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Nusantara, la nueva metrópoli de Indonesia que se está quedando en promesa

Los residentes todavía tienen que desplazarse durante horas para ir a un centro comercial o al cine.

En un remoto rincón de la isla de Borneo, el lunes, un corredor avanzaba a toda velocidad por el centro de una carretera de seis carriles recién asfaltada. No había tráfico. Cerca, un gigantesco pájaro parecido a un águila, hecho de miles de barras de cobre, estaba posado en una colina.

Este es el corazón de Nusantara, una nueva metrópolis verde que se está construyendo desde cero en una selva de Indonesia.

Así se convirtió en una ciudad fantasma

Pero tres años después, las perspectivas de lo que se anunció como la futura capital de Indonesia no son claras; solo una parte de los funcionarios que se esperaba se mudaran, lo han hecho.

El futuro del suministro de agua está en entredicho. Los residentes todavía tienen que desplazarse durante horas para ir a un centro comercial o al cine. Muchos indonesios la llaman ahora una ciudad fantasma.

Aun así, los turistas visitan regularmente Nusantara y muchos de ellos graban videos para TikTok delante del monumento de 76 metros de altura y casi 183 metros de ancho dedicado a Garuda, el pájaro mítico que es el símbolo nacional de Indonesia. La mayoría llega en coche desde ciudades vecinas de la provincia de Kalimantan Oriental. Otros vuelan al aeropuerto de Balikpapan, a dos horas en automóvil.

En cuanto a los habitantes de la ciudad, muchos son jóvenes que se mudaron de otras partes de Indonesia y se consideran pioneros de una nueva forma de vida urbana.

Fachri Syamdoni Nawik, de 26 años, consultor de datos, se mudó en marzo. “Es genial ser quien hace historia”, aseguró.
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Nusantara se está convirtiendo en una ciudad fantasma

Nusantara pretende ser una “ciudad de 10 minutos”; que cualquiera pueda llegar a su destino a pie, en bicicleta o en transporte público en ese tiempo. Los residentes viajan en autobuses de traslado eléctricos y solo pueden conducir vehículos considerados respetuosos con el medio ambiente. 

Se trata de un concepto revolucionario para los indonesios que crecieron luchando contra la vorágine del tráfico en lugares como Yakarta, la actual capital.

“Nunca había visto una parte de Indonesia como esta”, dijo Adji Pramono, de 48 años, subdirector de alimentos y bebidas del hotel Swissotel de Nusantara.

Adji, que nació y creció en Yakarta, dijo que nunca volvería a trabajar en esa ciudad, donde tenía que levantarse a las 04:00 de la mañana para llegar al trabajo a las 08:00. 

“Es como si me encontrara con personas todos los días y siempre estuvieran enfadadas. El ambiente en Nusantara es distinto”.

Esta reinvención formaba parte de la propuesta de Joko Widodo, cuando era presidente, de trasladar la capital a mil 287 kilómetros de Yakarta, que se está hundiendo en el mar de Java. Nusantara significa “archipiélago” en javanés antiguo y es un guiño a las diversas islas y pueblos de Indonesia.

Pero los críticos dicen que Nusantara, con un costo estimado de unos 30 mil millones de dólares, simboliza la arrogancia de Joko, quien puso en marcha muchos proyectos de infraestructura, incluida una línea de tren de alta velocidad en la isla de Java sumida en deudas.

Su sucesor, Prabowo Subianto, aún no ha visitado Nusantara desde que asumió el cargo el año pasado y ha recortado el presupuesto de desarrollo. Recientemente, pareció poner en duda el futuro de la ciudad, pues dijo que seguiría siendo una “capital política”.

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Funcionarios del gobierno abordan un autobús de cero emisiones para viajar a sus oficinas. (Ulet Ifansasti)

No hay claridad ni entre los residentes

Me alojé en el Swissotel, uno de los dos hoteles de Nusantara y el único de marca internacional. Christian Pesik, el gerente general, dijo que nueve embajadores extranjeros se habían alojado en el hotel recientemente y que estaban estudiando la posibilidad de abrir embajadas.

“La gente que no conoce el proceso de esta ciudad podría cerrar los ojos y decir: ‘Esta va a ser una ciudad fantasma’ —aclaró Christian, de 40 años—. Pero cuando vienen aquí, pueden sentir que la ciudad está creciendo”.

Cuando le pregunté qué hace la gente aquí para divertirse, me contestó: “¡Corremos!”.

El día que llegué, los organizadores estaban terminando una carrera de ruta de 50 kilómetros. Nusantara, conocida como IKN en Indonesia, parece ser la sede por defecto de muchas carreras en la provincia de Kalimantan Oriental.

En parte puesto fronterizo y en parte ciudad universitaria, aún no está claro si Nusantara se convertirá en la metrópolis que Joko imaginó. Las autoridades afirman que su población actual es de unos 155 mil habitantes, pero en la zona que rodea el monumento a Garuda y el nuevo palacio presidencial solo viven 10 mil personas, en su gran mayoría trabajadores de la construcción.

Se prevé que Nusantara cubra casi 2 mil 590 kilómetros cuadrados —aproximadamente el doble del tamaño de Los Ángeles—. Por ahora, la zona está formada principalmente por árboles, predominan los vastos espacios vacíos.

Las opciones de restaurantes y tiendas de comestibles son limitadas, aunque se está construyendo un mercado tradicional. Y a pesar de todo su verdor, hay muy poca sombra, lo que hace que el calor de media tarde sea insoportable.

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Vista aérea de Nusantara, diseñada para ser una "ciudad de 10 minutos" para caminar, andar en bicicleta o usar el transporte público. (Ulet Ifansasti)

La electricidad se suministra mediante una combinación de energía solar y la red eléctrica, pero el objetivo a largo plazo es que la ciudad funcione totalmente con energía limpia.

Putri, una funcionaria de 23 años, se graduó en ingeniería eléctrica el año pasado y se mudó a Nusantara en junio. Dijo que hizo nuevos amigos con facilidad (“¡La mayoría tenemos veintitantos!”) y que nunca se aburre porque puede asistir a festivales de comida y plantar árboles todos los meses. Muchos residentes aseguraron que su calidad de vida era mejor en Nusantara.

Fachri dijo que vivía sin pagar alquiler en un departamento del décimo piso que le proporcionó el gobierno. Tiene una televisión de pantalla plana conectada a Netflix y, por primera vez, aire acondicionado en su dormitorio.

Fuera del departamento había tres contenedores para separar la basura. Describió su alojamiento actual como el lugar más agradable en el que ha vivido nunca. En la planta baja hay un gimnasio, además de espacios para jugar futbol y tenis de mesa.

Nusantara quiere ser “habitable y adorable”, según su centro de visitantes, que estaba prácticamente vacío cuando estuve allí.

Son objetivos ambiciosos, pero los críticos sostienen que la ciudad está perjudicando al medio ambiente. Los conservacionistas afirman que se han destruido miles de hectáreas de manglares, hábitat del mono de nariz larga, una especie amenazada.

La construcción de la autopista de peaje que la conecta con Balikpapan, la ciudad más cercana, ha cortado fuentes de agua cruciales y ha provocado un aumento de las inundaciones allí, informó Mappaselle, jefe del Grupo de Trabajo Costero de Balikpapan, un grupo ecologista. 

Mappaselle, quien utiliza un solo nombre, dijo que las autoridades no habían publicado un informe de evaluación del impacto medioambiental.

Bambang Susantono fue jefe de la Autoridad de la Ciudad Capital de Nusantara hasta que dimitió en 2024. Aseguró que Joko presionó para que gran parte de la construcción se completara antes de dejar el cargo ese año, pero Bambang consideró que acelerar los plazos podría crear problemas. Dijo que era consciente de lo que ocurrió después de que Brasil construyera Brasilia, la nueva capital que ahora está rodeada de barrios marginales.

“Desarrollar una ciudad es desarrollar una comunidad, y no solo las cosas materiales —explicó—, lo contrario tendrás una ciudad sin alma”.
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Un corredor corre por el centro de una carretera de varios carriles junto a una zona de edificios gubernamentales. (Ulet Ifansast).

Un posible problema para la ciudad es el agua. La presa construida en el río Sepaku significa que la ciudad es “segura hasta 2030”, dijo Bambang. Más allá de esa fecha, las autoridades tendrían que construir otra presa o canalizar el agua desde otros ríos.

Un lunes por la tarde, varios turistas posaron para tomarse fotos en los parques. Una era Puput Rianti, de 23 años, que se estaba tomando fotos de boda con su prometido. Viajó desde Penajam, una ciudad a 48 kilómetros de distancia, y dijo que le encantaría vivir aquí. “Queremos sentir el progreso”, confesó.

Por toda la ciudad, las grúas seguían moviéndose. Andrinof Chaniago, ex ministro indonesio de planificación del desarrollo nacional, quien inició su traslado de la capital, dijo que las preocupaciones sobre el destino del proyecto eran infundadas.

“Ya es imposible dar marcha atrás —confirmó—. Cancelarlo solo haría que todo lo que se ha construido se fuera a la basura”.

RM

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