El rescate de Hernán Gil, quien permaneció atrapado durante cinco días bajo los escombros de un edificio colapsado en La Guaira, Venezuela, representó una de las operaciones de ingeniería humanitaria más complejas y dramáticas realizadas por las brigadas internacionales que acudieron a la zona de desastre tras el doble terremoto que azotó a la nación sudamericana.
Efectivos de la Cruz Roja Mexicana que participaron de forma directa en las maniobras revelaron que el éxito del operativo radicó en una coordinación permanente con delegaciones extranjeras, jornadas extenuantes de remoción manual de losas de concreto y el papel protagónico de los binomios caninos especializados en la localización de sobrevivientes.
Marco Antonio Franco, subcoordinador nacional de Socorros y líder del equipo de Búsqueda y Rescate Urbano (USAR, por sus siglas en inglés) de la Cruz Roja Mexicana, detalló que el edificio multifamiliar presentaba un riesgo latente de colapso total.
"Era un rescate sumamente técnico. El edificio estaba muy inestable, seguía moviéndose con las réplicas y también había riesgo de que las construcciones contiguas cayeran sobre nosotros mientras trabajábamos", relató el especialista.
Debido a que el concreto colapsó de manera compacta hacia el interior del inmueble —justo en el sector donde se encontraba atrapado el afectado—, fue inviable el uso de maquinaria pesada o rotomartillos industriales durante gran parte de la jornada, pues las vibraciones podían comprometer el frágil equilibrio de la estructura y sepultar al sobreviviente.
'Jali': El binomio canino que marcó el punto de acceso
Uno de los momentos definitivos de la misión ocurrió apenas unas horas después de que la delegación mexicana tocara suelo venezolano.
Rescatistas de Costa Rica habían establecido contacto acústico preliminar con una persona que respondía a los llamados desde las entrañas del edificio, pero las brigadas requerían precisión milimétrica para determinar el cuadrante más seguro para perforar.
Fue en ese momento cuando entró en acción Jali, una perra de rescate de la Cruz Roja Mexicana conducida por el especialista USAR Gonzalo Granados.
El binomio mexicano trabajó en estrecha colaboración con un homólogo canino de la delegación de Colombia, recorriendo los montículos de escombros hasta que ambos animales marcaron de forma coincidente la misma zona de interés.
- Detección de vida: Granados aclaró que los perros de búsqueda del equipo USAR están entrenados exclusivamente para localizar a personas que continúan respirando, descartando cuerpos sin vida.
- Rastro de exhalación: "Los ejemplares siguen el aroma de la exhalación del cuerpo humano. Van rastreando esas partículas microscópicas en el aire hasta marcar el punto exacto donde la concentración del olor es más densa", detalló el entrenador.
Una viga milagrosa en la caseta de vigilancia
Los rescatistas compartieron además los factores físicos que permitieron que Hernán Gil resistiera 120 horas atrapado sin suministro de agua ni luz.
De acuerdo con las evaluaciones del equipo de ingenieros de la Cruz Roja Mexicana, el edificio sufrió un colapso clasificado como "por volcamiento". Durante el colapso, una de las vigas maestras de la estructura absorbió el peso dinámico de las losas superiores.
Hernán se encontraba realizando su jornada laboral dentro de una pequeña caseta de vigilancia, la cual quedó protegida por esta columna de carga.
El edificio colapsó como un paraguas alrededor de esa viga, evitando que el concreto triturara la caseta y creando un pequeño espacio de aire que le permitió respirar mientras los socorristas abrían el túnel de acceso.
Coordinación internacional las 24 horas
La operación de rescate no se interrumpió en ningún momento gracias a la articulación logística bajo los estándares del Grupo Asesor Internacional de Operaciones de Búsqueda y Rescate (INSARAG), un mecanismo auspiciado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para unificar las herramientas, adiestramientos y turnos de trabajo de las brigadas internacionales en grandes catástrofes.
Las extremas temperaturas y la densa humedad de La Guaira obligaban a realizar relevos constantes para evitar el golpe de calor de los brigadistas. En el caso de los caninos, los perros estuvieron bajo el monitoreo permanente de médicos veterinarios para pautar de forma estricta sus periodos de hidratación y descanso tras cada incursión de búsqueda.
Tras culminar con éxito la extracción de Hernán Gil, la delegación mexicana fue reubicada en otros frentes de desastre en el puerto venezolano.
Mediante el uso de tecnología acústica y técnicas manuales, los especialistas mexicanos lograron rescatar con vida a otras dos personas que yacían atrapadas en diferentes estructuras. Una vez agotadas las esperanzas de vida, los brigadistas apoyaron a las familias locales en la delicada tarea de recuperar los cuerpos de sus seres queridos para permitirles una despedida digna.
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???? #ENENTREVISTA | Rescatistas de la @CruzRoja_MX que participaron en las labores de búsqueda y rescate en #Venezuela, incluida la misión para localizar a #HernanGil, comparten cómo vivieron esta compleja operación humanitaria.#AlexEnMILENIO pic.twitter.com/wcIW2GxNiG
— Alejandro Domínguez (@AlexDominguezB) July 14, 2026