El domingo 7 de junio los peruanos concurrirán a las urnas para definir quién ocupará la presidencia por los próximos cinco años. Deberán optar entre la candidata de derecha, Keiko Fujimori, y el centro-izquierdista Roberto Sánchez.
Fujimori llega a esta instancia luego de ganar la primera vuelta con solo 17 por ciento de los votos, seguida por Sánchez, con únicamente 12 por ciento.
El resultado dependerá de qué camino tomen los indecisos y de quienes afirman que invalidarán su voto. Mientras en la capital, Lima, la ventaja de Keiko es considerable, en las zonas rurales esta se revierte en favor de Sánchez.
¿Qué dicen las encuestas?
Las principales encuestas coinciden marcar una ventaja de algo más de dos puntos porcentuales para la candidata de la derecha, margen que es menor al error porcentual, lo cual permite estimar que las últimas 48 horas serán cruciales para definir lo que ocurra finalmente en las urnas.
Según Ipsos la cantidad de indecisos asciende a 15 por ciento del total del padrón, mientras que para CPI este porcentaje es del 13.4 por ciento.
Para esta consultora el total de quienes afirman que votarán en blanco o anularán su papeleta alcanza 25 por ciento, en tanto que para Ipsos esa categoría está en el orden del 21 por ciento. Ambas encuestas tienen un margen de error del 2.8 por ciento, número que es mayor que la diferencia entre los candidatos, por lo cual se considera que el resultado estimado es un empate técnico.
Keiko Fujimori llega por cuarta vez consecutiva a la segunda vuelta electoral, habiendo sido derrotada en todas las anteriores ocasiones. En aquellas elecciones en el balotaje primó el rechazo a su candidatura en parte por la memoria de la dictadura de su padre, Alberto Fujimori, condenado a prisión en 2009 por las masacres de Barrios Altos y La Cantuta.
Según las encuestas, en esta nueva elección no hay una preeminencia de ese sentimiento antiFujimori, ya que los electores manifestaron un rechazo igualitario a cada candidato.
En relación con la distribución territorial, Fujimori aventaja a Sánchez en la región de Lima por 25 puntos porcentuales y esa diferencia se revierte en las zonas rurales, mientras se nota paridad en el resto de las ciudades.
La región conocida como Macrorregión Sur (Arequipa, Moquegua, Tacna, Puno, Cusco, Apurímac y Madre de Dios) es un espacio en disputa que, con 16 por ciento del padrón electoral, tiene comportamientos diversos en cada elección, porque es una de las zonas más abandonadas por el Estado y muy atravesada por el impacto del extractivismo.
Con una importante presencia de distintas comunidades indígenas, el voto de esa población está marcado por demandas específicas.
Considerando los resultados de la primera vuelta, es altamente probable que Fujimori obtenga una amplia ventaja en el voto de peruanos en el extranjero pudiendo lograr cerca de 1.5 por ciento de diferencia entre esos electores, no incluidos en las encuestas.
Las propuestas en debate
El 31 de mayo los candidatos participaron en un debate donde, más allá de exponer sus programas de gobierno, buscaron desgastar la imagen de su contrincante, especialmente basados en las historias que lo preceden.
Fujimori buscó vincular a Sánchez con el expresidente Pedro Castillo y su intento de cerrar el Congreso, mientras que el candidato trajo no solo la historia personal de Keiko como ladera de su padre en los años noventa, sino también como líder de la Asamblea que sistemáticamente promovió la destitución de presidentes constitucionales.
Cabe recordar que Perú ha tenido ocho mandatarios en los últimos 10 años debido al poder de destituirlos que tiene el Congreso.
“Caos se escribe con C de Castillo y ustedes ya gobernaron”, le dijo Fujimori a Sánchez.
Y manteniendo ese eje agregó: “caos es incertidumbre y destrucción de nuestro país”.
Por su parte, Sánchez sostuvo que “hay que acabar con la dictadura congresal que dirige Keiko Fujimori”.
Y, recordando una de las más trágicas historias del gobierno de Fujimori padre, afirmó que “nunca más un gobierno debe caminar por las esterilizaciones masivas” al cuestionar las emprendidas entre 1966 y 2000, de las cuales fueron víctimas 315 mil mujeres.
Ante las principales demandas de la población, la situación económica y la seguridad, las propuestas se diferenciaron claramente.
En materia económica, Fujimori apuesta por atraer rápidamente inversiones extranjeras garantizando impuestos cero durante tres años para nuevas empresas. Su intención es conseguir la confianza del sector privado, lo que permitiría, según su perspectiva ultraliberal, comenzar un proceso de desarrollo. En ese orden propone recortar el gasto público en todas las áreas.
Para Sánchez se debe fortalecer la demanda interna y con ello la justicia distributiva. Propuso elevar el salario mínimo 25 por ciento y destinar créditos baratos a pequeñas empresas. También habló de una “segunda reforma agraria” y combatir la evasión fiscal.
En materia de seguridad, Fujimori profundizó la postura de mano dura buscando consolidar el voto de extrema derecha promoviendo la participación de las fuerzas armadas en el control poblacional interno y expulsión inmediata de extranjeros irregulares.
Para Sánchez, el enfoque debe basarse en la reforma del sistema de justicia, la depuración de la corrupción policial y la creación de la policía de investigaciones. En cuanto a la expulsión de extranjeros que cometan delitos, se debe hacer respetando la ley.
El intento de ambos candidatos por imponer un fuerte sentimiento de oposición hacia el otro fue el centro del debate.
Exacerbar la postura “anti” parece ser la búsqueda de ambos en la recta final para el balotaje del 7 de junio, el cual dependerá de qué temor sea más fuerte en el electorado indeciso.
MD