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  • Entre el fujimorismo y la crisis presidencial: ¿qué sigue para Perú tras las elecciones?

Sánchez y Fujimori contendieron por el liderazgo peruano con promesas de cambio y una herencia política | Foto: AFP/Reuters

El noveno mandatario en diez años llegará a la Casa de Pizarro con el reto de enfrentar un Congreso dividido. El investigador Alejandro Boyco cuenta a MILENIO cuál es el panorama para el país.

Perú transita por las huellas de un camino marcado desde la década de los noventas, cuando un colapso de los partidos electorales reestructuró la forma de hacer política y la figura de los outsiders emergió con nombres como el de Alberto Fujimori, quien posteriormente estableció un régimen dictatorial que concluyó hasta noviembre del 2000 y, aún permea en la memoria del país.

El fujimorismo continúa dentro de la política peruana y se reflejó en la primera y segunda vuelta electoral con su hija, Keiko —quien ya ha establecido un camino propio mediante Fuerza Popular—, en una contienda contra Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú.

El resultado de los comicios de abril demoró más de un mes en ser decretado, y se prevé una dilación similar para el balotaje del domingo 7 de junio, con el cual se determinará a su noveno presidente en un periodo de diez años. 

Frente a este contexto, Alejandro Boyco, politólogo e investigador del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), abordó para MILENIO cuál es el panorama en el marco de la proclamación final del escrutinio y qué llevó a Perú a la crisis política en la que se encuentra.

El colapso de los partidos políticos en Perú

La polarización fue una característica que marcó estos comicios. Desde el preconteo del domingo se estableció un empate técnico, el cual fluctuó entre el 48 y el 50 por ciento para cada candidato durante los días posteriores al balotaje.

Sin embargo, esto no es un caso fortuito, ya que la fragmentación política tiene larga data en Perú. Al inicio de la década de los noventas, las cuatro mayores fuerzas políticas —Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), Acción Popular (AP), Partido Popular Cristiano (PPC) e Izquierda Unida (IU)— se vieron rebasadas por nuevos contendientes, sus partidos y coaliciones. 

Tal fue el caso del escritor Mario Vargas Llosa con el Frente Democrático (Fredemo), o su contraparte en las elecciones de 1990, Alberto Fujimori, hijo de migrantes japoneses que ingresó a la contienda, con Cambio 90, como un actor separado de la élite política.

Fujimori y Vargas Llosa fueron contendieron por la presidencia de Perú en 1990
Fujimori y Vargas Llosa fueron contendieron por la presidencia de Perú en 1990 | Foto: Especial

Bajo este contexto, Alejandro Boyco explica que los partidos políticos realmente no son organizaciones representativas que busquen transmitir un programa o ideología en concreto, sino que “son vehículos que surgen y desaparecen tras la elección”.

Por ello, los funcionarios suelen cambiar de bancada con frecuencia, impidiendo la posibilidad de que la ciudadanía tenga marcos de referencia con los cuales pueda ordenar el espectro político a través del tiempo.

La situación se vio reflejada en las papeletas de la primera vuelta en abril, que contenían a los 36 partidos políticos registrados por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), y dentro de los cuales no existían figuras realmente atractivas o conocidas por la población, “en tono positivo, por lo menos”, aclara el investigador.

Esto se suma a que durante el proceso de campaña, ninguno de los presidenciables superó el 10 por ciento de intención de voto. Existía una gran incertidumbre entre el segundo, tercero y cuarto lugar; sin embargo, una figura se mantuvo presente a lo largo de la contienda: Keiko Fujimori.

La líder de Fuerza Popular llegó a los comicios por cuarta ocasión, y nuevamente alcanzó un cupo para el balotaje, como sucedió en 2011, 2016 y 2021.

“Son cuatro procesos electorales presidenciales y en todos ha perdido. Estamos por ver si es que en esta oportunidad obtiene la victoria”, señala el investigador.

Una votación regida por los 'anti'

Alejandro Boyco explica que la polarización actual en Perú responde a un fuerte sentimiento antifujimorista que tiende a dividir al país. No obstante, aunque Keiko no es una funcionaria muy querida, ciudadanos y empresarios terminan apoyándola en segundas vueltas, no por una convicción primigenia, sino porque encarna a la derecha tradicional para quienes ven a la izquierda como una amenaza.

“Los ‘antis’ son muy fuertes: antizquierdismo y antifujimorismo”, remarca el politólogo. No es que la izquierda tenga un partido con una agenda establecida en torno a esta orientación política, sino que, elección tras elección se lanza a un candidato distinto para oponerse al régimen de Fujimori.

Durante los meses previos a los comicios, Rafael López Aliaga, candidato de Renovación Popular y exalcalde de Lima, logró establecer su posición como un posible rival para Keiko, aunque durante su carrera había sido más bien un aliado del fujimorismo. Con políticas similares a las de su rival, Aliaga manifestó una agenda conservadora, vinculada a la 'mano dura' y el uso de las fuerzas policiales para el control del territorio.

“Ha votado a favor de proyectos de ley fujimoristas vinculados a la memoria y al periodo de conflicto armado interno en el gobierno del padre, por lo que era difícil que López Aliaga representara al antifujimorismo en la segunda vuelta”, señala Boyco sobre la razón de que el titular de Renovación Popular no llegara al balotaje.

Fue así como la última semana tres candidatos subieron en las encuestas: Ricardo Belmont, quien fue alcalde de Lima en los noventas; Jorge Nieto, exministro de Defensa durante la presidencia de Pedro Pablo Kuczynski y Roberto Sánchez, congresista y exministro de Comercio Exterior y Turismo en el mandato de Pedro Castillo.

Fue este último, quien —bajo promesas de reivindicar al exmandatario ahora encarcelado por intentar disolver al Congreso en 2022— logró el empuje final para pasar a la segunda vuelta.

Sin embargo, es importante resaltar que a la segunda vuelta pasaron dos candidatos que en conjunto apenas sumaron el 29 por ciento de las papeletas, es decir, casi tres cuartas partes del país no votaron ni por Fujimori ni por Sánchez.

“Fueron unos comicios sin líderes apreciados. Respondió más a miedos y odios que a propuestas y proyectos a favor de un individuo que entusiasme”, argumenta el politólogo.

Lima se debate contra la zona andina

El fujimorismo y su contraparte se han enraizado ya en regiones del Perú. Lima y la zona de los Andes representan lo urbano y lo rural. Mientras la capital del país tiende a ser más económica y políticamente conservadora, la región andina sostiene una postura descentralista que busca el cambio.

“Lima, más que por apoyo entusiasta a Keiko Fujimori, termina respaldando una política de derecha porque a la alternativa la ven como peligrosa”, comenta el investigador del IEP.

Por su parte, Roberto Sánchez pasó al balotaje al recibir el espaldarazo principalmente de dos regiones: el norte del país como en la región de Cajamarca, de donde es originario Pedro Castillo, y el sur, lugar en el que, tras la instauración del gobierno de Dina Boluarte a finales de 2022, las fuerzas del orden reprimieron protestas, provocando un total de 50 muertes, de acuerdo con la Defensoría del Pueblo, y crearon un sentimiento de reivindicación entre los jóvenes.

Miles de jóvenes y personas de otros sectores marcharon en Lima contra el gobierno de Dina Boluarte.
Las movilizaciones de finales del 2022 dejaron al menos 50 víctimas mortales | Foto: Especial

El impacto del fujimorismo en Perú

“La candidata de Lima”, como suelen llamar a Keiko, posee una mayor presencia territorial, identidad y participación fuera de los procesos electorales que cualquier otro contendiente, con apoyo de Fuerza Popular.

“Sin ser un partido fuerte y estructurado o cercano al ideal, esto les ha permitido hacer escuela y formar jóvenes. Tienen sectores de apoyo en la sociedad, militantes fieles que le deben su vida política al partido en muchas regiones del país, y que no están haciendo el transfuguismo que sucede en los otros partidos, al menos en mucha menor medida”.

Keiko Fujimori suele obtener en la primera vuelta los bastiones de la Costa Norte, Piura, La Libertad, Lambayeque y Tumbes; en la selva, Loreto, Ucayali, San Martín e incluso ciudades como Junín.

“Hay una identidad fujimorista fuerte, tanto por lo que constituye ella y su partido, como por el legado del padre, en sitios como Piura, por ejemplo, donde se sintieron representados por el gobierno de Alberto, y esas identidades se han transmitido en familia.
“Obviamente, no son la mayoría. Es un voto duro que algunos calculan sobre el 8 por ciento del país, pero es suficiente para mantener presencia ante el nivel de intención de votos de otros partidos”.

¿Cuáles serán los retos del nuevo presidente frente al Congreso?

Durante los últimos diez años, el Congreso peruano ha incrementado su poder eliminando medidas que lo limitaban, como la reducción del proceso de rendición de cuentas o de la fiscalización horizontal. 

Como se mencionó anteriormente, la fragilidad de las organizaciones políticas promueve que los actores se amolden según la estrategia de votación que requiera el momento o los intereses de su bancada.

En ese sentido, la gobernabilidad del próximo mandatario dependerá de qué tan confrontativo quiere ser, explica el investigador, debido a que el Congreso tiene la posibilidad de decretar vacancia presidencial.

DATO

¿Por qué se declara vacancia presidencial en Perú?

El Artículo 113 constitucional señala que hay cinco razones por las que se puede destituir a un mandatario:

1. Muerte del presidente de la República.

2.Incapacidad moral o física, declarada por el Congreso.

3.Aceptación de su renuncia por el Congreso.

4. Salir del país sin permiso o no regresar a dentro del plazo estipulado.

5. Infracciones como traición a la patria, impedir elecciones, disolver Congreso o el bloqueo de una reunión del Congreso, del Jurado Nacional de Elecciones u otros organismos electorales.


Con las nuevas mociones, sumadas a la bicameralidad —que estipula que el Senado no puede ser disuelto, sólo la Cámara de Diputados—, dejan al próximo mandatario “bajo un panorama de subordinación, en el cual, básicamente el Congreso puede gobernar a través de él”.

Si el titular del Ejecutivo decide confrontar a alguna bancada del Congreso, es posible que se encuentre con una fuerza opositora. Cabe mencionar que si Keiko Fujimori gana, posee una ventaja al tener mayor control del Parlamento, tanto en diputados como senadores.

Sin embargo, necesitaría de alianzas con otros partidos para poder llegar al mínimo de votos requerido para pasar reformas, defender o atacar al gobierno.

“Entonces, en ambos escenarios, tanto Keiko Fujimori como Roberto Sánchez van a tener que hacer mucha maniobra política para poder gobernar con tranquilidad y con relativa autonomía”, concluyó el entrevistado.

MD

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Mina Dander
  • Mina Dander
  • Egresada de Letras Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Periodista en la sección de Internacional. Me gustan las historias: verlas, leerlas, escribirlas y sobre todo, editarlas.
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