Entre estantes de luz artificial y cajas de cartón de una juguetería, una niña descubre una muñeca alejada de los modelos de belleza inalcanzables y perfección inmutable.
Se trata de una Barbie que porta en su brazo un monitor continuo de glucosa, sujeto a la piel como en miles de niñas reales; en su cintura lleva conectada una pequeña bomba de insulina de tonos pastel, mientras su vestuario de lunares azules evoca la simbología internacional de la concientización sobre la diabetes.
No es un accesorio decorativo: es un dispositivo visible que normaliza la enfermedad, la vuelve parte de una realidad en la infancia y transforma el juguete convencional.
“Ver una muñeca que usa una bomba de insulina o un monitor de glucosa puede cambiar por completo la forma en la que una niña entiende su condición. La representación empodera, normaliza y genera pertenencia”, señaló Rafael Álvarez, director de Marketing para la categoría de muñecas en Mattel.
En entrevista con MILENIO, detalló que los juguetes incluyentes dejaron de ser un discurso aspiracional en México y Latinoamérica, para convertirse en un movimiento con impacto emocional, de consciencia social y educativo.
Uno de los casos más emblemáticos es la Barbie con diabetes tipo 1, una edición que está transformando la manera en que las infancias se miran y se narran a sí mismas.
“Los juguetes inclusivos son aquellos que reflejan la diversidad real de las infancias: sus cuerpos, estilos de vida, culturas, capacidades y condiciones de salud”, explicó Álvarez.
“Sabemos que el juego es un espacio de construcción de identidad. Cuando las niñas se ven reflejadas, dejan de sentirse distintas y comienzan a reconocerse”, afirmó el directivo.
Esta visión “no se limita a la comunicación; se integra desde el proceso creativo, donde cada nueva muñeca nace a partir de una investigación profunda y la colaboración con expertos, organizaciones y comunidades reales”.
Para Mattel, dijo, la inclusión no es un accesorio, sino un principio estructural del diseño.
“Los juguetes inclusivos son aquellos que reflejan la diversidad real de las infancias: sus cuerpos, estilos de vida, culturas, capacidades y condiciones de salud”, explicó Rafael Álvarez, director de Marketing para la categoría de muñecas en Mattel.
“No hablamos solo de diseño, hablamos de intención”, subrayó.
Por ello, participan en las conversaciones sobre diversidad y discapacidad, las cuales influyen directamente en la creación de nuevos productos.
“Las conversaciones sociales son una brújula importante para entender qué voces necesitan ser escuchadas y visibilizadas”, afirmó.
Las ediciones de Barbie con discapacidad o condiciones de salud específicas nacen de ese compromiso por "escuchar activamente lo que las familias, niñas, niños, activistas y especialistas han compartido a lo largo del tiempo".
“Hoy tenemos procesos más colaborativos, con equipos multidisciplinarios y asesorías externas, además de incorporar a comunidades en la etapa de desarrollo y prueba”, detalló.
De la investigación al diseño
La autenticidad es una prioridad. “Nuestra intención es que la representación no sea simbólica o superficial, sino funcional y significativa”, dijo Álvarez.
Por eso, la creación de Barbie con diabetes tipo 1 se realizó en colaboración con especialistas médicos y con Breakthrough T1D (integra la colaboración de nefrólogos, cardiólogos, endocrinólogos, pediatras, entre otros, para mejorar la atención de la diabetes).
“Nos ayudaron a entender a fondo los elementos cotidianos de una persona que vive con diabetes tipo 1”, detalló.
“No desarrollamos ninguna muñeca sin consulta directa con quienes conocen la realidad que buscamos representar”, puntualizó.
El resultado se refleja en cada elemento: un monitor continuo de glucosa, una bomba de insulina y detalles simbólicos, como el patrón azul, alusivo a la concientización. Los dispositivos se diseñaron en conjunto con Breakthrough T1D para asegurar “realismo, sensibilidad y exactitud médica”, explicó.
El mismo proceso rige para muñecas con prótesis, vitíligo (enfermedad en la piel que se presenta cuando las células inmunitarias destruyen las células que producen el pigmento de color), en sillas de ruedas, con diferencias corporales o condiciones neurodivergentes.
“Partimos de la premisa de que todos los cuerpos y todas las historias merecen representación”, señaló.
Todo es supervisado por especialistas e integrantes de las comunidades para asegurar que el impacto educativo sea real y no decorativo.
“Cada detalle se valida no sólo con especialistas, sino con las comunidades que viven esas realidades”, añadió.
Representar sin folclorizar
México es un país diverso, y representarlo exige cuidado. “Nos enfocamos en representar desde el respeto, no desde lo decorativo”, afirmó Álvarez.
Para lograr esa precisión recurren a investigadores de cultura, historia y representación visual, además de realizar escucha comunitaria para evitar estereotipos o simplificaciones.
“La investigación cultural es esencial para no caer en la folclorización o en estereotipos simplistas”, explicó.
Los aprendizajes más significativos han venido de las familias. “Recibimos mensajes de niñas que, por primera vez, se ven reflejadas en una muñeca”, relató Álvarez.
En México, la edición con diabetes tipo 1 ha sido especialmente bien recibida en comunidades de pacientes y escuelas, donde ha abierto conversaciones necesarias sobre salud, autocuidado y empatía.
“La respuesta emocional de las familias ha sido el mayor indicador de que estamos haciendo algo correcto”, afirmó.
También han recibido retroalimentación de profesionales: “Pediatras y endocrinólogos nos han expresado que este tipo de representación puede facilitar conversaciones con niñas que viven la condición”.
La compañía no mide el impacto únicamente en términos de ventas. “Buscamos entender no solo si se vende, sino si transforma”, explicó.
Para ello, utilizan estudios de percepción, análisis de conversación social, testimonios cualitativos y alianzas con instituciones educativas y de salud.
“Analizamos testimonios cualitativos, análisis de conversación social y alianzas con instituciones educativas y de salud para medir ese impacto”, precisó.
Equilibrar negocio y propósito
Frente a quienes cuestionan si la inclusión puede ser comercialmente viable, Álvarez respondió: “Creemos que propósito y negocio no están peleados. La inclusión es parte de nuestra estrategia, no un extra”.
“La respuesta del mercado ha demostrado que cuando un producto tiene un propósito claro, también logra un impacto comercial positivo”, afirmó.
El portafolio supera ya las 175 muñecas con diferencias corporales, tonos de piel, condiciones visibles y estilos que buscan romper paradigmas desde el juego.
Las proyecciones para 2026–2027 mantienen la misma línea: “Seguiremos profundizando en diversidad visible e invisible, explorando nuevas condiciones, realidades neurodivergentes y más cuerpos representados. Aún hay muchas historias que merecen ser contadas y jugadas”, destacó.
Para la compañía “cada nueva muñeca es una historia que busca abrir conversaciones donde antes había silencio”.
EHR