio en el horizonte, ha conseguido un puesto de supervisora de producción en una nueva película que espera empezar esta semana, y el pago de un pequeño acuerdo judicial le servirá para recuperar sus ahorros. A largo plazo, podría volver a estudiar una nueva carrera.
La volatilidad financiera a menudo incita a temores abrumadores, que pueden perjudicar la toma de decisiones racionales debido a lo que los expertos llaman un “impuesto cognitivo sobre el ancho de banda”.
Es como “tener mil pestañas abiertas en la computadora”, dice Chantel Chapman, experta financiera y autora de The Trauma of Money.
Eso puede llevar a tomar decisiones que al final resultan contraproducentes. Por ejemplo, decidir “vivir para hoy” y gastar por encima de las posibilidades o reducir aportaciones para la jubilación.
Las decisiones reactivas, según Chapman, son “respuestas al estrés” que surgen cuando las emociones de miedo se apoderan de la gente. Recordar que los sentimientos no son hechos es un buen punto de partida.
"Sólo esta pausa puede crear distancia psicológica en el cerebro, y te permite sentirte más tranquilo; este pequeño cambio puede ayudar a tomar decisiones sabias que no estén basadas en pensamientos catastrofistas”, asegura Chapman.
Renduchintala se siente identificada, con tanta incertidumbre en el mundo, sus pensamientos pueden oscilar entre gastar y ahorrar.
“A veces pienso: ‘Tomemos el dinero y vayamos a hacer algo que nos merezcamos’”, confesó.
Pero no se deja llevar por ese impulso, en lugar de eso, hace “pequeños ajustes” en su presupuesto y ahorra más.
Recordar los objetivos financieros
Reevaluar los objetivos financieros —como comprar una casa o ahorrar para la jubilación— también puede ayudar a frenar el pensamiento miope.
Estas revisiones también garantizan mantenerse en el buen camino a medida que cambian las circunstancias y las necesidades.
Las aplicaciones presupuestarias como YNAB y Monarch también pueden ayudar en este sentido: muchas automatizan las transferencias en segundo plano para alcanzar los objetivos más rápidamente.
Los expertos financieros aconsejan ahorrar seis meses de gastos, pero no te desanimes si eso te parece inalcanzable en este momento.
Aunque “sólo puedas destinar unos pocos dólares al mes al ahorro, es importante que sigas haciéndolo”, dice Kate Bulger, vicepresidenta de desarrollo empresarial de Money Management International, una agencia de asesoramiento crediticio sin ánimo de lucro.
Bulger comenta que si has planificado tu presupuesto y recortado gastos; es dar un paso atrás.
“A veces tomarse un descanso de las noticias por cable, o de cualquier otro medio por el que te estés informando, también puede ser algo muy saludable”, señala.
Kate Bulger también recomienda controlar los cambios en tus gastos mensuales. Hacerlo puede ayudar a sentirse más en control, incluso cuando parece que el mundo está en llamas.
“Los aumentos paulatinos a lo largo del tiempo, y en muchas categorías diferentes, pueden ser muy beneficiosos para la gente”, afirma.
Hacer ajustes estratégicos
En tiempos de crisis, los expertos recomiendan reducir el gasto discrecional mediante recortes estratégicos del presupuesto; servicios de streaming y gimnasios, por ejemplo, ofrecen la opción de pausar la suscripción mensual.
"Esto hace que sea mucho más fácil hacer cambios sea necesario ajustar el presupuesto rápidamente", recalcó Bruce McClary, portavoz de la Fundación Nacional para el Asesoramiento Crediticio.
Cody Bortle, de 24 años, profesor de Matemáticas en un instituto de Phoenix, siente el pellizco financiero. Hace poco gastó 60 dólares en gasolina para su auto, frente a los 45 del mes pasado, y aunque complementa sus ingresos con un trabajo de entrenador a campo traviesa, sigue viviendo al día.
Ha podido estirar su presupuesto para víveres con la ayuda del banco de alimentos de su escuela.
“He estado recibiendo paquetes con alimentos enlatados y en cajas, lo que ha sido increíble”, afirmó Bortle.
Con los alimentos básicos cubiertos, sus limitados fondos pueden destinarse ahora a productos frescos. Por ejemplo, el año pasado se trasladó al centro de Phoenix, y pagó 100 dólares más al mes de renta para reducir su trayecto de 45 a diez minutos.
“Me siento más cómodo viviendo en una zona donde estoy más cerca del trabajo, y estoy rodeado de los miembros de mi comunidad y de mis amigos”, señaló.
Bortle comentó que Merry Renduchintala y su familia renuncian a su comida vietnamita favorita de 60 dólares cuando el dinero escasea, pero sólo después de hablarlo juntos. Conseguir la aprobación de todos puede ayudar a evitar resentimientos.
“Tenemos que tener esa conversación por adelantado, para que ellos elijan en qué queremos gastar el dinero”, destacó.
Enfrentar las deudas
Puede que una cita semanal o una compra rutinaria no sean diferentes ahora que hace un año, pero la factura suele serlo. El aumento de los precios, ya sea por la inflación típica, por los aranceles o por estar en guerra, puede tentar a utilizar la tarjeta de crédito más a menudo.
“Oímos hablar de personas que utilizan la tarjeta de crédito para todo tipo de gastos para los que, de otro modo, habrían utilizado dinero en efectivo”, afirmó McClary.
Hacer recortes juiciosos puede ayudar al presupuesto mensual, pero hay algo más en la ecuación. La capacidad de recibir un golpe financiero, así como recuperarse también se consigue reforzando los ahorros y reduciendo las deudas.
Bulger sugiere empezar por las deudas no garantizadas, como las tarjetas de crédito, que suelen conllevar tipos de interés más altos que las deudas garantizadas, como las hipotecas o los préstamos para automóviles.
Pagar la deuda de la tarjeta de crédito puede mejorar rápidamente la puntuación crediticia, y aumentar el acceso a crédito y a los préstamos personales en caso de necesitarlos.
“Eso da a la gente más flexibilidad con su presupuesto en épocas de cambios rápidos”, explica Bulger.
Si hay dificultades para pagar la deuda, se recomienda comunicárselo a los acreedores cuanto antes, compartió McClary, puede que el acreedor permita saltarse uno o dos pagos sin incurrir en recargo por demora mientras se enfrenta el contratiempo financiero.
Según McClary, también está bien pasar temporalmente a los pagos mínimos.
“Haz lo que puedas para proteger tu calificación crediticia y, al mismo tiempo, atender las necesidades”, asegura. También vale la pena vigilar tu puntuación crediticia.
Las agencias de asesoramiento crediticio sin ánimo de lucro, como la Fundación Nacional para el Asesoramiento Crediticio o Money Management International, pueden ponerte en contacto con profesionales financieros que te ayuden a revisar tu presupuesto y a gestionar tus deudas.
Estas organizaciones suelen asociarse con los principales acreedores para reducir tus pagos mensuales o poner fin a los recargos por demora en tus tarjetas de crédito.
Una advertencia: algunas de las medidas que sugieren, como cerrar cuentas, tienden a perjudicar la puntuación crediticia, pero pueden ser un salvavidas si de verdad se encuentran problemas.
Para Bortle, que está trabajando con Money Management International con el fin de resolver una deuda de 18 mil dólares en tarjetas de crédito, ver algún movimiento en este ámbito ha sido “impresionante”.
“Antes tenía la sensación de estar atascado, y hacía pagos mínimos en los que la mayor parte del dinero se iba en intereses, por lo que mi saldo apenas se movía", explicó.
"Era frustrante, y si me saltaba un solo pago, las consecuencias eran abrumadoras. Ahora puedo ver realmente el progreso”, añadió.
KL
