Con algo más de un mes de demora desde los comicios, el Jurado Nacional de Elecciones de Perú confirmó que la derechista Keiko Fujimori y el centro izquierdista Roberto Sánchez se enfrentarán en la segunda vuelta, el próximo 7 de junio, para definir quién ocupará la presidencia peruana para el próximo quinquenio.
Esa votación definitiva enfrenta dos proyectos de país prácticamente antagónicos. Keiko, candidata por el partido Fuerza Popular, apuesta por reforzar el esquema de economía social de mercado, instaurado en los años noventa bajo la presidencia autoritaria de su padre, Alberto Fujimori. Frente a ella Roberto Sánchez, líder de la alianza Juntos por el Perú, propone una transformación estructural del modelo económico y político vigente.
¿Quiénes son los candidatos?
Nacida en Lima el 25 de mayo de 1975, Keiko Sofía Fujimori Higuchi estuvo en el centro del poder desde su adolescencia. Luego del divorcio de sus padres, signado por denuncias de violencia machista, ella ocupó el rol de primera dama sin haber cumplido aún los 20 años.
Llega por cuarta vez consecutiva a la segunda vuelta electoral, habiendo sido derrotada en las tres oportunidades anteriores. A comienzos del siglo se radicó en Estados Unidos donde estudió administración de empresas. Regresó a Perú luego de casarse y hace 20 años fue elegida congresista. Desde entonces lidera su partido, identificado con el conservadurismo en lo político, las medidas represivas en materia de seguridad y el neoliberalismo en lo económico.
Fujimori ha cumplido condenas bajo el régimen de prisión preventiva durante 2018 y 2020 y actualmente se encuentra sometida a un proceso judicial, en libertad bajo comparecencia con restricciones, por supuesta corrupción vinculada a aportes de campaña de la empresa Odebrecht.
Roberto Helbert Sánchez Palomino nació el 3 de febrero de 1969 y es psicólogo por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha ocupado diferentes cargos tanto en el Congreso como en el poder ejecutivo y desde 2017 preside el partido Juntos por el Perú. En 2021 fue elegido congresista, cuando fue electo presidente Pedro Castillo, quien lo convocó para ocupar el ministerio de Comercio Exterior y Turismo, cargo al que renunció por el intento de autogolpe de Estado del entonces mandatario.
Sánchez ha apoyado a Evo Morales en su intento de volver a presentarse como candidato a presidente de Bolivia, algo que finalmente no prosperó. Actualmente enfrenta una acusación por parte del Ministerio Público del Perú por falsa declaración y falseamiento de aportes partidarios.
Dos programas de gobierno antagónicos
Las diferencias marcadas por los perfiles ideológicos de los candidatos se expresan en los programas de gobierno que han presentado. A las diferencias en materia de seguridad y el modo de enfrentar la crisis institucional que atraviesa Perú desde hace una década, tres son las áreas que presentan mayores disidencias.
En materia económica, Sánchez propone una “nueva economía solidaria, equitativa y participativa”, basada en una mayor intervención estatal, el fortalecimiento de empresas públicas y la renegociación de tratados de libre comercio, ya que sostiene que el actual esquema económico generó desigualdad, precarización laboral y pérdida de soberanía sobre los recursos naturales.
El cambio de la matriz de acumulación económica incluye modificar la Constitución, eliminar privilegios para grandes empresas y fortalecer el control estatal sobre sectores estratégicos como gas, petróleo, agua, energía y puertos. También plantea aplicar impuestos a las ganancias extraordinarias y apoyar a las economías cooperativas, campesinas y pequeñas empresas.
Fujimori propone disciplina fiscal, “shock desregulatorio”, promoción de inversiones y fortalecimiento del sector privado como motor del crecimiento. Como gran parte de la derecha latinoamericana de este tiempo, para ella son principios reguladores el orden macro económico y la estabilidad jurídica. El mercado y los capitales extranjeros serán los motores para generar empleo formal. Su publicitada propuesta de “capitalismo popular” es una nueva versión del modelo neoliberal nacido en los años noventa del siglo XX..
Si bien coinciden en el diagnóstico sobre las pésimas condiciones de vida de la población y el aumento de la inseguridad, Sánchez propone fortalecer el acceso a los derechos sociales, con énfasis en la descentralización, la igualdad de género y la inclusión de comunidades indígenas. Reivindica el estado “plurinacional, pluricultural y multiétnico” y la participación popular.
Por su parte, Fujimori pone el foco en la seguridad ciudadana y el combate al crimen organizado, incorporando tecnologías de vigilancia e inteligencia artificial y la construcción de nuevas cárceles.
Fujimori reivindica valores conservadores vinculados al orden y la familia –con una definida posición en contra de la interrupción voluntaria del embarazo-, mientras Sánchez se define como representante de una izquierda “eco humanista”, antiimperialista y crítica del capitalismo.
Modelos educativos
La educación en Perú atraviesa una gran crisis, similar a la desigualdad social y territorial, y la inestabilidad institucional que impide cualquier desarrollo de cualquier plan de gobierno. El modelo educativo del fujimorismo está basado en la lógica de la empleabilidad y las capacidades individuales de emprender negocios. Así el Estado cumpliría un rol subsidiario respecto de las familias y el mercado.
Para Sánchez, en cambio, se debe propender a una educación pública universal, ampliando el acceso educativo para erradicar la inequidad. Esto requiere una fuerte presencia estatal y un enfoque intercultural. Se revalorizarán las lenguas originarias, se incorporarán contenidos vinculados a la identidad nacional.
Frente a la segunda vuelta electoral se espera que los candidatos se pongan de acuerdo en las condiciones para debatir públicamente sobre sus programas de gobierno. Las primeras encuestas, conocidas hace unas semanas, indican una fuerte paridad entre ambos candidatos.
Claramente se enfrentan posiciones políticas e ideológicas bien diferenciadas, con diagnósticos opuestos sobre la crisis del país. Dos caminos distintos para un país atravesado por la fragmentación política, el malestar social y el desgaste institucional.
LJ