Teherán fue tendencia en las últimas horas, no solamente por el tenso ambiente político que se vive en dicha zona, también por el fenómeno natural que ocurrió.
Lo que se vivió ayer en Teherán no fue una tormenta convencional, sino un fenómeno que la ciencia denomina deposición húmeda de hidrocarburos, conocido popularmente como lluvia negra. Aquí te explicamos de qué se trató.
¿Qué le pasó al cielo en Teherán?
Luego de que Estados Unidos bombardeara al país es que comenzó ésta imagen que tiene a las redes sociales conmocionadas por las consecuencias que esto trajo consigo; esto es lo que dice la ciencia del resultado.
Este evento ocurre cuando grandes columnas de humo, cargadas de hollín (osea carbono negro) y partículas de petróleo inquemado -producto de explosiones en refinerías o depósitos de combustible- ascienden a la atmósfera y se mezclan con la humedad de las nubes. El resultado es una precipitación viscosa y oscura que transforma el paisaje urbano en una escena monocromática y tóxica.
A diferencia del agua pura, estas gotas transportan una alta concentración de hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) y metales pesados. Al caer no se evaporan ni corren como el agua normal, por el contrario, se adhieren a las superficies como si fueran un barniz aceitoso.
El efecto visual es devastador, cubriendo edificios y monumentos con una pátina de hollín difícil de remover. Sin embargo, el peligro real es invisible: la inhalación de los aerosoles que se desprenden al impactar contra el suelo puede causar daños severos en el sistema respiratorio y cardiovascular.
Una vez que esta lluvia toca tierra, el daño se extiende al ecosistema. Además el agua negra se filtra en los sistemas de alcantarillado y llega a los acuíferos, comprometiendo el suministro de agua y contaminando suelos agrícolas de forma persistente.
Un fenómeno de conflicto
Históricamente la lluvia negra ha sido un "efecto colateral" de los incendios petroleros a gran escala (como se vio en Kuwait en 1991). Ayer en Teherán dejó de ser un concepto teórico para convertirse en una realidad física que obligó a millones de personas a refugiarse, no solo de los proyectiles, sino del aire mismo que respiraban.
Es la manifestación más tangible de cómo la infraestructura industrial, al ser blanco de ataques, se convierte en un arma química involuntaria contra la misma población civil y el entorno. Por el momento la audiencia se encuentra sumamente indignada por las secuelas que la guerra está dejando a su paso.
This is Teheran this morning - Yes, this morning.
— ScharoMaroof (@ScharoMaroof) March 8, 2026
Thick black clouds are covering the city - oil and ashes are raining down on the streets.
War is hell.
A PH test of the water in Teheran also shows that the water has become acidic- resulting from the oil and ashes leaking… pic.twitter.com/M2LRoDXp6o
KVS