M+.- A los costados de la carretera interestatal de Iowa, Estados Unidos, lucen los campos cultivados de más de cinco hectáreas, extensión de tierra en condiciones para lograr una tecnificación óptima de la agricultura, pero que en México generalmente no se cumple.
Michael (Mike) Graham, líder de investigación y desarrollo de ciencia de cultivos en Bayer, opina que en ello suele encontrarse un factor diferenciador entre un país líder en producción agrícola y cualquier otro en vías de serlo. Su misión es acortar esa brecha con ayuda de la tecnología.
“En México hay muchos campesinos dueños de menos de cinco hectáreas, y debemos ayudarlos”, externó en entrevista para MILENIO.
Más del 40 por ciento de los alimentos consumidos en el país proviene de las parcelas de esos pequeños agricultores, de acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader).
Mientras que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reporta que los productores de pequeña escala aportan alrededor de una tercera parte de los alimentos consumidos en el mundo.
Bayer, interesado en los pequeños agricultores
Trabajo familiar, producción enfocada al autoconsumo y poco acceso a la tecnología caracterizan a este sector de pequeños agricultores que, para Bayer, también representa un nicho de interés comercial.
En este sentido, Graham busca acercar insecticidas, fungicidas, fertilizantes y semillas mejoradas genéticamente a quienes normalmente no cuentan con el amplio abanico de soluciones agrícolas típicas de Estados Unidos o Europa.
Todo ello, acompañado por ciencia de datos con la que Bayer puede ofrecer respuestas hiperpersonalizadas a grandes o pequeños productores.
La idea es aprovechar la información recabada sobre clima y condiciones agrológicas en las últimas dos décadas en distintos puntos del planeta.
Mientras que la finalidad es “alimentar” con esa información a grandes sistemas informáticos capaces de procesar y arrojar determinaciones precisas que, antes, solamente se dejaban al criterio y experiencia de los expertos en agricultura.
“Empezamos esto hace 20 años, y ahora tenemos un nivel de datos increíble con el que podemos tomar miles de decisiones al día con ayuda de la inteligencia artificial”, comentó Graham.
Un linaje dedicado al campo
Este interés, más allá de haber sido ponderado en alguna oficina climatizada con aire acondicionado, surge de la misma biografía de Graham, quien durante más de diez años conoció las precariedades experimentadas por los hombres de campo en Colombia.
“Mi papá era agricultor, y toda su vida la pasó en ver cómo ayudar a esos pequeños agricultores colombianos, y mi hermano y yo siempre íbamos con ellos a trabajar los fines de semana”, platicó.
Con un abuelo también agricultor, Mike pertenece a la tercera generación de la familia dedicada al campo. En 2018 se unió al departamento de ciencia de cultivos de Bayer, en continuidad con su trayectoria pasada en Monsanto, donde tuvo cargos directivos en el área de biotecnología.
Nacido en Australia y con estudios de posgrado en agronomía por la Universidad de Illinois, en Chicago, Mike tiene tez blanca, pero bronceada, resultado de haber asesorado durante décadas a campesinos en las parcelas, bajo los rayos directos del sol, alrededor del mundo.
También platica que estuvo por una temporada en contacto con agricultores de Sinaloa, a quienes considera "los más avanzados de México" en el sentido de tecnologías vanguardistas aplicadas al cultivo de hortalizas.
“Estar en China es como estar en Iowa”
Su visión del campo no es jerárquica, porque no considera que sólo exista un modelo a seguir de producción agrícola; sin embargo, califica de “increíble” el desempeño de Iowa, con grandes extensiones de cultivos respaldadas por la mecanización, el empleo de especies vegetales híbridas y el uso de pesticidas.
“En Estados Unidos, los productores van por el alto rendimiento; en México, buscan mucho soluciones digitales de riego; en Brasil, el campo se desarrolla en fincas, con diferentes tipos de producción; en Argentina, los agricultores, sobre todo, se enfocan en enfrentar un clima difícil; y en Ucrania ya se emplea la tecnología más avanzada en los campos”, comentó Graham.
Ante tantas circunstancias particulares, a Graham le resulta "imposible" elegir al país productor con la mejor estrategia en el mundo; más bien, aquilata el esfuerzo y la creatividad empleadas en cada caso agrícola.
Ejemplo de ello es China que, aunque podría ser criticado por no fomentar la posesión individual de grandes extensiones de tierra ni la tecnificación de los cultivos, todo esto lo compensa con una eficiente organización entre pequeños productores.
Esto lo ha atestiguado Graham durante las visitas constantes durante los últimos 30 años al país asiático, donde Bayer cuenta con el mercado más amplio de mejoramiento de cultivos en Asia.
“Estar en China es como estar en Iowa; la diferencia es que allá todo es sembrado a mano. Además, los productores tienen parcelas pequeñas, pero ellos están asociados para cultivar juntos lo mismo”, explicó.
La agricultura, más importante que ir a la luna
Para Graham, el campo, más allá de ser un negocio, es un legado, una manera de no solamente obtener un ingreso, sino de trascender e impactar a nivel global.
En Bayer, Mike inculca a su equipo de colaboradores la conclusión, muchas veces olvidada en las grandes ciudades, pero en sí misma evidente: sin agricultura, no alcanzaría la comida para toda la humanidad.
Según Graham, ni la política ni la economía per se van a resolver el problema global del hambre, sino únicamente el desarrollo de la actividad agrícola que supera, en relevancia vital, a la conquista del espacio exterior.
“La gente se interesa en saber si ya se lanzó nuevamente un cohete a la luna, pero en realidad lo que hacemos aquí en Bayer es mucho más importante, porque nosotros estamos haciendo y desarrollando los productos que van a alimentar al mundo”, concluyó Graham.
CQ
